Interna a cielo abierto y sospechas de espionaje: ¿Qué cambió en la relación entre Milei y Villarruel?

La última sesión del Senado desencadenó una escalada de tensiones entre Casa Rosada y Victoria Villarruel, quien instrumentó un férreo control policial y de inteligencia en la Cámara Alta ante el temor de que el Gobierno de Javier Milei la esté espiando a través de la SIDE.

La relación entre Javier Milei y Victoria Villarruel atraviesa su momento más crítico desde el inicio del gobierno, tras la sesión del Senado que terminó con la aprobación de las subas en jubilaciones y otras medidas que el Presidente ya prometió vetar.

La vicepresidenta no solo respondió públicamente a las críticas presidenciales con declaraciones que profundizaron la grieta interna, sino que también parece haber roto definitivamente el vínculo político que los unía.

Mientras Villarruel busca reacomodarse en el Senado y consolidar su propia estructura de poder, su entorno evidencia un creciente temor por la posibilidad de que la Casa Rosada la esté espiando a través de la SIDE.

Este clima de paranoia llevó a la vicepresidenta a implementar un férreo sistema de seguridad e inteligencia en el Palacio del Congreso, que incluso llegó a estorbar el trabajo de legisladores y periodistas en la Cámara Alta.

Un Senado blindado por temores de espionaje

La vicepresidenta instrumentó un control policial y de inteligencia extremo en el Senado, en un contexto de paranoia por la confrontación con Milei y con Santiago Caputo en el eje de las sospechas, ya que el asesor presidencial también es quien coordina la SIDE a través de Sergio Neiffert.

El jefe de Seguridad del Senado, Claudio Gallardo, realiza de manera sistemática operativos de barrido en búsqueda de micrófonos ocultos en el despacho de Villarruel. Al menos una vez por semana, una decena de agentes de inteligencia ingresan a la Cámara Alta con valijas sofisticadas para escanear las oficinas de la Vicepresidenta.

Según confirmó un asesor del Senado, estos operativos se extienden también al anexo y a la dirección de Informática. Un senador aliado confirmó que Villarruel “sospecha que la pueden estar espiando“, motivo por el cual encargó esta tarea a Gallardo, quien se desempeñó en el área de Inteligencia del Ejército durante el mandato de Mauricio Macri.

Esta escalada paranoica comenzó a incomodar a senadores y asesores, quienes ahora deben trabajar en un clima policial inusual para la cámara alta. En la sesión del jueves pasado, el personal de seguridad impidió el ingreso de periodistas y reporteros gráficos al área de prensa hasta que arrancó la sesión, con la instrucción de “habilitar el ingreso solamente si hay quórum“.

El clima de desconfianza se profundizó al punto de que un senador cercano a la vice solicitó a una empresa privada que revisen su despacho en busca de dispositivos de escucha. Varios senadores reconocieron que ya no hablan de temas sensibles en el comedor del Senado, tradicionalmente un espacio reservado para conversaciones políticas.

Además, según una senadora, “los de Seguridad controlan los movimientos de los empleados pero detectamos que, además, se van informando dónde estamos los senadores, si entramos a un despacho o al otro o si recibimos a tal o cual”.

Según comentaron desde un despacho, se implementó además un sistema de ciberpatrullaje y se reforzó el control en las computadoras de todas las oficinas con una doble validación para acceder a ellas.

Un detalle que confirma este nuevo clima policial es el mecanismo de notificación interna por el cual en la pantalla de televisión de cada despacho se puede ver qué senadores se encuentran en el Palacio y quiénes no.

Milei simuló fortaleza tras el revés legislativo y ratificó el veto pese a las tensiones con los gobernadores

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Los próximos pasos del Congreso

En medio de esta tensión, Villarruel planea comunicar esta semana al Poder Ejecutivo la sanción de las leyes aprobadas días atrás por el Senado, que el Presidente ya prometió vetar.

La Cámara alta aguarda que la vicepresidenta firme la aprobación de los proyectos solicitados por los gobernadores, vinculados con cambios en la coparticipación federal del impuesto a los combustibles líquidos y a los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), además del aumento del 7,2% a jubilados y pensionados.

No hay plazos establecidos para la comunicación de las leyes al Poder Ejecutivo Nacional (PEN), pero se anticipa que podría ser este martes cuando Victoria Villarruel firme las sanciones del jueves pasado.

El abogado constitucionalista Diego Armesto explicó que “una vez sancionado el proyecto por el Senado Nacional, el procedimiento indica que debe colocarse el número de ley y comunicarse al Poder Ejecutivo”.

Una vez comunicadas las leyes, el Gobierno tendrá 10 días hábiles para definir si decide vetar, total o parcialmente, las iniciativas o promulgarlas. Si el Ejecutivo decide vetar, el proyecto debe ser remitido a la cámara de origen para que defina qué hacer con la medida.

Ahí los legisladores pueden insistir con la ley. Para superar el veto presidencial, se requiere una mayoría especial de dos tercios de los miembros presentes en cada cámara. En caso contrario, el veto se mantiene y el proyecto no puede ser reconsiderado en las sesiones del mismo año.

Armesto advirtió que “el PEN debe ser muy cuidadoso en encontrar los canales de diálogo que permitan un bloqueo a la ‘insistencia’ en Diputados para dejar firme el veto. El Poder Ejecutivo depende más de la política y, especialmente, del diálogo como herramienta de construcción política”.

La Vicepresidenta dio señales claras sobre su posición durante el fin de semana, cuando posteó en redes sociales una respuesta a las críticas recibidas desde la Casa Rosada: “Si hay equilibrio, entonces asistir a los más desprotegidos no debiera ser tan terrible. El tema es que un jubilado no puede esperar y un discapacitado, menos”.

Lo expresó poco después de que la oposición sancionara el aumento del 7,2% a jubilados y pensionados; incrementara a 110 mil pesos el bono para los ingresos en las jubilaciones mínimas; declarara la Emergencia en Discapacidad; y aprobara los cambios en la coparticipación del impuesto, a pedido de los gobernadores.

Jueves catastrófico para Milei: Uno por uno, cuáles fueron los proyectos que aprobó el Senado

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Enfrentamiento público y pases de factura

El enfrentamiento entre Villarruel y Casa Rosada se volvió público tras la sesión del Senado, con las redes sociales como protagonistas. El conflicto no tiene que ver con el modelo económico, que en mayor o menor medida ambos sectores están de acuerdo.

Por el contrario, responde a una disputa de poder que data desde el inicio del gobierno, cuando se le negó a la vicepresidenta el control sobre el Ministerio de Seguridad y Defensa que le fue prometido durante la campaña, que quedaron en manos de Patricia Bullrich y uno de sus hombres, Luis Petri, respectivamente.

Con idas y vueltas, que incluyeron actos separados y tensiones que el Gobierno intentó mitigar con fotos que mostraban juntos a Milei y quien fuera su compañera de boleta en 2023, el vínculo comenzó a romperse poco a poco.

En los últimos meses, sin embargo, la vice había apostado por limitar sus críticas y mantener el silencio. Esto cambió con la sesión del jueves, cuando validó con su presencia la discusión legislativa pese a que el oficialismo intentaba impulsar la narrativa de que la sesión no era legítima.

En medio de la jornada, Patricia Bullrich le reclamó desde la red social X: “Levántese, Sra. Vicepresidente. No denigre la institución que preside. No sea cómplice del kirchnerismo destructor”, escribió Bullrich en X. Villarruel luego respondió tildándola de “terrorista” por su paso por Montoneros y diciéndole a la Ministra que vuelva a leer la Constitución.

La vicepresidenta le señaló que “la democracia fue denigrada cuando personas que integraron organismos terroristas como en su caso, manejaron durante décadas el destino del país” y después le dijo que “el Senado es la casa de las provincias, así que antes de hacerse la picante repase la Constitución Nacional“.

Villarruel también contestó mediante respuestas en los comentarios de Instagram con críticas a la gestión y al Presidente. Ante un usuario que le consultó si quería romper el equilibrio fiscal, ella respondió:

“Si hay equilibrio fiscal entonces asistir a los más desprotegidos no debería ser tan terrible. El tema es que un jubilado no puede esperar y una discapacitada menos. Que ahorre en viajes y en la SIDE y listo”.

Cuando le pidieron que “siga un alineamiento político para sacar Argentina adelante”, ella replicó que “cuando el Presidente decida comportarse adultamente” podrá “saber cuales son sus políticas, dado que no habla“.

También se enojó cuando le señalaron que coqueteaba con la casta, destacando que ella usa “avión de línea” para viajar y que no usa aviones del Estado, “esos solo los usa Milei y su hermana“, en un nuevo reproche a los hermanos.

Poco después fue el Presidente quien tildó de “traidora” a Victoria Villarruel durante su discurso en la Bolsa de Comercio: “Lo hicimos con 15% de la Cámara de Diputados, siete senadores, una traidora, pero con el mejor Jefe de Gabinete de la historia que es Guillermo Francos“.

Después de lo sucedido en la Bolsa de Comercio, Milei continuó respondiendo mediante retuits. “Además de traidora, una DEMAGOGA y BRUTA en términos económicos”, escribió sobre Villarruel Santiago Oría, director de Realizaciones Audiovisuales de la Presidencia, en un mensaje que republicó el Presidente.

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Villarruel busca reacomodarse en el Senado

Ya lejos del entorno presidencial, Victoria Villarruel avanza en la consolidación de un esquema de poder propio desde el Senado. En los últimos meses, firmó una serie de decretos que reconfiguraron el organigrama de la Cámara alta y reforzaron su núcleo de confianza, integrado en su mayoría por figuras con pasado militar.

En el centro del nuevo armado aparecen tres nombres clave. Mario Norberto Russo, consultor político que ha sido parte de la campaña de Javier Milei, fue designado en mayo como director general del cuerpo de asesores, tras la salida de su exvocero, Gaspar Bosch. Su llegada tuvo como objetivo reorganizar la estrategia política de la vicepresidenta.

Claudio Gallardo, militar retirado del Ejército con antecedentes en áreas de inteligencia y vínculos con el entorno de César Milani, fue nombrado director general de Seguridad del Senado. La tercera pata es Juan Manuel Gestoso Presas, exteniente coronel que se desempeña como subdirector de Auditoría y Control de Gestión.

Durante la última dictadura militar, Gestoso Presas fue jefe de la Compañía de Inteligencia 5 y estuvo procesado por la destrucción de registros hospitalarios en Salta vinculados a causas por apropiación de menores. En 2014 fue sobreseído por la Justicia, que declaró prescripta la causa.

También integran el entorno de Villarruel otros referentes con pasado o vínculos familiares con el ámbito militar. Marcelo Cinto Courtaux, actual director general de Relaciones Parlamentarias del Senado, es hijo del exmilitar homónimo condenado por delitos de lesa humanidad. Courtaux fue asesor de Villarruel durante su paso por la Cámara de Diputados.

En mayo, Villarruel designó al empresario cordobés Emilio Viramonte Olmos como secretario administrativo del Senado, en reemplazo de María Laura Izzo. Su paso fue breve: renunció pocas semanas después por falta de margen de acción, al no poder designar a su equipo.

El cargo continúa vacante y las funciones administrativas están bajo la órbita de Francisco Funes, director general de administración y defensor activo de Villarruel en redes sociales. Algo llamativo es que Juan Martín Donato, exdirector de la Oficina de Atención Ciudadana y referente del grupo juvenil que la acompañó en la campaña fue apartado de su cargo.

Según Emilia Delfino, autora de “La Generala” (una biografía de la vice), “el asesor de Villarruel, Pato Russo, que fue armador de Milei en 2021 y que la eligió para la formula en 2023, está convencido de que Milei no termina el mandato. Por eso su estrategia no es renunciar, sino esperar ese desgaste”.

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