Javier Milei no supo responder cómo mejorar la situación de los argentinos que sufren el ajuste fiscal y la crisis económica en su primera entrevista desde que volvió de Washington, pero en el gobierno ya tienen claro que profundizarán el ajuste después de las elecciones.
En su primera entrevista tras regresar de Washington, Javier Milei no pudo responder qué políticas implementará para aliviar la situación de la cada vez más castigada clase media argentina, mientras los datos fiscales revelan que el gobierno prepara un ajuste de más de 10 billones de pesos para después de las elecciones del 26 de octubre.
Además, el mandatario insistió en reinterpretar las palabras de Donald Trump sobre la condicionalidad electoral del apoyo estadounidense y a defender a José Luis Espert pese a sus vínculos con el narcotraficante Fred Machado, que lo forzaron a declinar su candidatura.
Lo cierto es que aunque insiste en que la economía mejorará “cuando se despeje el riesgo político”, los números del presupuesto 2026 y la caída de la recaudación anticipan un recorte drástico en el gasto no indexado que afectará especialmente a salarios públicos, subsidios, obras públicas y transferencias a las provincias.
Milei, sin plan para el bolsillo de los argentinos
Cuando el entrevistador le consultó en dos oportunidades qué plan tenía para las personas que no llegan a fin de mes, Milei no pudo dar una respuesta concreta. De hecho, se mostró molesto ante la pregunta e intentó eludirla apelando a su retórica habitual:
“¿Quiere que emita? ¿Cómo el kirchnerismo? Va a tener menos, porque cuanto genere inflación, genere distorsión de precios relativos, el nivel de actividad va a ser más bajo. El remedio es peor que la enfermedad”.
Su única propuesta fue apostar a una mejora futura condicionada al resultado electoral: “En la medida que se despegue el riesgo político, va a bajar el riesgo país y va a producir una fuerte expansión de la economía“, afirmó, sin hablar de políticas concretas para aliviar la situación de los argentinos.
Por otro lado, una vez más aseguró que los beneficios de su programa tardarían varias décadas en llegar. “Si seguimos en esta línea, en 40 años podemos ser el país con mayores ingresos del mundo”, aseguró, aunque insistió en que impulsará una reforma laboral, tributaria y fiscal (que había intentado impulsar en la Ley Bases).
“Lo malo se termina cuando pase la elección. Todos sabemos que hace falta una reforma laboral, tributaria y fiscal”, explicó.
El gobierno de EEUU volvió a intervenir la economía argentina, pero no logró contener el valor del dólar
El gobierno insiste en reinterpretar los dichos de Trump
Parte de la entrevista se centró en el intento de Milei por reinterpretar las declaraciones de Trump, quien había condicionado explícitamente la ayuda financiera al triunfo del oficialismo en las elecciones. “Si Milei pierde las elecciones, no seremos generosos con Argentina“, había dicho el mandatario estadounidense.
Ante la pregunta directa sobre esta condicionalidad, Milei respondió: “No es cierto eso, el apoyo es por lo menos hasta el 2027“. Cuando Feinmann le recordó que Trump había confirmado en su red social Truth que estaba hablando de las elecciones de medio término, el presidente argentino aseguró: “Eso es un plus adicional, como diciéndole a los argentinos ‘vayan por este lado’“.
“Él manifiesta un apoyo a mí. Mientras yo sea presidente, el apoyo lo tenemos. Cualquiera que vio la reunión completa, no le puede caber dudas. Acá al status quo quiere que a la Argentina le vaya mal”, opinó Milei, culpando a los medios de hacer “un recorte malicioso” de las declaraciones del mandatario republicano.
El presidente también contradijo al secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien había revelado que Milei se comprometió a “deshacerse” de China. Cuando se le consultó si se lo habían pedido desde Estados Unidos, Milei respondió: “No es cierto, no nos exigieron nada“.
Sobre lo que Argentina entregó a cambio del salvataje, Milei fue vago: dijo que es parte “una cuestión de geopolítica“, en la que Estados Unidos “considera que el mayor aliado en Latinoamérica es Argentina”. Según su visión, Trump vino a “ordenar” el mundo.
Lo insólito es que cuando el periodista le preguntó “qué pone cada parte” en el acuerdo y le pidió que responda claramente qué debería entregar Argentina a cambio del salvataje, el presidente lo acusó de pensar en “términos marxistas”.
“No creo que Espert tenga vínculos narcos”
Otro tema de la entrevista fue la situación del diputado y excandidato José Luis Espert, quien no solo debió declinar su candidatura, sino que además fue imputado y su domicilio fue allanado en el marco de una causa por lavado de dinero.
Tras negarse a comentar al respecto, el economista tuvo que reconocer que había recibido dinero del narcotraficante. Además, se comprobó que Machado le había prestado su avión privado y otros vehículos en el marco de su campaña presidencial de 2019.
Pese a esto, Milei negó que el legislador tuviera vínculos con el narcotráfico. “No creo que Espert tenga vínculos narcos. Eso fue parte de una campaña sucia. Entiendo que él no respondió de una manera incorrecta”, sostuvo el presidente.
“Se corrió, se tomó un paso al costado. Listo, ya está“, aseguró, como si eso despejara las incógnitas sobre su situación. “¿A mí que me importa mirar para atrás? Yo necesito ir para adelante y ahora, digamos, con Diego Santilli y Karen Reichardt estamos haciendo todo lo posible para recortar toda la distancia que tenemos”, expresó.
“¿Qué quiere? ¿Qué me ponga a llorar?”, acotó. Con sus dichos, reconoció implícitamente que el oficialismo corre de atrás en las encuestas en territorio bonaerense, pero también pareció interpretar que el escándalo de Espert es una mera cuestión electoral, sin dimensionar sus ramificaciones judiciales y éticas.
Hacia el final de la entrevista, Milei se mostró cada vez más nervioso, trabándose en varias oportunidades y repitiendo frases inconexas. Cargó contra la oposición: “Fíjese la robustez del programa: hace dos meses somos atacados y aun así la inflación bajó” y aseguró que “nunca pasó algo así en la historia del Congreso, tan agresiva”.
La inflación de septiembre fue del 2,1% y alcanzó su valor más alto desde abril
El feroz ajuste que se viene después de las elecciones
Aunque Milei evadió responder sobre medidas concretas para aliviar la situación social, los números fiscales revelan que el gobierno tiene preparado un ajuste para la última parte del año. La recaudación del Estado se está desplomando entre 15% y 20% interanual (las retenciones cayeron 40% y el Impuesto País se achicó 35%).
La caída de la recaudación alcanza al 1,5% del PBI, apenas 0,3% menos que el superávit alcanzado en 2024. Para sostener la meta fiscal acordada con el FMI, el gobierno deberá ajustar por lo menos 2 puntos del PBI en gasto primario no indexado, lo que equivale a más de 10 billones de pesos.
Como buena parte del gasto público está indexada por ley (jubilaciones mínimas, deuda, asignaciones y prestaciones sociales), todo el ajuste deberá concentrarse en el gasto no indexado: salarios públicos, subsidios, obras públicas y transferencias a las provincias.
De hecho, el ajuste ya empezó. Un gobernador del norte que había logrado que Nación le pague dos tramos del asfaltado de una ruta productiva crítica, reconoció que “los pago se frenaron”. El déficit operativo de empresas públicas se escaló un 26,7%, los bienes y servicios cayeron 4,9% en términos reales, y los otros gastos se ajustaron un 5,4%.
El gobierno aumentó los giros a Cammesa hasta niveles inusuales: 652 millones de dólares en julio y 491 millones en agosto, muy por encima del promedio del primer semestre. Esto permitió contener el traslado a tarifas de la devaluación acumulada del dólar, que se acerca al 40% desde el 11 de abril.
“La devaluación acumulada desde el 11 de abril que se paso al esquema de flotación se acerca al 40%. De no haber mediado el aumento de subsidios, la suba del tipo de cambio se traslada en un 90% a la factura. Ese salto fue contenido, pero ya no alcanzan los fondos para seguir sosteniéndolo. Sobre ese aumento escondido, se va a montar una eventual devaluación post electoral. El impacto puede ser altísimo”, advirtió un ex funcionario de Energía.
El proyecto de Presupuesto 2026 confirma esta lógica: mientras las partidas indexadas muestran una variación real positiva, el resto del gasto se prepara para una caída mucho más profunda. Esto anticipa tensiones con los gobernadores aliados que se acercaron al gobierno con la expectativa de recibir fondos.
