Menos del 20% de los argentinos apoya la apertura irrestricta de la economía que propone el gobierno de Javier Milei, mientras que el 80% restante prefiere algún grado de proteccionismo que permita proteger a la industria nacional.
Una serie de relevamientos de distintas consultoras realizados durante febrero dibujaron un panorama de creciente distancia entre la sociedad argentina y el gobierno de Javier Milei.
Los datos no solo registraron una caída en los niveles de aprobación de la gestión, sino que también pusieron en evidencia una falta de afinidad con el proyecto político libertario en materia económica.
Alrededor del 80% de los encuestados se mostró más a gusto con algún nivel de proteccionismo que permita defender a la industria nacional frente a la apertura irrestricta que propone el oficialismo.
Vale aclarar que los relevamientos se realizaron días antes de que la empresa FATE anunciara el cierre de su fábrica, dejando a 920 trabajadores sin empleo, pero en un contexto ya marcado por el cierre de miles de pequeñas y medianas empresas en todo el país.
La sociedad quiere más Estado del que ofrece Milei
La consultora Synopsis, que dirige Lucas Romero, realizó entre el 5 y el 10 de febrero una encuesta a 2.355 personas en todo el país con el objetivo de medir la opinión de la ciudadanía sobre cuál debería ser el rol del Estado en la economía. Los resultados mostraron una marcada distancia entre las posiciones del oficialismo y las preferencias de la sociedad.
El relevamiento analizó cinco dimensiones del desarrollo económico: creación de empleo, inversión en infraestructura productiva, impulso de la actividad, planificación del desarrollo productivo y protección de la industria nacional.
En la mayoría de esos planos, la encuesta registró una preferencia mayoritaria por un Estado activo, especialmente en lo que respecta a la inversión en infraestructura y la planificación productiva.
El punto donde el Estado aparece con menor protagonismo esperado es en la creación de empleo, donde apenas el 25% considera que debe tener el rol principal. Sin embargo, incluso en esa dimensión, la mayoría no adhiere a una lógica de mercado puro.
Donde el contraste con el discurso oficial resulta más contundente es en la cuestión del proteccionismo industrial. Solo el 19% de los encuestados respondió que hay que abrir la economía sin contemplar ningún tipo de protección al tejido industrial nacional, la postura que más se acerca a la línea del gobierno libertario.
En el otro extremo, un 39,8% se inclinó por algún nivel de protección total o parcial a la industria local. En el medio, un 40% optó por buscar un equilibrio entre apertura e industria nacional. Entre estas dos últimas posiciones se concentró cerca del 80% de las respuestas.

“La idea de un desarrollo económico dejado totalmente en manos del mercado no aparece con consenso social, y ello es un problema para Milei ya que toda su narrativa orbita en ese sentido“, señaló Romero en el informe de la consultora.
El analista también advirtió que “las posiciones en materia de desarrollo económico de Javier Milei y del oficialismo parecen ser minoritarias en la opinión pública“, y se preguntó si, luego de la etapa de estabilización, no emergería desde la sociedad un reclamo de un rol más activo del Estado en esos planos.
Al cruzar los datos con el prisma político ideológico, el informe detectó un contraste marcado entre votantes de La Libertad Avanza y los de Fuerza Patria. También reveló un dato llamativo: quienes votan por terceras vías, como Provincias Unidas, se mostraron más cercanos a las posiciones de Fuerza Patria que a las del oficialismo en estas materias.
El mismo informe de Synopsis registró, en paralelo, una caída en la aprobación de la gestión desde diciembre: el respaldo pasó del 40,3% al 38,5%, mientras la desaprobación bajó del 56,8% al 54%.
En términos de imagen del presidente, la positiva retrocedió de 48,3% a 46,8% y la negativa trepó de 49,5% a 51,7%. El porcentaje de quienes califican el desempeño del Gobierno como “muy bueno” cayó casi 13 puntos, de 30,6% en diciembre a 17,8% en febrero.
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La Torcuato Di Tella confirma seis meses de erosión
El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora mensualmente la Universidad Torcuato Di Tella ubicó al indicador en 2,38 puntos en febrero, sobre una escala de 0 a 5. Eso representa una baja del 0,6% respecto a enero y un retroceso interanual del 6,8% frente a febrero de 2025, consolidando una tendencia de leve pero persistente deterioro.
El promedio del ICG durante la gestión de Milei se ubica en 2,44 puntos, con un mínimo histórico de 1,94 y un máximo de 2,86. El dato de febrero no rompe ese rango, pero confirma una trayectoria de la tendencia negativa en los últimos meses.
El desglose por componentes mostró un panorama heterogéneo. Dos subíndices mejoraron: la Honestidad subió un 2,6% y se ubicó en 2,76 puntos (posiblemente por la menor cobertura de los escándalos de corrupción del gobierno), mientras que la Eficiencia en la administración del gasto público ganó un 2,7% y llegó a 2,29 puntos.
Sin embargo, tres dimensiones clave retrocedieron. La Capacidad para resolver los problemas del país cayó un 4,9% y quedó en 2,70 puntos, la Evaluación general del Gobierno bajó un 1,8% hasta 2,18 puntos, y la Preocupación por el interés general retrocedió un 1% hasta 1,99 puntos.
Los datos también exponen diferencias según variables sociodemográficas. En términos de género, la confianza entre los hombres alcanzó 2,62 puntos (con una suba del 4%), mientras que entre las mujeres se ubicó en 2,11, con una caída del 7%, lo que amplió la brecha a 0,51 puntos.
Por franja etaria, el segmento de 18 a 29 años concentra el mayor respaldo, con 2,99 puntos y una variación positiva del 10,7%. Los grupos de 30 a 49 años y los mayores de 50 registraron leves caídas, ubicándose en 2,13 y 2,47 puntos, respectivamente.
En cuanto al nivel educativo, quienes completaron el secundario mostraron el índice más alto (2,56 puntos), superando a los universitarios (2,41), mientras que quienes tienen estudios primarios registraron el nivel más bajo: 1,56 puntos.
Un dato relevante que emerge del informe es el peso determinante de las expectativas económicas sobre el nivel de confianza. Entre quienes creen que la situación económica mejorará en el próximo año, el ICG llega a 4,30 puntos.
En cambio, entre quienes anticipan un empeoramiento, el indicador se desploma a 0,43 puntos. La percepción sobre el rumbo de la economía, más que cualquier otro factor, aparece como el principal sostén o erosionador del apoyo al gobierno libertario.

Cuando el bolsillo aprieta, la imagen de Javier Milei cae
Más allá de Synopsis y la Di Tella, otras consultoras también midieron en febrero el estado de ánimo social respecto al gobierno y todas apuntan en una dirección similar: la situación económica personal empieza a erosionar la paciencia ciudadana.
La consultora Opinaia registró una caída de cuatro puntos en la aprobación entre enero y febrero, que pasó del 54% al 50%, mientras la desaprobación subió de igual manera, del 46% al 50%. El 56% de los encuestados por esa consultora evaluó negativamente la situación económica actual del país, solo el 15% tuvo una lectura positiva y el 29% la calificó de regular.
Hugo Haime & Asociados midió una reducción aún más pronunciada: el respaldo al gobierno cayó cinco puntos, del 46% al 41%, y el desacuerdo creció seis, del 51% al 57%, desde diciembre.
Proyección Consultores aportó otro dato contundente: el 70,7% de los encuestados consideró que su situación económica familiar se mantuvo igual de mal o empeoró, siete puntos más que en diciembre, cuando ese porcentaje era del 63,7%.
CB Global Data, por su parte, midió que la imagen muy mala de Milei alcanzó el 40,8%, mientras el “muy bueno” se sostuvo en un 26,1%, aunque con tendencia a la baja. Los directores de estas consultoras coincidieron en que el motor del deterioro es económico, y más precisamente la combinación entre inflación que no cede y salarios que no se recuperan.
La preocupación por la inflación se duplicó en cuatro meses según Synopsis: pasó del 7,4% en octubre al 15,9% en febrero, aunque aún está lejos del pico del 65,2% registrado en febrero de 2024. El índice de inflación de febrero fue del 2,9% y lleva ocho meses acumulando subas.
“La reducción de la inflación era la medida más importante que el oficialismo ofrecía a la sociedad”, explicó Romero. “La gente quería que bajara la inflación porque tenía una preocupación por el ingreso, la calidad de vida, el poder adquisitivo. Si la inflación baja pero los salarios no se recuperan, la caída de la inflación no es una solución”, agregó.
Los salarios bajos encabezaron el ranking de preocupaciones económicas con un 44,8% de menciones, seguidos por la falta de empleo y la inflación.
Hugo Haime señaló que la apertura de importaciones, con el consecuente cierre de fábricas y aumento del desempleo, “golpearon” al gobierno este mes. Cristian Buttié, de CB Global Data, describió la situación como “una base de apatía que puede ir creciendo a medida que su bolsillo no se recupere”.
Con todo, varios analistas subrayaron que la ausencia de una oposición articulada opera como un amortiguador para el oficialismo. El campo opositor atraviesa divisiones que el propio Milei alimenta.
“Milei alimenta esa fractura: ‘Si no simpatizan conmigo, que estén espantados con el de enfrente'”, describió Romero. En ese esquema, mientras el peronismo sea la principal alternativa, parte de quienes ya no se identifican con el oficialismo podrían mantener su aprobación por descarte.
Otro factor que modera la caída es la imputación de responsabilidades: el 53% de los encuestados por Opinaia atribuye “la culpa de la crisis económica” a la gestión de Alberto Fernández, el 27% a Milei y el 18% a Mauricio Macri.
“El Gobierno es visto como un agente que trata de resolver los problemas, no que los genera”, explicó Juan Mayol, de Opinaia. Esa percepción explica, según Manuel Zunino de Proyección, por qué una parte de la sociedad mantiene la paciencia y acepta el sacrificio, al menos por ahora.