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jueves, enero 26, 2023

Declararon tres víctimas y un ex conscripto

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Este jueves 15 de septiembre se llevó adelante la 29° audiencia en el juicio por delitos de lesa humanidad de Bahía Blanca conocido como Megacausa Zona 5.  En este caso, el Tribunal Oral compuesto por los jueces Ernesto Pedro Sebastián, Sebastián Luis Foglia y Marcos Aguerrido, escuchó las declaraciones de tres víctimas y un ex conscripto.

Cabe recordar que el presente proceso judicial tiene a 333 personas como víctimas y 37 imputados por los delitos de secuestros, torturas, violaciones, desapariciones, homicidios y robo de bebes.

Tiro al blanco con los soldados

El primero en declarar fue José Luis Pichi, un ex conscripto que realizó el servicio militar obligatorio en el año 1976, en el Batallón de Comunicaciones 181 de Bahía Blanca, según relató.

En el año 2018, y ante la fiscalía de Derechos Humanos, el testigo había realizado una detallada y minuciosa declaración. Sin embargo, en esta oportunidad, llamativamente manifestó no recordar absolutamente nada, salvo algunos pequeños detalles, ante la insistencia de quienes le preguntaron.

Pichi dio cuenta de los operativos de ruta realizados por su compañía, denominada «La Voladora”. Aunque se limitó a repetir su declaración anterior en mucho menos detalle sobre otros dos operativos ante la repregunta de la fiscalía. Uno de ellos, cerca de calles Alem y Aguado, y otro en las primeras cuadras de la calle Fitz Roy.

Al ser consultado si durante el cumplimiento del servicio militar había sido herido, describió que en una prueba de tiro una de las balas rebotó en una piedra y le atravesó la pierna, una memoria de la que ya había hablado en su declaración anterior. Durante estas pruebas, los oficiales disparaban al piso y alrededor de los soldados mientras ellos debían permanecer quietos para evaluar la reacción de cada conscripto. 

«En una práctica de tiro nos pusieron parados a 5 o 6 con las piernas abiertas y nos tiraban tiros al lado de las piernas, y una bala se desvió y me pegó en la pierna y paso de largo», recordó. «Me agujereó la pierna», afirmó, al tiempo que agregó: «Eso lo hacían los oficiales y el que tiró esa vez fue el subteniente Stel, por eso siempre me acuerdo de él”.

Debido a esta herida, estuvo tres o cuatro días en el Hospital de Evacuaciones. Enrique Stel, quien fue sindicado como el autor del disparo hacia el conscripto, está siendo juzgado en este debate.

Disimular el Miedo

En segundo término, declaró Jorge Pablo Escudero quien fue víctima de un secuestro el 13 de septiembre de 1976 junto a otros dos amigos en pleno centro de Bahía Blanca. Escudero, de 23 años, y sus amigos fueron subidos a autos Ford Falcon por personas vestidas de civil armadas.

Luego de pasar por la sede de la DDI de Pueyrredón 30, los llevan al Regimiento, introduciéndolos por la entrada de calle Florida. «De ahí nos llevaron a los tres a un salón grande en un primer piso, donde practicaba la banda del ejército», recordó.

En ese lugar había entre 15 y 20 personas secuestradas, quienes “eran todas personas mayores, de 60 por ahí… Y la mayoría, por no decir todos, de apellido judío», explicó. Además, señaló que «muchos los habían traído de los campos de la zona”.

Allí lo tuvieron alojado 10 días, hasta que una noche lo sacaron a punta de pistola, vendado y maniatado con alambre. Al respecto, relató con la voz quebrada que «me llevaron a un lugar cercano al ejército, que luego me enteré que era La Escuelita, y ahí estuve 15 días, donde pasé días muy difíciles”.

También recordó que en La Escuelita estuvo todo el tiempo vendado y esposado a una cama. Al momento de su liberación, lo dejaron a la vuelta de su casa “con algunos consejos, como que me olvidara de la carrera, que si había tenido algo que ver con algo me dejara de joder y que me ponga a laburar«.

Entre las personas que reconoció en su primer lugar de secuestro estuvo la Familia Griskan, personas de apellido Najt, Schventzel, entre otros. Por otro lado, Escudero describió el Centro Clandestino como una casa vieja, con piso de madera y varias habitaciones.

Había más personas en su misma condición, destacó que escucho gritos de mujer que “gritaba para evitar un abuso”, según explicó. También recordó al personal médico en el Centro Clandestino.

Según relató, la víctima nunca más pudo retomar la carrera universitaria, de la cual solo le faltaban cuatro materias, por miedo a que lo vuelvan a secuestrar. “Me dijeron que me iban a estar vigilando, que no era momento para joder, que dejara la carrera. El miedo, con el tiempo se va disimulando”, concluyó.

El delito de ser inmigrante

El tercer testimonio, de la testigo Elisa González Navarro, se produjo de manera presencial en la sede del Tribunal. La víctima forma parte de un grupo de ciudadanos chilenos radicados en el barrio 17 de Agosto de la ciudad de Bahía Blanca que, entre 1976 y 1978, experimentó reiterados actos de persecución, secuestro, allanamientos ilegales y requisas.

En este contexto, González Navarro relató que fue secuestrada en agosto de 1978, junto a su esposo y numerosos miembros de la comunidad chilena.

En el año 1972 el matrimonio y su pequeña hija habían llegado a la Argentina en busca de mejores oportunidades laborales que las existentes en el Chile de la dictadura de Pinochet. “Empezamos a trabajar enseguida porque había trabajo, muchísimo», recordó, al tiempo que agregó: «Yo como limpieza y mi esposo albañil”

Allí conocieron a unos jóvenes que realizaban trabajos solidarios en el barrio, dando clases de apoyo y ayudando a las familias de la zona, que fueron secuestrados y asesinados en 1976, y figuran entre las víctimas de la causa actual: Zulma Matzkin, Manolo Tarchitzky, Zulma la vasca, entre otros.

En los repetidos allanamientos que sufrieron antes de ser secuestrados buscaban Literatura marxista, los acusaban de ser Montoneros y les preguntaban donde tenían las armas. «Nos tenían de punto», comentó, «a uno le dije si nos tomaban por idiota». «Nosotros vinimos de Chile para tener una mejor vida, no para comprar armas”, agregó.

Niñas y niños vulnerados y encarcelados

El día del secuestro les tiraron abajo la puerta a patadas, mientras el matrimonio el matrimonio se encontraba con su hija de 9 años. Los hicieron levantar para llevárselos y ella preguntó: “¿Mi hija la puedo llevar?» a lo que respondieron que «no. Donde vas no la podés llevar”.

Quiso dejarla en la casa de su amiga Claudina Navarro, pero no la dejaron porque también estaba en la lista a secuestrar. La víctima narró que, a continuación, “saqué a mi hija, la envolví y la deje en la calle… Oscuro… A nosotros nos llevaron y mi hija ahí, sola en la oscuridad”. Luego de ser liberada supo que su hija quedó escondida, «acurrucada en un rincón y esperó que aclarara, golpeó una puerta y le abrieron”.

De su casa, fueron llevados a un aserradero tomado por el Ejército, en calle Belgrano y las Vías. “Estaba transformado el aserradero. Militares, camiones, y medio Barrio en fila” detalló.

Posteriormente, subieron al matrimonio (junto a cinco o seis personas más) a un camión y los llevaron a la cárcel. En este marco, explicó que al llegar estaba lleno de militares y también había un médico, a quienes les prohibían mirar a la cara.

Allí fueron desnudados y desnudadas, “revisadas” abusivamente y encerrados en las celdas, heladas producto del clima invernal. Allí comenzaron a soportar diversos maltratos, amenazas, humillaciones y abusos.

Los mantuvieron sin agua y en condiciones infrahumanas durante 17 días. “A mí me gustaría haberles preguntado a estos señores, ¿cuál fue el delito? ¿Haber sido inmigrante?”, se preguntó.

La testigo relata que durante esos días pudo escuchar llorar un bebe en el sitio y que, al preguntarle a la guardia cárcel por él, le contesto que “si hay un bebe, es una nena, hija de una Montonera, y se llama Soledad”.

En otra oportunidad llevaron, junto a sus hijos e hijas más pequeñas, a más personas de origen chileno sin documentos. En una celda sin luz había cuatro o cinco infantes que lloraban de frio y hambre sin que su madre pudiera calmarlos. “Y los milicos les decían, hacé callar a esas porquerías” relató.

A una de las mujeres secuestradas con la testigo, Elba Jara, quien se hallaba embarazada de cuatro meses, le dieron la libertad unos días antes porque sufrió un aborto “en la celda, donde no había ni un trapo de piso”.

Al liberaros les hicieron firmar un papel que decía que los habían llevado por averiguación de antecedentes, y que los habían tratado bien y correctamente. Asegura que lo firmaron para poder salir de ese infierno con vida. Posteriormente, ya en libertad, siguieron vigilándolos y controlándolos.

Los secuestrados de YPF Algarrobo

Por último, declaró Julio Ángel Toloza, quien es otra de las víctimas secuestradas en octubre de 1976 -siendo trabajador de YPF de la planta de Algarrobo- junto a Esteban Procopiw, Esteban Sirio Prat y Sachi.

Su secuestro fue llevado adelante por personas vestidas de civil fuertemente armados, quienes lo trasladaron a la ciudad de Bahía Blanca en un lugar que no puede precisar. Luego fue encerrado en una habitación. Desde allí, destaca que pudo escuchar los gritos y llantos de mujeres que suplicaban, ante los padecimientos a los que las sometían.

Lo acusaban vagamente de robo o estafa en YPF, pero sin ninguna acusación concreta. Allí fue torturado con picana eléctrica entre otras cosas y fue interrogado sobre los demás empleados de YPF, quienes también víctimas de esta causa en trámite.

Vigesimonovena audiencia de la Megacausa Zona 5 (15 de septiembre de 2022)

¿Cuándo siguen las audiencias?

Las audiencias continuarán el día jueves 22 de septiembre, desde las 9 horas, en la sede del Tribunal Oral de Chiclana y Lavalle. Los juicios son Orales y Públicos, y puede concurrir cualquier persona que así lo desee, con su DNI.

Además, las audiencias también se emiten de manera virtual por el canal de YouTube de la subsecretaria de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires.

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