China responde a las tarifas de Trump subiendo los aranceles a los productos estadounidenses

China aumentó los aranceles a productos estadounidenses como el petróleo y maquinaria agrícola, y abrirá una investigación antimonopolio contra Google como represalia por las medidas impulsadas por Donald Trump contra los productos chinos.

China oficializó la imposición de nuevos aranceles a productos estadounidenses como el petróleo, maquinaria agrícola y gas natural, en respuesta a las tarifas impuestas por el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, y suma un nuevo capítulo a la batalla comercial entre ambas potencias.

La medida había sido anunciada el 4 de febrero, e implica tarifas de entre el 10% y el 15% para las importaciones, con el objetivo de proteger la seguridad económica del país y responder a las acciones de Washington, según explicaron desde el gobierno de Xi Jinping.

Además, el gigante asiático tiene previsto restringir la exportación de minerales estratégicos para las industrias tecnológica y armamentística, como el tugsteno y el telurio, al tiempo anunció que abrirá una investigación antimonopolio contra la empresa Google.

A esto se suma la incorporación de compañías como PVH (dueña de Tommy Hilfiger y Calvin Klein) o Illumina (dedicada a la biotecnología) en el listado de empresas no fiables, lo que anticipa nuevas medidas punitivas.

Los aranceles entraron en vigor este lunes a la medianoche y abarcan 80 productos energéticos y manufacturas estadounidenses por valor de cerca de 14 mil millones de dólares. Previamente, Trump había gravado con un 10% la totalidad de los importados chinos, cuyo valor alcanza los 400 mil millones de dólares.

Puntualmente, China pondrá tarifas del 15% al carbón y al gas natural licuado, y del 10% al petróleo, maquinaria agrícola, camionetas y algunos autos de lujo. Además, desde la administración de Xi Jinping denuncian que la medida estadounidense viola las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y debilita la cooperación bilateral.

Acusaciones cruzadas y un acuerdo cada vez más lejano

Cabe recordar que para justificar su decisión contra los productos chinos, Trump alegó que pretendía reducir el déficit comercial que su país mantiene con el gigante asiático, al tiempo que responsabilizó a China por el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos.

Es que el país importa la droga mayoritariamente desde laboratorios chinos, pero aunque se trata de un opioide utilizado legalmente como analgésico, en los últimos años aumentó notablemente su uso recreativo en Norteamérica, que enfrenta una epidemia de abuso de opioides.

Lejos quedaron las esperanzas de que los mandatarios tuvieran una conversación conciliadora de última hora para dar marcha atrás con las medidas, como sí había ocurrido con Canadá y México (que terminó con Trump aplazando la imposición de aranceles a dichos países).

Por el contrario, el gobierno de Pekín redobló la apuesta y acusó a la Casa Blanca de violar las reglas del comercio internacional, asegurando que llevaría su caso ante la OMC. “La imposición unilateral de aranceles por parte de EE.UU. es una seria violación de las reglas de la OMC”, reza el comunicado oficial.

“No sólo no ayuda a resolver sus propios problemas, sino que además socava la cooperación y comercio normales entre China y EE.UU.”, completa antes de anunciar oficialmente las tarifas, calificando la acción como “flagrante” y un “ejemplo típico de unilateralidad y proteccionismo comercial“.

Más allá de lo inmediato de la respuesta china, lo cierto es que la contramedida es mucho menos agresiva que el accionar de Trump, quien además este lunes anunció tarifas a la importación de acero y aluminio.

Esto podría ser una señal de que el gigante asiático no cierra las puertas a un eventual diálogo, aunque también permite observar que el gobierno de Xi Jinping tiene la capacidad de cerrar aún más el grifo de materiales críticos y tierras raras, ya que China tiene casi el 90% del procesamiento global. También podría abrir investigaciones sober otras empresas como Apple.

Según Dong Shaopeng (investigador principal del Instituto Chaoyang de Estudios Financieros de la Universidad de Renmin), “China quiere negociar amistosamente con EE. UU.”, pero “el nuevo Gobierno de EE. UU. se está comportando de forma intensa, imponiendo políticas y reclamando mediante presiones. Claramente, China tiene que reaccionar”.

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Las relaciones entre China y Estados Unidos

No es la primera vez que se recrudece la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Ya en 2018 el país norteamericano había implementado la política “EE. UU. primero” de la mano de -justamente– Donald Trump.

Esto significó una seguidilla de aumentos en los aranceles a los productos extranjeros que aumentaron particularmente a las empresas chinas, que motivaron una represalia por parte de Pekín.

Finalizado el mandato del republicano, la situación no vio mayores cambios durante el mandato de Joe Biden, que mantuvo la mayoría de los aranceles e incrementó otros, aunque enfocando la guerra económica en el sector de alta tecnología. Así, se impusieron aranceles a semiconductores y vehículos eléctricos.

Actualmente, las importaciones de China a EE.UU. alcanzaron 401.000 millones de dólares en los primeros 11 meses del año pasado, mientras que China importó de EE.UU. el equivalente a 131.000 millones de dólares.

Con el retorno de Trump al poder, la situación se agravó aún más. El republicano argumenta que no puede permitirse mantener políticas más flexibles ante naciones que cobran aranceles elevados. “Es muy simple: si nos cobran, nosotros les cobramos”, dijo, “si nos están cobrando el 130% y nosotros no les cobramos nada, eso no funcionará así“.

La advertencia parece más enfocada a sus principales socios comerciales, como México, Canadá y la Unión Europea, aunque da cuenta de cómo Estados Unidos planea continuar la guerra comercial de cara al futuro.

El impacto de estas medidas es incierto y podría impactar de forma colateral en varios países. Mientras algunos analistas creen que Pekín se enfrenta a esta situación desde una mejor posición que en 2018, otros apuntan que su economía depende excesivamente de exportaciones, por lo que esto le restaría margen de maniobra.

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