La intervención de Estados Unidos en el gobierno de Javier Milei abrió la incógnita sobre los verdaderos intereses detrás del salvataje financiero de Donald Trump, y puso en primer plano al lobista norteamericano Barry Bennett. ¿Quién es y cuáles son sus lazos con ambas administraciones?
Mientras Javier Milei viajaba a Estados Unidos para reunirse con Donald Trump, un operador político estadounidense recorría Buenos Aires. Barry Bennett, consultor republicano vinculado al presidente norteamericano, se reunía con funcionarios, legisladores y gobernadores con una misión doble: asegurar respaldo político a Milei y proteger intereses estadounidenses.
La intervención de Casa Blanca en la economía argentina y la advertencia por los resultados de las próximas elecciones puso a Bennett en el ojo de los medios estadounidenses, como el New York Times.
El diario señaló que “la decisión (de Trump) de rescatar la economía argentina genera preocupaciones sobre si el verdadero objetivo es ayudar a los inversores ricos cuyas apuestas en Argentina fracasarían si la economía se hundiera”.
El medio agregó que “los principales fondos de cobertura, incluidos los dirigidos por amigos de Bessent, se beneficiarían financieramente de un salvavidas económico para Argentina”. En este punto, The New York Times agregó:
“Fondos de inversión como BlackRock, Fidelity y Pimco están fuertemente comprados en Argentina, al igual que Stanley Druckenmiller y Robert Citrone, quienes trabajaron con Bessent cuando era inversor de George Soros”.
En este contexto, Bennett emerge como una figura clave en un entramado que conecta la Casa Blanca con la Casa Rosada, pero también con intereses empresariales norteamericanos en recursos naturales argentinos: litio, uranio, petróleo y tierras raras.
La operación que Bennett desarrolla en Argentina no se limita al apoyo político. Según dirigentes que se reunieron con él, el consultor busca garantizar trato preferencial en las provincias para capitales estadounidenses, en un contexto de disputa con China por recursos estratégicos.

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¿Qué hay detrás de las visitas de Bennett a Argentina?
Bennett se instaló en Buenos Aires durante varios días con un objetivo preciso: construir consensos políticos que permitan garantizar la gobernabilidad del gobierno libertario. Su interlocutor principal es Santiago Caputo, el asesor presidencial sin cargo formal que maneja desde las sombras el área de inteligencia.
El periodista Carlos Pagni fue quien reveló que Bennett se reunió con Caputo en un departamento de Retiro junto a tres diputados de bloques dialoguistas: Cristian Ritondo (PRO), Rodrigo De Loredo (UCR) y Miguel Ángel Pichetto (Hacemos Coalición Federal).
En ese encuentro, hablando en nombre de Trump, Bennett transmitió que Milei “debe negociar con los jefes de bloques dialoguistas y los gobernadores amigables. La administración Trump quiere que Santiago Caputo crezca dentro del Gobierno. Le gustaría verlo en el gabinete“.
El consultor también mantuvo reuniones con gobernadores de Provincias Unidas, el bloque que encabeza Juan Schiaretti y que incluye a mandatarios como Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Martín Llaryora (Córdoba), Ignacio Torres (Chubut) y Gustavo Valdés (Corrientes).
Bennett se movió con la asistencia de Soledad Cedro, periodista argentina que trabaja como su traductora y que es CEO de CPAC en Argentina, la conferencia ultraconservadora a la que Milei asiste habitualmente. Como Bennett solo habla inglés, Cedro funciona como su voz en las reuniones con políticos locales.
El primer gesto concreto de este acercamiento a los “dialoguistas” fue el freno a una sesión en el Senado donde el peronismo buscaba bloquear la venta de la empresa estatal de energía nuclear, Nucleoeléctrica. Los gobernadores de Provincias Unidas habrían contribuido a evitar ese debate.
Bennett también presiona por reformas laboral y tributaria, que presentó como exigencia de empresas estadounidenses para invertir en Argentina. El problema que tiene es que los bloques dialoguistas tendrán pérdidas importantes de bancas en diciembre, lo que reducirá su poder en la Cámara de Diputados.
Los vínculos del operador con el Partido Republicano
Bennett no es un funcionario de la administración Trump, aunque la prensa argentina lo haya presentado como un “importante asesor”. Es, ante todo, un lobista profesional con larga trayectoria en Washington.
En 2016, asesoró a Ben Carson durante las primarias republicanas. Cuando Carson se retiró de la contienda, Bennett evaluó las opciones restantes y apostó por Trump. Trabajó brevemente como su asesor, pero sin cobrar, ya que su negocio estaba en el lobbying.
Inmediatamente después del triunfo electoral, en diciembre de 2016, se asoció con Corey Lewandowski, quien había sido jefe de la campaña de Trump, para crear la firma de lobbying Avenue Strategies. Lewandowski se retiró en mayo de 2017 para volver a la política activa, pero Bennett continuó como lobista.
Durante 2017, según registros del sitio OpenSecrets, que rastrea el dinero en la política estadounidense, Bennett trabajó para seis clientes, tres de ellos extranjeros: la petrolera venezolana PDVSA, el gobierno de Puerto Rico y el Banco de Beirut. Bennett omitió declarar otro cliente de ese año: el reino de Catar, señalado en Estados Unidos por vínculos con grupos extremistas.
Esta omisión le valió una investigación del Departamento de Justicia por violación de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA). Bennett y su socio Douglas Watts admitieron los cargos en 2024 y pagaron una multa de 100.000 dólares en el marco de un Acuerdo de Procedimiento Diferido que borra el antecedente un año y medio después del arreglo.
La organización CREW (Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington) señaló en 2017 que Trump había hecho de su oposición a los lobistas que representan gobiernos extranjeros un punto central de su promesa de “drenar el pantano” de Washington.
Sin embargo, agregó la ONG, “esa promesa no impidió que las personas que ayudaron a su elección buscaran lucrativos contratos de cabildeo con clientes extranjeros“.
Actualmente, Bennett forma parte del staff de Global Tactic, una consultora que ofrece a sus clientes “una comprensión total y una estrategia precisa sobre cómo navegar por el complejo panorama de las políticas, regulaciones y oportunidades de los Estados Unidos“.
En la página web de la empresa, la foto y currículum de Bennett aparecen en lugar destacado, incluso por encima del dueño, porque es él quien puede abrir puertas en Washington.

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Bennett, Scatturice y los vínculos con la SIDE
Global Tactic pertenece a Leonardo Scatturice, exagente de la SIDE convertido en empresario. La compañía fue fundada el 26 de noviembre de 2024 y apenas dos meses y medio después firmó un contrato con la Secretaría de Inteligencia del Estado por 10.000 dólares mensuales.
El texto del acuerdo establecía que la empresa “servirá de enlace entre la Presidencia de la Nación de la República Argentina y sus homólogos en Estados Unidos. Coordinará reuniones entre ambos países y ofrecerá asesoramiento estratégico a la Secretaría de Inteligencia de Estado”.
Cuando se le consultó al vocero presidencial Manuel Adorni sobre este contrato en la conferencia de prensa del 25 de junio, Adorni respondió: “Lamento tener que responderte que es un tema de seguridad nacional y que no me puedo explayar más, pero lo último, averigualo, porque lo podés encontrar fácilmente en Google. Chau“, y se retiró de la sala.
Además, el año pasado la SIDE recibió una partida extra de 100.000 millones de pesos en concepto de fondos reservados mediante un decreto de necesidad y urgencia que finalmente fue derogado por el Congreso. El dinero fue reintegrado, pero para entonces un 75% ya había sido utilizado para fines nunca especificados.
Según informó La Nación, el gobierno optó por aumentar el presupuesto de la SIDE de forma gradual para que los montos pasaran “por debajo del radar de la oposición“. El mismo medio documentó 21 contratos millonarios en dólares obtenidos por Scatturice a través de diferentes compañías desde el 10 de diciembre de 2023.
El más significativo permite a su unidad OPC Tech proveer conectividad a Internet en todas las escuelas estatales a nivel nacional, un contrato que le reportará 78,65 millones de dólares. En Tactic, Scatturice y Bennett realizan una división del trabajo: el primero abre puertas en Buenos Aires y el segundo en Washington.
Una mujer pasó por la Aduana sin que revisen sus valijas con la venia del gobierno nacional
Una historia de aviones y ultraconservadores
Cabe recordar que el 26 de febrero, un avión de la empresa OCP Tech, propiedad de Scatturice, llegó de Miami a Aeroparque. La pasajera y dos tripulantes atravesaron la Aduana sin que se revisaran diez valijas que transportaban, tras una comunicación telefónica con un personaje no identificado.
La pasajera era Laura Belén Arrieta, directora general de Tactic. El gobierno desestimó el caso y no se conocen avances en la investigación judicial. La incógnita es qué había en esas valijas, y no faltan las suposiciones sobre la posibilidad de que hubiera fondos para la campaña.
El 14 de abril, dos figuras clave visitaron a Milei en la Casa Rosada por separado: Scott Bessent, el secretario del Tesoro que ejecutó el rescate financiero argentino, y Robert Citrone, CEO del fondo de inversión Discovery y uno de los inversores fuertemente posicionados en activos argentinos. Citrone también llegó en un avión de Scatturice.
Scatturice y Citrone son miembros de la CPAC (Conferencia de Acción Política Conservadora) y ambos tienen lazos tanto con el gobierno de Trump como con la administración de Milei. Scatturice trajo el foro a Argentina el 4 de diciembre del año pasado.
Soledad Cedro, la traductora de Bennett, es presidenta de CPAC en Argentina. También forman parte de la estructura de Tactic Matt Schlapp, CEO de CPAC en Estados Unidos, y su esposa Mercedes “Mercy” Schlapp, quien fue funcionaria de Trump y directora de Comunicaciones Estratégicas durante su primer mandato.
Los primeros encuentros entre Milei y Trump se produjeron precisamente en eventos de CPAC, antes de que Trump asumiera su segundo mandato: el 2 de febrero en Washington y el 14 de noviembre en Palm Beach. Fueron reuniones casuales o “de pasillo”, a diferencia del encuentro formal en la Casa Blanca de esta semana.
Este entramado conecta la inteligencia argentina con el lobbying estadounidense, fondos de inversión con intereses en el país, y la red ultraconservadora internacional que tiene en CPAC su principal plataforma.
Bennett opera en el centro de esta red, articulando una intervención que combina política, negocios y geoestrategia, mientras el gobierno argentino paga con fondos públicos los servicios de consultoría que, para colmo, financian su propio rescate.
