La nafta súper ya supera los 2 mil pesos el litro y augura un nuevo aumento de la inflación

El litro de nafta súper ya se vende por encima de los $2.000 en las estaciones de servicio de todo el país y en lo que va del mes ya acumula un 20% de aumento, y el gobierno de Javier Milei ya teme por la profundización de la escalada inflacionaria que ya lleva 9 meses.

El litro de nafta súper ya se vende por encima de los $2.000 en las estaciones de servicio de todo el país, tras un incremento que acumula cerca del 20% solo en marzo. El salto en el surtidor pone en jaque uno de los pocos indicadores que el Gobierno de Javier Milei exhibe como bandera de gestión: la desaceleración de la inflación.

Lo cierto es que la inflación viene subiendo ya desde hace 10 meses, pero un aumento marcado de combustibles se trasladaría a los demás precios de la economía y profundizaría la escalada. La preocupación del gobierno quedó patente tras la intervención del INDEC y la frena del nuevo índice de precios que se había preparado.

Ahora, el Poder Ejecutivo comenzó a estudiar medidas para amortiguar el impacto del golpe y evitar un número inflacionario aún peor. Por lo pronto, Milei ya dejó de prometer que la inflación comenzaría con 0 en agosto y trasladó su promesa para fines de 2027.

El aumento en el precio de los combustibles no se explica únicamente por lo que ocurre en los mercados internacionales. Si bien el conflicto en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz empujaron al alza el precio del barril de crudo, en el mercado local confluyen otros factores que también presionan sobre el surtidor.

La carga impositiva (en particular el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono) y el atraso acumulado de los precios internos respecto de los valores internacionales explican que, incluso cuando el barril baja, los precios en las estaciones de servicio sigan subiendo.

En términos interanuales, el aumento del combustible llegó al 63,6%, un porcentaje que prácticamente duplica la inflación acumulada del mismo período, que se ubicó en el 33,1%. El dato revela que los combustibles no acompañaron la inflación durante meses y que ahora están procesando ese atraso, con un impacto concentrado en poco tiempo.

El CEO de YPF, Horacio Marín, salió a justificar el ajuste. Dijo que “la actualización de precios solo refleja el mayor costo de refinación por la compra de crudo no propio” y aseguró que “es un ajuste transitorio y, a nivel internacional, uno de los más bajos: en otros países los incrementos han sido al menos tres veces mayores“.

Igualmente, el gobierno decidió postergar el aumento previsto para el 1° de abril del ICL y del Impuesto al Dióxido de Carbono. Por normativa vigente, ambos tributos deben actualizarse de forma trimestral según la variación del Índice de Precios al Consumidor. La incógnita es cómo compensará ese ingreso en las arcas del Estado.

Por otro lado, a través de la resolución 79/2026, el Ejecutivo autorizó a las refinadoras a incorporar hasta un 15% de bioetanol en las naftas (frente al límite anterior del 12%) y hasta un 20% de biodiesel. El objetivo es reducir la proporción de crudo importado en la mezcla y, con ello, bajar el costo de refinación.

La medida no implica riesgos para los motores ni para sus componentes, pero tiene una consecuencia directa sobre el consumidor: al ser el bioetanol menos eficiente energéticamente, los vehículos requieren más litros de combustible por kilómetro recorrido.

Milei ya se ataja por la inminente suba de la inflación y cada vez estira más el cumplimiento de la meta

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Especialistas pronostican una nueva suba inflacionaria

El aumento de las naftas llega en un momento delicado para el Gobierno con respecto a uno de sus principales caballitos de batalla comunicacionales. Las consultoras privadas estiman que la inflación de marzo se ubicará entre el 3% y el 3,2%, por encima del 2,9% registrado tanto en enero como en febrero.

Si la proyección se confirma, Argentina encadenaría diez meses consecutivos de aceleración inflacionaria, luego del mínimo alcanzado a mediados del año pasado. Los combustibles son señalados como el principal factor de presión para este mes.

El economista Mateo Borenstein, de la consultora Empiria, precisó que “las naftas hasta el momento habrían subido un 19%, y dado su peso del 7% en el IPC, implica un aporte de 0,7 puntos porcentuales a la inflación del mes”.

Según su análisis, la suba responde tanto a la situación bélica internacional como al hecho de que “los precios regulados siguen relegados y falta ajustar algunos precios relativos”.

El economista Sebastián Menescaldi, de la consultora EcoGo, explicó que el combustible tiene una ponderación del 3,8% en el índice, y que cada suba del 10% “implica unos 0,38 puntos porcentuales directos, a los que se agregan efectos indirectos” sobre el resto de la economía.

La economista Melisa Sala, de la consultora LCG, advirtió que “el impacto de la guerra en Medio Oriente, especialmente a través del aumento de los combustibles, explica que, una vez disipados los factores puntuales de febrero, la inflación se mantenga elevada”.

Los alimentos también sumaron presión, aunque con signos de moderación hacia el final del mes. Según un relevamiento de la misma consultora LCG, en las dos primeras semanas de marzo los precios de alimentos y bebidas subieron con fuerza, pero en la última semana retrocedieron un 0,6%.

El promedio mensual del rubro se mantiene en torno al 2,6%. Por ahora, el Gobierno proyecta que el impacto de la volatilidad del petróleo en la inflación será de entre 0,6% y 0,7% en el IPC, distribuido entre marzo y abril.

La crisis en Medio Oriente y el precio del barril

El contexto internacional que precipitó la suba es inédito. El barril de petróleo Brent superó los 115 dólares en las últimas horas, su nivel más alto en 14 años, y los mercados ya empezaron a calcular escenarios en los que el crudo podría escalar hasta los 200 dólares por barril.

El detonante fue el cierre del estrecho de Ormuz el 28 de febrero, en el marco del conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel con Irán. Desde ese momento, el Brent acumula una suba del 60%, partiendo de un precio de referencia de 72 dólares.

El canal concentra el 20% del petróleo que circula a nivel mundial, lo que convierte su bloqueo en un evento de consecuencias directas sobre la oferta global. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, añadió más incertidumbre al escenario.

En una entrevista con el Canal 14 de la televisión israelí, el mandatario fue consultado sobre si su país tiene capacidad para tomar el control del estrecho de Ormuz. “Sí. Ya está pasando. Por supuesto”, respondió, al tiempo que señaló que más países deberían involucrarse en la ofensiva. “Los países tienen que participar en la campaña”, afirmó.

Los rumores de una posible invasión terrestre de tropas estadounidenses a Irán alimentaron la escalada. Medios estadounidenses hablaron de más de 50.000 efectivos en la región.

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, respondió con dureza y advirtió que, en caso de invasión, las fuerzas de su país están “esperando la llegada de las tropas estadounidenses al terreno para prenderles fuego y castigar para siempre a sus socios regionales”.

En ese marco, el banco de inversión Macquarie pronosticó que el barril podría alcanzar los 200 dólares si el conflicto se prolonga hasta junio. La agencia Bloomberg informó que funcionarios del gobierno estadounidense y analistas de Wall Street están empezando a considerar esa posibilidad.

El barril de WTI, de referencia en Estados Unidos, también avanzó y superó los 102 dólares en el mercado de futuros.

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La crisis económica amortigua el golpe en Argentina

Pese a la gravedad del contexto internacional, diversos sectores de la economía argentina advierten que el impacto en los precios locales podría ser más moderado de lo que sugieren las cifras del petróleo. La razón, sin embargo, no es alentadora: el propio estancamiento de la actividad económica actúa como freno a la remarcación de precios.

Desde el inicio del conflicto bélico, el 28 de febrero, la nafta subió al menos un 15% y el gasoil un 14%, según un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-CONICET). Pero la cadena de traslado hacia otros precios encuentra resistencia en una demanda que no tiene margen para absorber aumentos.

Daniel Rosato, titular de Industriales Pymes Argentinos (IPA), señaló que el encarecimiento del combustible se sumó a subas importantes en materias primas como el polietileno, generando “un efecto dominó en toda la cadena de valor”. Y advirtió que:

“Las ventas están muy deprimidas por los aumentos en los costos, así que esto puede traer consecuencias negativas para el consumo, con más suspensiones y despidos”.

Desde el sector comercial, Salvador Femenía, secretario de Prensa de CAME, planteó el dilema con claridad: “Hay un límite en el poder de la demanda por el tema salarios”. Y agregó que “es posible que haya remarcaciones, pero el tema es cómo va a reaccionar el consumidor ante ellas”.

La posibilidad de trasladar los costos al precio final choca contra la capacidad de compra de la población. El vicepresidente de la Confederación General Almacenera Nacional, Fernando Savore, fue más directo aún: “Los empresarios vivos quieren trasladar todo al precio. Y lo que va a ocurrir es que la gente no va a convalidar” la suba.

Los datos que respaldan este diagnóstico son concretos. En enero, la actividad económica creció solo un 1,9% interanual, la menor expansión en 14 meses, mientras que la industria cayó un 2,6% y el comercio un 3,2%.

En febrero, antes incluso del inicio de la guerra, la consultora OJF estimó una caída de la actividad del 2,9%, con el comercio derrumbándose un 6,9% y la industria un 7,9% en términos interanuales.

El consumo masivo cayó un 3,4% en febrero según la medición de Scentia, mientras que el desempleo subió 1,1 puntos en el último trimestre de 2025. La combinación de inflación acelerada y salarios reales en baja (con una caída de 0,9 puntos en enero, según el INDEC) completa un cuadro en el que la demanda difícilmente pueda sostener aumentos generalizados de precios.

En el sector de la construcción, que sigue sin recuperarse del desplome de 2024, un referente del rubro estimó que “los aumentos van a seguir por debajo de la inflación general”, al menos en el inicio de abril, precisamente porque “el sector está muy deprimido”.

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