Milei ya se ataja por la inminente suba de la inflación y cada vez estira más el cumplimiento de la meta

Javier Milei ya no habla de llegar a la inflación 0 en agosto y corrió el cumplimiento de la promesa hacia el final de su mandato, a fines de 2027. Además, para el libertario “el consumo está en máximos históricos” y no hay recesión.

Las principales consultoras privadas anticipan que la inflación de marzo superará el 3%, lo que de confirmarse marcaría diez meses consecutivos de subas en el índice de precios. El dato es políticamente sensible para la administración de Javier Milei, que convirtió la lucha contra la inflación en una de sus principales banderas de gestión.

En ese contexto, el presidente salió a defender públicamente su cada vez más cuestionado programa económico y a relativizar los números que se vienen. Para celebrar su gestión, incluso rechazó que haya recesión o caída del consumo.

Desde la Quinta de Olivos, Milei publicó un gráfico en la red social X en el que aseguró que “salvo el actual Gobierno, todos los restantes dejaron una mayor inflación que la recibida“. La afirmación fue acompañada de una aclaración: “Esto no significa que el problema de la inflación esté terminado, pero está claro que vamos por el buen camino“.

Cuando un usuario le preguntó por la expectativa de llegar a la inflación 0 en agosto, el libertario comentó que “han habido contratiempos, pero eso no hará que abandonemos la lucha con las herramientas del manual de la libertad”.

Al mismo tiempo, rechazó que exista recesión y afirmó que el nivel de actividad “se encuentra en pico histórico”, invitando a sus críticos a revisar el EMAE desestacionalizado. También descartó la caída del consumo y sostuvo que fomentar el gasto en detrimento del ahorro “lo que hace es reventar el crecimiento económico”.

Es decir que para el presidente la caída del consumo ocurriría por un aumento del ahorro, pese a que los indicadores económicos señalan que la morosidad y el uso de préstamos para financiar gastos vitales no para de crecer.

Más allá de esto, los datos que circulan entre analistas privados muestran una realidad que choca con el escenario que Milei busca imponer. La consultora Econviews, dirigida por Miguel Kiguel, proyecta que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo rondará el 3,5%.

En su último relevamiento semanal, la firma registró una suba del 0,8% en alimentos y bebidas en supermercados, con lácteos subiendo un 1,4%. El acumulado de las últimas cuatro semanas ya llegaría al 3,5%.

Por su parte, EcoGo, la consultora que conduce Marina Dal Poggetto, proyecta una inflación de marzo en torno al 3% e identifica como principales motores a la estacionalidad de educación (con una suba estimada del 12%) e indumentaria, que habría trepado un 5%, sumado al impacto de ajustes tarifarios y en combustibles.

Vale recordar que la última vez que el IPC superó el 3% fue en marzo de 2025, cuando alcanzó el 3,7%. Si la proyección de las consultoras se confirma, también sería el décimo mes seguido de aceleración inflacionaria.

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Milei estira cada vez más la promesa de la inflación 0

El episodio más resonante de la semana ocurrió el sábado, cuando Milei participó de la CPAC en Hungría. Además de deshacerse en halagos para el dictador del país, Milei hizo un repaso de su gestión y deslizó una alarmante frase que no pasó inadvertida:

Probablemente sobre el final de nuestro mandato, en este primer mandato, la terminaremos por exterminar“, dijo en referencia a la inflación.

El comentario implica un corrimiento de más de un año respecto de la meta que el propio Milei había fijado. Apenas una semana antes, en una entrevista, había afirmado que “la inflación arrancará en cero para agosto“, en alusión a agosto de 2026.

Ahora, el horizonte se desplazó a diciembre de 2027, cuando concluye su mandato. El presidente no ofreció explicaciones sobre el cambio de plazo ni reconoció explícitamente que el objetivo anterior resultaba ya inalcanzable.

Lo cierto es que el presidente maneja los números con cierta laxitud y repite que la inflación argentina “venía corriendo al 15.000% anual“, guarismo que no se corresponde con ningún registro oficial o privado del período previo a su asunción.

De hecho, el mayor pico inflacionario de los últimos años tuvo lugar durante su gobierno, poco después de que declarara la brutal devaluación del peso. En diciembre de 2023, el índice llegó al 25% y en enero alcanzó el 20%.

Pero hay otros elementos que encienden alarmas entre analistas económicos. La mora en préstamos bancarios trepó en enero por encima del 10%, el nivel más alto en dos décadas, lo que genera interrogantes sobre la solidez del sistema financiero y su capacidad de sostener el crédito.

Otro factor que sumó ruido fue la respuesta del ministro de Economía, Luis Caputo, ante las críticas al programa económico. El titular del Palacio de Hacienda atribuyó parte de las turbulencias económicas y políticas a una supuesta conspiración vinculada a enfrentamientos del gobierno con sectores del empresariado.

En materia de financiamiento, Caputo descartó por ahora el regreso a los mercados internacionales, en un contexto de riesgo país elevado y condiciones externas adversas. La estrategia oficial apunta a financiarse en el mercado local, aprovechando el alto nivel de depósitos en dólares en el sistema financiero.

Esa decisión reduce el margen de maniobra si la situación interna o externa se complica, pero más allá de eso, da cuenta de los razonamientos que hacen los funcionarios del equipo económico para evitar reconocer los problemas en el programa.

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La emisión, otra cruzada libertaria que está en jaque

Mientras el gobierno apunta a sus logros en materia inflacionaria, un documento de trabajo del economista Estanislao Malic, del Centro Cultural de la Cooperación (CCC), ofrece una lectura sobre los mecanismos que explican la suba de precios actual y su probable continuidad.

Malic parte de una distinción conceptual: la emisión monetaria no equivale a imprimir billetes. “La emisión es el aumento de saldos en las cuentas bancarias originado por el Banco Central”, precisa.

Bajo esa definición, el estudio concluye que los agregados monetarios crecieron de manera sostenida durante la actual gestión, aunque no por financiamiento directo del déficit (canal que el gobierno efectivamente cerró) sino por tres vías concretas.

La primera fue la compra de divisas: el Banco Central emitió pesos para adquirir dólares y acumular reservas, expandiendo la cantidad de moneda en circulación. La segunda fue la transferencia de utilidades del BCRA al Tesoro.

Las devaluaciones generan ganancias contables en el balance del Central, y cuando esas utilidades se giran al Tesoro, implican emisión aunque no aparezcan como financiamiento del gasto. La tercera fue el pago de intereses sobre la deuda en pesos, en un contexto de crecimiento de los plazos fijos y expansión del crédito al sector público a través del sistema bancario.

Sin embargo, Malic no atribuye la aceleración inflacionaria reciente a esa expansión monetaria. Sostiene que la inflación responde principalmente a la restricción externa (la falta estructural de dólares en relación con el nivel de actividad) y a la dinámica de costos. En ese marco, la relación causal se invierte: es la inflación la que empuja a la emisión, y no al revés.

¿Cuáles son entonces los factores que explican la suba de precios actual? El análisis identifica tres componentes principales. El primero son los alimentos: carnes y lácteos explicaron cerca del 75% de la inflación semanal de marzo, lo que refleja presión sobre la inflación núcleo (es decir, la que excluye precios regulados y estacionales), no sobre tarifas.

El segundo componente son las tarifas de servicios públicos. El esquema tarifario del gobierno combina la convergencia hacia precios internacionales de la energía con mecanismos de actualización automática en transporte y distribución que corren por encima de la inflación.

Eso introduce un componente inercial: tarifas que indexan hacia adelante y presionan sobre el índice en los próximos meses. Si se tiene en cuenta que la escalada del conflicto en Medio Oriente significó una suba notable en el precio del combustible, es esperable que esto se traduzca en todos los precios de la economía.

Justamente el tercer componente son los combustibles. El petróleo internacional volvió a ubicarse en torno a los 100 dólares por barril, recalentando la estructura de costos de manera transversal. El punto crítico es que el traslado a los precios en surtidor todavía es parcial.

Según distintas estimaciones del mercado, cada 10% de aumento en combustibles agrega entre 0,3 y 0,5 puntos de inflación mensual, y el traslado total pendiente podría implicar subas mucho mayores.

Eso significa que parte de la inflación de los próximos meses ya está técnicamente determinada por aumentos que aún no terminaron de trasladarse a los precios finales. El efecto, además, no es solo directo: los combustibles impactan en logística, transporte y distribución, con segunda ronda sobre toda la cadena productiva.

El cuadro que emerge del análisis es el de una inflación impulsada por costos y precios regulados, con una inercia que se retroalimenta. Ese diagnóstico contrasta con la narrativa oficial, que sigue presentando la desaceleración de los últimos meses como resultado de una política monetaria ordenada.

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