El representante de Javier Milei ante la ONU votó en contra de declarar la esclavitud como el mayor crimen de la humanidad, convirtiendo a Argentina en uno de los tres países que rechazaron la iniciativa. Los otros fueron Estados Unidos e Israel.
Por orden del gobierno de Javier Milei, Argentina volvió a alinearse con Estados Unidos e Israel en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas y se convirtió en uno de los únicos tres países del mundo en rechazar una resolución que declara a la trata transatlántica de africanos esclavizados como el crimen más grave contra la humanidad.
La decisión se inscribe en un patrón de política exterior que el gobierno libertario consolidó desde su llegada al poder en diciembre de 2023: el alineamiento explícito con Washington y Tel Aviv en foros multilaterales, incluso cuando eso implica quedar en una posición marcadamente minoritaria frente al resto de la comunidad internacional.
La resolución de la ONU para rechazar la esclavitud
La resolución fue impulsada por Ghana y debatida en el marco del Día Internacional en Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos.
El texto reconoce formalmente que la esclavitud y la trata de africanos constituyeron una injusticia de escala, duración y brutalidad excepcionales, cuyas consecuencias persisten en la actualidad a través del racismo estructural y las desigualdades económicas.
Además, el documento promueve el avance hacia mecanismos concretos de justicia reparadora, que podrían incluir disculpas oficiales, compensaciones económicas, reformas estructurales y la devolución inmediata y sin costo de bienes culturales, obras de arte y documentos históricos a sus países de origen africano.
El resultado de la votación fue contundente: 123 países votaron a favor, 52 optaron por la abstención (entre ellos Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Paraguay) y apenas tres naciones votaron en contra: Argentina, Estados Unidos e Israel.
Aunque las resoluciones de la Asamblea General no tienen carácter jurídicamente vinculante (algo que vale recordar, ya que Milei insiste en que la ONU “impone” sus decisiones a los países), sí expresan el posicionamiento político de la comunidad internacional y suelen marcar el rumbo de futuras discusiones en materia de derechos humanos.
El presidente de Ghana, John Dramani Mahama, viajó especialmente a Nueva York para respaldar la iniciativa. Ante la Asamblea, defendió el texto como “una salvaguarda contra el olvido” y llamó a avanzar hacia una “ruta de sanación y justicia reparativa global”.
Por su parte, el canciller ganés, Samuel Ablakwa, subrayó el carácter excepcional del fenómeno histórico que se discutía: “La historia no desaparece cuando se ignora… la verdad no se debilita cuando se retrasa y la justicia no expira con el tiempo”.
Ablakwa también destacó que ninguna otra atrocidad histórica tuvo una duración tan prolongada (más de 300 años) ni un impacto tan sistemático a escala global. Se estima que el tráfico transatlántico de esclavos implicó el traslado forzado de al menos 12,5 millones de africanos entre los siglos XV y XIX.
El secretario general de la ONU, António Guterres, respaldó el espíritu de la resolución. Señaló que la esclavitud “atacó el núcleo mismo de la condición humana, destruyó familias y devastó comunidades” y llamó a trabajar sobre tres ejes: verdad, justicia y reparación. También advirtió que la comunidad internacional necesita ser “más audaz” para enfrentar las injusticias históricas.
La posición argentina, liderada por el representante ante la ONU Francisco Fabián Tropepi, coincidió con los argumentos esgrimidos por la delegación estadounidense.
Desde Washington, cuestionaron el supuesto “uso cínico” de injusticias históricas como base para redistribuir recursos en el presente y advirtieron sobre el riesgo de generar una “competencia” entre tragedias históricas.
También rechazaron la idea de establecer jerarquías entre crímenes de lesa humanidad y cuestionaron la posibilidad de aplicar retroactivamente el derecho internacional a hechos ocurridos en contextos históricos distintos. Países de la Unión Europea que se abstuvieron apuntaron en una dirección similar, aunque evitaron el voto negativo.
Francia, por ejemplo, planteó que comparar atrocidades del pasado podría hacerse “a costa de la memoria de las víctimas“, mientras que Gran Bretaña insistió en que la agenda también debería priorizar problemas actuales como la esclavitud moderna y el trabajo forzoso. Casualmente, se trata de los dos principales responsables de fomentar la trata de esclavos en el pasado.
Lo que distingue el voto argentino es que fue un paso más allá que Europa: mientras las principales potencias del viejo continente optaron por la abstención, Argentina votó directamente en contra, junto a Estados Unidos e Israel.
Esta decisión refuerza lo que analistas de política exterior describen como un abandono de la diplomacia multilateralista o de equilibrio que históricamente caracterizó a la Argentina, en favor de un alineamiento más explícito con el eje Washington-Tel Aviv, incluso en debates de estas características.
Javier Milei mandó a uno de sus funcionarios a la ONU a negar el número de desaparecidos
La advertencia de la ONU sobre los DDHH en Argentina
Vale recordar que hace poco las Naciones Unidas publicaron un documento expresando su preocupación por la situación de los derechos humanos en Argentina. En el marco del aniversario del golpe de Estado, expertos del organismo difundieron un informe en el que advirtió sobre un “rápido deterioro del liderazgo mundial de Argentina” en materia de memoria, verdad y justicia.
El documento es especialmente sensible porque pone en cuestión uno de los elementos centrales de la identidad internacional argentina desde el retorno de la democracia: su rol como referente en materia de justicia transicional.
Durante décadas, el país fue señalado como un modelo a nivel global, con hitos como la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), el Juicio a las Juntas Militares y el procesamiento de más de mil responsables de crímenes de lesa humanidad.
Sin embargo, los expertos de la ONU alertaron que desde 2024 se observan medidas regresivas en ese terreno: debilitamiento de instituciones dedicadas a la memoria, obstáculos en el acceso a archivos históricos, reducción del impulso estatal a las investigaciones judiciales y retrocesos en las políticas de reparación.
“Estas medidas socavan los cimientos de la justicia transicional, la democracia y el Estado de derecho“, sostuvieron, al tiempo que expresaron preocupación por discursos negacionistas del gobierno y por la posibilidad de que se avance en indultos en causas vinculadas a violaciones graves de los derechos humanos.
En ese contexto, el voto argentino en la resolución sobre esclavitud no aparece como un hecho aislado sino como parte de un cuadro más amplio: la combinación de un reposicionamiento en política exterior y una revisión, explícita o implícita, de los consensos históricos que Argentina había construido en materia de derechos humanos desde la recuperación democrática.
La resolución sobre la esclavitud, en tanto, fue aprobada y entró en los registros de la Asamblea General como la primera vez que ese organismo vota formalmente un texto que no solo reconoce la esclavitud transatlántica como crimen contra la humanidad, sino que también abre la puerta a mecanismos concretos de reparación.
El debate que la rodea (sobre memoria, justicia histórica y responsabilidad de los Estados) continuará abierto en los próximos años, y Argentina, con su voto, definió con claridad en qué lugar de ese debate eligió pararse, lo que dejará una incómoda mancha en el historial del país en esta materia.
