Luis Caputo calificó como un “milagro” el nivel de inversiones en Argentina pese a que el país quedó último en el ranking regional de inversión extranjera directa, y aseguró que el mal dato responde a años de “populismo”. Pero ¿Qué decía el indicador antes de la asunción de Javier Milei?
Argentina cerró 2025 última en el ranking regional de inversión extranjera directa, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El país captó apenas 3.134 millones de dólares, muy por debajo de Brasil, México, Chile, Colombia e incluso Costa Rica.
Poco después de conocerse el dato, el ministro de Economía, Luis Caputo, utilizó sus redes sociales para referirse al tema y aludir a la supuesta “incomodidad” que generaba esta situación en el gobierno de Javier Milei.
Sin embargo, lejos de reconocer el mal desempeño, salió a celebrarlo. El funcionario aseguró que “no genera ninguna incomodidad“. “De hecho es lo más lógico viniendo de tantos años de populismo“, escribió Caputo.
El funcionario sostuvo que la inversión extranjera directa suele requerir “muchos años de estabilidad económica y política” para materializarse, y calificó de “milagro” que en dos años y medio se hayan comprometido 140.000 millones de dólares en proyectos a futuro. “Inversiones que van a cambiar la matriz productiva argentina para siempre”, concluyó.
Sin embargo, los registros históricos contradicen al ministro, ya que durante los gobiernos que el ministro engloba bajo el término “populismo”, Argentina no solo estaba mejor ubicada en la serie, sino que además batía records de inversión extranjera. De hecho, en 2025 Argentina tuvo por primera vez un saldo negativo en más de 20 años.
No genera ninguna incomodidad. De hecho es lo más lógico viniendo de tantos años de populismo. La inversion extranjera directa suele requerir muchos años de estabilidad económica y política para ser atraída. El milagro es que en tan solo dos años y medio haya 140 mil millones de… https://t.co/wflZ22iLHM
— totocaputo (@LuisCaputoAR) May 27, 2026
Argentina, última entre las economías de la región
El relevamiento fue elaborado por Misión Productiva en base a cifras de la OCDE y publicado a fines de mayo de 2026. Los números son contundentes: Brasil recibió 76.877 millones de dólares en inversión extranjera directa durante 2025, posicionándose ampliamente como el líder regional.
Lo siguieron México con 40.871 millones, Chile con 13.152 millones y Colombia con 11.462 millones. Más atrás quedó Costa Rica, con 5.733 millones, una economía significativamente más pequeña que la argentina. Argentina cerró última con 3.134 millones de dólares, menos del 5% de lo que ingresó en Brasil y menos del 10% de lo captado por Chile.
El informe señala que el contraste “refleja las dificultades persistentes de la Argentina para consolidarse como destino de capital productivo de largo plazo, aun en sectores donde el país posee ventajas competitivas y fuertes incentivos regulatorios”.
Uno de los puntos que subraya Misión Productiva es que “el dato resulta especialmente significativo porque ocurre en un contexto donde el Gobierno impulsó un fuerte esquema de incentivos a grandes inversiones mediante el RIGI”, indica el documento. Y agrega que:
“Los números muestran que esas inversiones vinculadas principalmente a recursos naturales y energía no alcanzan para generar un proceso amplio de atracción de capitales”.
Según el análisis, la capacidad de un país para atraer inversión no depende solo de incentivos fiscales o regulatorios. Entre los factores que explican el bajo desempeño argentino, Misión Productiva incluye la caída del consumo y la demanda interna, que reduce los incentivos para ampliar capacidad productiva.
A esto se suma la paralización de la obra pública y su impacto sobre industrias proveedoras. Ambas son consecuencia del brutal ajuste que impulsó el gobierno libertario en cuanto llegó al poder en diciembre de 2023.
Además, figuran como problemas la escasez de crédito productivo; la apreciación cambiaria y el deterioro de la competitividad en sectores transables; y la elevada incertidumbre sobre la sostenibilidad futura del esquema macroeconómico; además de la debilidad del entramado PyME y la caída de sectores intensivos en empleo.
“La inversión extranjera difícilmente pueda expandirse de manera sostenida en un contexto de mercado interno deprimido, utilización ociosa de capacidad instalada y ausencia de financiamiento de largo plazo“, concluye el informe.
El reporte cierra con una advertencia: los países que lograron procesos sostenidos de desarrollo mantuvieron históricamente tasas de inversión mucho más elevadas que las actuales en Argentina, y que sin revertir esa tendencia “la actual estrategia de estabilización y el rumbo productivo del Gobierno seguirán teniendo impactos negativos en el largo plazo”.
Un saldo negativo inédito en 22 años
Más allá del mal posicionamiento regional, los datos del Banco Central (BCRA) agregan otra dimensión al problema. Por primera vez desde 2003, la inversión extranjera directa en Argentina arrojó un saldo acumulado negativo: entre enero y noviembre de 2025 la salida neta de fondos alcanzó los 1.521 millones de dólares, según la serie del BCRA medida en valores constantes.
El contraste con períodos anteriores es marcado. El promedio anual de IED para el período 2016-2019 fue de 3.235 millones de dólares positivos. Entre 2020 y 2023 bajó a 953 millones, también positivos. En 2025, la curva cruzó el cero por primera vez en más de dos décadas.
La causa principal del saldo negativo fue la salida de multinacionales del mercado argentino. En el sector energético, ExxonMobil cedió la totalidad de sus intereses en Vaca Muerta a Pluspetrol en una operación estimada en 1.700 millones de dólares.
Petronas analizó retirarse del bloque La Amarga Chica y ya había abandonado un proyecto de GNL con YPF originalmente ubicado en Bahía Blanca. La francesa TotalEnergies avanzó en la transferencia de concesiones en Neuquén, y la noruega Equinor buscó comprador para sus activos en Bandurria Sur y Bajo del Toro Norte.
El fenómeno no se limitó al sector energético. En consumo masivo, Procter & Gamble vendió su operación argentina al grupo local Newsan, incluyendo activos y marcas registradas. La cadena francesa Carrefour también busca comprador para retirarse del país, aunque aún no completó la transacción.
Un informe de la consultora PxQ identificó que en el primer semestre de 2025 el 42% de las fusiones y adquisiciones tuvo compradores internacionales, pero que la mayoría de los activos vendidos por multinacionales pasaron a manos de grupos de control local.
El documento atribuye las partidas tanto a presiones de las casas matrices como a condiciones del contexto argentino: incertidumbre, restricciones cambiarias y dificultades para girar utilidades. Fuentes consultadas por PxQ describieron el clima empresarial con una frase directa: las empresas se fueron porque “se cansaron de la Argentina”.
Hace 10 años, Argentina batía records de inversión
El argumento de Caputo sobre el legado del “populismo” como explicación del mal desempeño inversor contrasta con lo que muestran las cifras de esa época. En 2012, bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, Argentina captó 12.551 millones de dólares de inversión extranjera directa, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Ese año, el país creció un 27% respecto al año anterior en ese indicador y se ubicó en el podio de los países de América Latina con mayor aumento de IED. El informe de la CEPAL detallaba que la reinversión de utilidades más que duplicó su monto respecto de 2011, impulsada por políticas gubernamentales orientadas a preservar el empleo y la producción.
Argentina venía creciendo de manera sostenida en IED desde 2006, con la única interrupción de 2009, producto de la crisis internacional desatada por la caída de Lehman Brothers. En términos relativos al PBI, la IED representaba entonces el 2,3% del producto, casi a la par de Brasil, donde equivalía al 2,5%.
Los datos históricos muestran, en definitiva, que el período que Caputo describe como “populismo” no fue de escasez de inversión extranjera sino de niveles significativamente superiores a los actuales.
La comparación entre los 12.551 millones de 2012 y los 3.134 millones de 2025 (un año además con saldo neto negativo según el BCRA) dificulta sostener que la herencia del pasado explica por el presente.


