Javier Milei había prometido en febrero que para “el 1° de enero de 2026 no existirá el cepo“, pero el cierre del año encuentra a Luis Caputo quemando reservas para aplacar una corrida cambiaria mientras busca los dólares para pagar vencimientos de deuda y al Banco Central condicionando la flexibilización.
En febrero de este año, el presidente Javier Milei aseguró que “el 1° de enero de 2026 no existirá el cepo”. Incluso aclaró que, sin asistencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), las restricciones cambiarias se eliminarían de todas formas para 2026.
Sin embargo, a pocas horas del finde 2025, el Gobierno no solo no parece ser capaz de cumplir con su promesa, sino que además el ministro de Economía Luis Caputo volvió a su costumbre de quemar dólares del Tesoro Nacional para contener una corrida cambiaria en las últimas jornadas de diciembre.
Para colmo, aún no tiene los fondos necesarios para afrontar los vencimientos de deuda de enero. Por las dudas, el Banco Central aclaró en su último informe que cualquier flexibilización futura del cepo estará atada al acceso a los mercados internacionales, dejando entrever que la eliminación total de las restricciones no está en el horizonte inmediato.
Intervención desesperada para frenar el dólar
El cierre del año encontró a los mercados financieros presionando al alza el tipo de cambio, en un contexto marcado por la incertidumbre sobre la capacidad del Gobierno para hacer frente a sus obligaciones. Durante las últimas jornadas de diciembre, el Tesoro realizó ventas masivas de divisas para evitar que el dólar mayorista perforara el techo informal de $1.457.
El lunes previo al fin de año, el volumen operado en el mercado oficial alcanzó los 902 millones de dólares, una cifra extraordinaria incluso para días de alta volatilidad. Analistas del mercado atribuyeron esta cifra inusual a la intervención directa del Tesoro Nacional, que habría vendido entre 250 y 300 millones de dólares para contener la escalada.
El analista Christian Buteler resumió la situación: el dólar mayorista cerró en $1.457 con un aumento del 0,31%, con un fuerte volumen operado y el Tesoro vendiendo para evitar que se acerque al techo de la banda, de modo que terminó la jornada a 4,3% de la banda superior.
Esta intervención tuvo consecuencias inmediatas en el mercado de pesos. La tasa de caución a un día (el interés interbancario a cortísimo plazo) se disparó hasta tocar el 140% anual, un nivel que refleja la desesperación de los inversores por dolarizarse.
La caución había marcado un promedio de 31,5% TNA (Tasa Nominal Anual), desde el 21,4% del lunes anterior, según señaló Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
Letcher identificó un patrón que se viene repitiendo desde el anuncio del nuevo esquema cambiario: el Tesoro compra dólares en bloque para luego venderlos cuando aumenta la demanda de cobertura cambiaria. El objetivo, según su análisis, es mantener la cotización contenida en $1.450, pero como consecuencia de la absorción de pesos, las tasas suben vertiginosamente.
El economista Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, ofreció otra explicación técnica del fenómeno. Descartó que la suba de tasas responda a una escasez de pesos, argumentando que la demanda transaccional ya está aflojando.
En su análisis, la reciente flexibilización del esquema de bandas cambió las expectativas sobre el tipo de cambio hacia 2026, y como esa corrección no se refleja en el precio actual del dólar, se traslada a la tasa de interés.
Paralelamente, las reservas internacionales del Banco Central cayeron 1.700 millones de dólares. La explicación oficial atribuyó esta caída a necesidades de los bancos comerciales de fin de mes, que supuestamente se restituirían el primer día hábil del mes siguiente.
Sin embargo, operadores del mercado recordaron que “este fenómeno no existía antes del gobierno de Milei”. Vale mencionar que la aprobación del Presupuesto 2026 tampoco generó el entusiasmo esperado. Aunque la jornada había iniciado con subas moderadas en el mercado accionario, el impulso se diluyó rápidamente.
Los analistas explicaron que la aprobación ya estaba incorporada en los precios, y que ahora pesan más las dudas sobre la consistencia del esquema financiero ante las evidentes dificultades para cumplir con los vencimientos de deuda.
Y es que además la realidad se llevó por delante las proyecciones que hizo Casa Rosada en septiembre (cuando escribió el articulado de la Ley de Leyes). Sin ir más lejos, la inflación anual esperada para el año que viene sería del 10,1% (mientras que las consultoras privadas más conservadoras hablan de más de un 20%).
En cuanto al dólar, se supone que el tipo de cambio oficial mayorista llegaría en $1.423 para diciembre, una cifra que ya se encuentra muy por debajo del valor de la divisa en la actualidad. En un acto parlamentario incomprensible, el oficialismo y sus aliados eligieron votar a favor del presupuesto sin siquiera cuestionar esta proyección.
Tras la sanción el Presupuesto 2026, ahora el gobierno de Milei se prepara para impulsar la reforma laboral
La carrera contrarreloj por conseguir dólares
Por otro lado, el próximo 9 de enero, el Gobierno debe afrontar un vencimiento de bonos por aproximadamente 4.324 millones de dólares, entre amortización de capital e intereses de los Bonos Globales (GD, de legislación extranjera) y Bonares (AL, de legislación local).
Las estimaciones sobre cuántos dólares tiene disponibles el ministro Caputo varían ampliamente: mientras algunos cálculos del mercado sitúan la cifra entre 2.000 y 2.600 millones, la consultora 1816 sostiene que apenas supera los 1.800 millones.
Esta incertidumbre se ve agravada porque el Tesoro ha venido consumiendo reservas en intervenciones cambiarias. La semana previa a Navidad, quemó 241 millones de dólares en solo dos días, y se estima que las pérdidas fueron aún mayores en la semana siguiente.
En este contexto de urgencia, Caputo ha desplegado una batería de maniobras para conseguir divisas, e incluso comenzó a presionar al gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, para que liquide de inmediato los 800 millones de dólares que la provincia recaudó mediante una colocación de deuda en los mercados internacionales destinada a obras de infraestructura.
Fuentes del gobierno santafesino revelaron que recibieron un pedido urgente para vender esas divisas, el cual llegó apenas tres días antes del anuncio del nuevo esquema de actualización por inflación de las bandas de flotación.
En la provincia rechazaron la presión, argumentando que tienen 180 días para liquidar esos dólares y que planean ingresarlos a medida que avance el plan de obras para el cual fue tomada la deuda. Con el cambio de esquema cambiario que se espera empuje al alza el precio del dólar, una liquidación inmediata podría resultar desventajosa para Santa Fe.
Otra medida desesperada fue la publicación de una resolución para acelerar el pago del canon de los nuevos concesionarios de las represas hidroeléctricas de la Patagonia, por un monto de 706 millones de dólares. Según la consultora 1816, estos fondos aún no habían ingresado al momento del análisis.
Pero quizás la jugada más polémica de Caputo fue su embate contra el sistema bancario privado. A través de la red social X, el ministro arremetió contra las entidades financieras que cumplen con las regulaciones macroprudenciales y controlan el origen legal de los fondos de sus clientes.
En un tono confrontativo, escribió: “Si en sus bancos les piden cosas de más —léase, romper las p…— no pierdan su tiempo”, instando a los ahorristas a dirigirse al Banco Nación. Una expresión que se vuelve aún más paradójica cuando viene de un gobierno libertario.
La entidad pública fue habilitada para recibir depósitos de dólares bajo el paraguas de la Ley de Inocencia Fiscal, aprobada recientemente por el Congreso. El objetivo es atraer al sistema formal una parte de los aproximadamente 250.000 millones de dólares que están fuera del circuito financiero en manos de particulares.
El problema es que la ley aún no había sido promulgada ni reglamentada, pero el Banco Nación ya distribuyó circulares a sus sucursales para recibir los depósitos. La institución anunció:
“El Banco Nación está preparado para satisfacer la demanda de sus clientes y de toda aquella persona interesada a la hora de hacer consultas o solicitar nuestro servicio para disponer de sus ahorros”.
La contramarcha del banco estatal, que publicó y luego eliminó un tuit sobre la disponibilidad para recibir dólares sin mayores requisitos, generó mayor tensión en el mercado. La interpretación generalizada fue que estas medidas revelan la desesperación del ministro por conseguir las divisas faltantes.
Cuando el presidente Milei fue consultado sobre cómo se afrontará el vencimiento, respondió escuetamente: “Argentina va a pagar”. Pero al preguntarle por la estrategia específica, eludió el tema: “Eso lo va a resolver el ministro Caputo, que entiende como nadie el valor de pagar”.
El problema es que, hasta el momento, no hay claridad sobre cómo se completará el monto necesario. Semanas atrás, Caputo había anunciado un préstamo repo con bancos internacionales por hasta 7.000 millones de dólares, pero no hubo novedades al respecto. Tampoco está confirmado que pueda activarse el swap con el Tesoro de Estados Unidos.
Sin acceso fluido a los mercados voluntarios de deuda, Caputo enfrenta una contradicción crítica: usar los escasos dólares disponibles para intervenir en el mercado cambiario deja menos margen para garantizar el pago de la deuda, mientras que abstenerse de intervenir podría desatar una devaluación que agravaría la situación.
Caputo quemó 241 millones de dólares para evitar una corrida cambiaria antes de las fiestas
Por las dudas, el BCRA abrió el paraguas
El lunes de la última semana del año, el Banco Central de la República Argentina publicó un informe detallando sus planes y objetivos para 2026. Entre los lineamientos, uno llamó particularmente la atención del mercado: la flexibilización del cepo para empresas quedará supeditada al nivel de acceso a los mercados internacionales de deuda.
El comunicado de la entidad que conduce Santiago Bausili fue explícito: “A fin de preservar las condiciones de estabilidad financiera, durante el próximo año el BCRA continuará calibrando su política macro- y micro-prudencial para adaptarla a las particularidades del contexto local, en línea con las mejores prácticas internacionales en la materia”.
“En la medida que se observen progresos en el fortalecimiento del equilibrio en el mercado cambiario y un acceso fluido a mercados externos por parte del Tesoro, BCRA podrá considerar oportuno continuar flexibilizando las restricciones cambiarias que persisten sobre stocks de dividendos y pago de deudas comerciales previas al 2025″, completó.
En otras palabras, el Banco Central se cubrió ante la posibilidad de que la promesa presidencial no se concrete. El informe también ratificó los cambios en el esquema de bandas cambiarias. A partir del 1° de enero de 2026, las bandas dejarán de ajustarse al 1% mensual y pasarán a estar indexadas al último dato de inflación.
Respecto a la acumulación de reservas, el BCRA planteó que el monto de compra diario estará alineado con una participación del 5% del volumen del mercado de cambios. De manera complementaria, podrá realizar compras en bloque que de otra manera podrían afectar el funcionamiento del mercado.
El documento enfatizó que la nueva etapa está caracterizada por la perspectiva de re-monetización de la economía, que busca compatibilizar el crecimiento económico con la estabilidad de precios y el fortalecimiento de las reservas líquidas, en línea con las exigencias del FMI y el gobierno de Estados Unidos.
Para ello, señaló que será fundamental la “recuperación del acceso a los mercados internacionales de deuda para refinanciar los vencimientos de capital“, tanto del sector público como de las empresas.
Este condicionamiento del BCRA contradice la promesa original de Milei, quien en febrero había asegurado que el cepo se levantaría “sin la ayuda del Fondo Monetario Internacional” y que incluso, con desembolsos del FMI, podría hacerse más rápido.
Lo cierto es que el año 2025 estuvo marcado por idas y vueltas en la política cambiaria. En abril, el Gobierno intentó avanzar con la suspensión de obstáculos para la compra de divisas por parte de personas físicas.
El presidente celebró la medida como una eliminación “para siempre”, pero apenas cinco meses después, el Banco Central reactivó parte de aquellas limitaciones e instaló una restricción cruzada que impide el “rulo” de los compradores.
Aquella reinstalación de restricciones se produjo un viernes 26 de septiembre, menos de un mes antes de las elecciones legislativas y con un panorama complicado para el oficialismo tras la derrota en la Provincia de Buenos Aires.
Cuatro días después, el Gobierno endureció aún más el cepo con una nueva prohibición: el 30 de septiembre, Milei ordenó que las billeteras virtuales ya no puedan vender dólar oficial. La medida, determinaba que la compra-venta de dólares solo podría realizarse a través de entidades autorizadas, excluyendo a Mercado Pago y otras plataformas.
Con todas estas idas y vueltas, y con el Banco Central ahora condicionando la salida del cepo al acceso a mercados internacionales, la promesa de Milei de que “el 1° de enero de 2026 no existirá el cepo” parece más lejana que nunca.
El 2 de enero de 2026 comenzará con las restricciones cambiarias vigentes, un ministro de Economía consumiendo dólares para contener el tipo de cambio, y un vencimiento de deuda que amenaza con complicar aún más el panorama económico del Gobierno libertario.