El gesto de la selección demostró el poder político del deporte y puso a Milei a inventar excusas

La selección logró que el reclamo por las Islas Malvinas llegara hasta Inglaterra con un gesto tan espontáneo como histórico, pero Javier Milei se negó a sumarse a la consigna aludiendo a sus responsabilidades presidenciales, una excusa insólita para un mandatario que no se priva de generar conflictos internacionales por sus disputas ideológicas.

El miércoles pasado, la selección argentina logró un triunfo emotivo ante Inglaterra: Lautaro Martínez y Enzo Fernández revirtieron el marcador en los últimos 15 minutos para terminar 2-1, sellando así el pase a la final de la Copa del Mundo. Más allá del aspecto futbolístico, cada encuentro entre Argentina e Inglaterra carga con un elemento histórico ineludible: el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas.

Aunque antes del partido el plantel había evitado referencias a este tema, la cuestión se hizo presente de forma espontánea en los festejos. Los jugadores desplegaron una bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas”.

La decisión de exhibir la bandera no es un dato menor. El fútbol es uno de los deportes más vistos del mundo, y el Mundial, una de sus competiciones de mayor alcance global. El gesto implicó visibilizar ante millones de espectadores el reclamo argentino por la soberanía de las islas. La repercusión fue inmediata: el tema marcó tanto la agenda inglesa como la argentina.

Poco después del partido, Lisandro Martínez comentó que “no podíamos fallarle al pueblo argentino”, mientras que Leandro Paredes afirmó que las islas “serán siempre argentinas”. El propio Lionel Messi agregó que “no era una victoria más” y, en un gesto inusual en él, reflexionó: “Los mundiales nos hacen olvidar de todo lo mal que nos toca pasar: hay gente que no tiene trabajo o no llega a fin de mes”.

¿Por qué las Malvinas incomodan al presidente?

En condiciones normales, se supondría que el Estado Nacional aprovecharía este espaldarazo histórico para impulsar el reclamo a nivel internacional. Pero Javier Milei decidió hacer exactamente lo contrario.

Como ya había hecho en oportunidades anteriores, Milei llamó a distintos medios amigos para montarse en el triunfo de la selección. Sin embargo, el despliegue del equipo le complicó los planes.

En diálogo con Radio Mitre, remarcó que “es un partido de fútbol, hay que entender eso” y cuestionó el mensaje de los jugadores: “No hay que caer en slogans berretas, populistas, nacionalistas rancios”. Luego fue más lejos: “Las Malvinas se recuperan con diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos, berretas”.

Con El Observador, matizó un poco sus críticas y reconoció que el sentimiento por Malvinas “está dentro de todos los argentinos y es perfectamente válido y lícito que ellos se quieran expresar”. Pero insistió en que mezclar fútbol y política sería un error, especialmente “en una posición de responsabilidad”.

Lo llamativo es que evitó apoyar explícitamente el mensaje de los jugadores. Intentó desmarcarse del tema mediante una declaración confusa en la que aludió a “personas que podrían tener responsabilidades serias” e “imprudentes”, quizás refiriéndose a Victoria Villarruel, quien había aprovechado el partido para impulsar su propia agenda política.

Pero ¿por qué Milei respondió de esta manera? Parece haber quedado atrapado en su propio relato. Hasta ahora, la tropa libertaria venía intentando instalar que Diego Maradona era ídolo de izquierda y Lionel Messi era ídolo de derecha (pese a que Messi siempre evitó posicionarse explícitamente).

Si bien la empatía del futbolista con quienes sufren la situación económica no implica un posicionamiento partidario, la facilidad con la que La Libertad Avanza define como enemigos a quienes no se pliegan al discurso libertario terminó teniendo un efecto inesperado: Logró que las palabras del rosarino se sientan como una crítica al gobierno.

La tropa libertaria también impulsaba la idea de que existe un supuesto odio del kirchnerismo a Messi o que el kirchnerismo hincha en contra de la selección. Pero ocurrió lo opuesto: todo el arco político se puso a festejar, y el libertario terminó dando explicaciones para diferenciarse de Malvinas y de los jugadores.

Lo paradójico es que estas explicaciones son insólitas para alguien que ha utilizado históricamente sus redes sociales para lanzar insultos a opositores, posicionarse en guerras (calificando a Irán como “enemigo” de Argentina) y atacar a líderes extranjeros (como Lula da Silva en Brasil o Pedro Sánchez en España) sin mayores resquemores.

De hecho, poco le importaron las responsabilidades presidenciales cuando promocionó la criptoestafa de $LIBRA. En su momento, intentó defenderse diciendo que lo había hecho como ciudadano, y no como mandatario. Milei parece haber aprendido que es presidente 24/7 cuando tuvo que justificar su distancia de un reclamo soberano histórico que toda la sociedad celebraba.

Causa $LIBRA: Una cuestión de jueces y pliegos

Casualmente, la causa $LIBRA fue el otro tema de la semana. Este jueves, tomaron estado parlamentario una treintena de pliegos judiciales, entre los que se destacan los de Pablo Bertuzzi y Pablo Yadarola, propuestos para integrar la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal. Este tribunal revisa las resoluciones de los jueces federales de Comodoro Py y tiene intervención en investigaciones sensibles como la que investiga la criptoestafa.

La conexión es directa: el viernes 3 de julio, el juez Marcelo Martínez de Giorgi decidió excluir de la condición de querellantes a cinco damnificados auspiciados por Juan Grabois y Nicolás Oszut. Ahora es la Sala I la que debe definir si acepta el fallo.

Si lo hace, la causa quedará sin querellantes particulares y la investigación recaerá únicamente en el fiscal Eduardo Taiano, quien viene siendo cuestionado por hacer poco para que la causa avance. A casi un año y medio del tuit que originó todo, la causa no tiene imputados.

Lo interesante es el timing. Hace poco, el presidente firmó un decreto que oficializó la designación de Ana María Juan (esposa del juez Martínez de Giorgi) como jueza federal de Primera Instancia de Hurlingham, dos semanas después del fallo del magistrado que apartó a las querellas.

Pero esto es apenas la punta del iceberg. Los antecedentes de los actores que hoy mueven fichas alrededor de la causa $LIBRA resultan elocuentes: Bertuzzi llegó a Comodoro Py gracias a un decreto de Mauricio Macri en 2018. Juan Bautista Mahiques, actual Ministro de Justicia, fue uno de los operadores de Macri en tribunales durante esa época.

Yadarola, por su parte, figura en el viaje a Lago Escondido en octubre de 2022 a la mansión de Joe Lewis en Bariloche, que incluyó a funcionarios macristas, jueces, fiscales y ejecutivos del Grupo Clarín.

No se puede ser tan temerario como para afirmar que hay acuerdos por debajo de la mesa, pero hay un timing interesante en cada cosa que sucede alrededor de la causa $LIBRA.

Lo más preocupante es que el poder judicial (el que más unánimemente cuestionamos como sociedad) parece inmune a toda crítica desde otros sectores del Estado. Simplemente se reacomoda según el poder de turno. Curiosamente, también quedó afuera del relato anti-casta del gobierno: los jueces siguen teniendo sus jubilaciones de privilegio y sus exenciones del pago del impuesto a las ganancias.

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