Apenas 19 de los 60 países que Donald Trump invitó al Consejo de Paz asistieron a la ceremonia fundacional del movimiento, que pretende socavar a las Naciones Unidas. Entre los presentes estuvo Javier Milei, quien se sumó pese a que Argentina presentó un candidato para dirigir la ONU.
Este jueves Javier Milei firmó la adhesión de Argentina al Consejo de Paz impulsado por Donald Trump durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Al alinearse con el mandatario republicano, el presidente libertario se sumó a un reducido grupo de países de dudoso peso diplomático en la política internacional.
Aunque Trump había anunciado que unas 60 naciones confirmarían su ingreso al organismo, solo 19 países firmaron el acta fundacional en la ceremonia suiza.
La convocatoria atrajo principalmente a naciones de Medio Oriente, Asia Central y Sudamérica, mientras que los líderes europeos estuvieron visiblemente ausentes. Argentina y Paraguay fueron los únicos países latinoamericanos que participaron de la firma.
La lista de firmantes incluye a Armenia, Azerbaiyán, Arabia Saudita, Baréin, Bulgaria, Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Indonesia, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Marruecos, Mongolia, Pakistán, Qatar, Turquía y Uzbekistán. La única nación de Europa Occidental representada fue Hungría.
Varios de los países que se inscribieron ni siquiera son democracias y ninguno, aparte de Estados Unidos, es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Curiosamente, entre ellos está el líder de Belarús, Alexander Lukashenko, un aliado clave de Vladimir Putin. Albania, Egipto y Vietnam dijeron que se sumarían pero no participaron de la firma.
Aunque la presencia más paradójica es la de Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, quien aceptó unirse al Consejo aunque no asistió a la ceremonia de firma. Netanyahu enfrenta una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por impulsar la destrucción de infraestructura y matanza indiscriminada de civiles en Gaza.
Varios aliados tradicionales de Washington rechazaron la propuesta de Trump. Reino Unido informó que no se inscribiría en rechazo a la voluntad de participar demostrada por Rusia. La ministra de Relaciones Exteriores , Yvette Cooper, explicó que: “Tenemos preocupaciones sobre que Putin sea parte de algo que habla sobre la paz“.
Francia y Noruega también se negaron, aduciendo dudas sobre cómo funcionaría la Junta de Paz en conjunto con la ONU. Italia, liderada por Giorgia Meloni, señaló que la adhesión podría plantear problemas constitucionales.
El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, indicó que era difícil imaginar estar “junto con Rusia en cualquier consejo” y agregó: “el problema es que Rusia es nuestro enemigo y Belarús es su aliado”.
China confirmó haber recibido la invitación pero no dijo si se unirá. Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores afirmó que China “mantendrá su firme compromiso con la salvaguardia del sistema internacional, con la ONU como eje central“, lo que se puede leer como una respuesta negativa camuflada.
El caso de Canadá resultó particularmente revelador sobre el sesgo del organismo. El primer ministro Mark Carney inicialmente tenía la intención de unirse con condiciones, tras haber criticado en repetidas ocasiones a Trump por romper el “orden basado en reglas” global.
Sin embargo, Trump rescindió la invitación de Canadá para unirse a lo que llamó “la Junta de Líderes más prestigiosa jamás reunida“, pese a que no cuenta con la participación de casi ninguna potencia.

Chats filtrados y provocaciones: Trump profundiza el conflicto por Groenlandia antes de su discurso en Davos
De Gaza al mundo, bajo la tutela de Trump
Trump había propuesto inicialmente el Consejo de Paz en septiembre pasado como parte de una segunda fase del plan de cese del fuego de 20 puntos en Gaza negociado por Estados Unidos. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respaldó el plan en noviembre, con un mandato para que la junta supervise la desmilitarización y la reconstrucción de Gaza.
Sin embargo, el propósito del organismo se expandió para abordar conflictos en todo el mundo. El borrador de la carta constitutiva enviado con las invitaciones ni siquiera menciona Gaza, sino que describe al Consejo de Paz como una “organización internacional” que promueve la estabilidad, la paz y la gobernanza “en zonas afectadas o amenazadas por conflictos”.
Entre tanto, la resolución oficial señala que es una administración transitoria “que establecerá el marco y coordinará la financiación para la reconstrucción de Gaza” bajo el plan de paz de Trump, hasta “que la Autoridad Palestina haya realizado reformas satisfactorias”. También autoriza al consejo a desplegar una Fuerza Internacional de Estabilización temporal en Gaza.
En la ceremonia de Davos, Jared Kushner, yerno de Trump, presentó el enfoque del gobierno para la reconstrucción de Gaza. “La paz es un acuerdo diferente a un negocio”, indicó, aunque todo parece apuntar a que la paz no es la prioridad. Vale recordar que aún tras el cese al fuego celebrado por Trump, el ejército israelí sigue atacando ciudadanos palestinos.
Además, una serie de diapositivas mostraron imágenes de edificios futuristas, nuevas carreteras e infraestructura energética. Trump calificó a Gaza como una “hermosa propiedad” y dijo que es “una persona de bienes raíces de corazón” al hablar sobre la reconstrucción de la zona, que según parece se convertirá en su proyecto inmobiliario.
Algunos funcionarios estadounidenses plantearon que el nuevo organismo podría intervenir como mediador en otros focos de tensión, como Ucrania y Venezuela, una invadida por Rusia y la otra por el propio Estados Unidos.

Trump llegó a decir que la junta “podría” reemplazar algunas de las funciones de la ONU, a la que calificó como obsoleta e ineficaz. Posteriormente morigeró la pretensión: “Lo haremos en conjunto con Naciones Unidas”, dijo. Y agregó: “Creo que podemos extenderlo a otros temas a medida que tengamos éxito en Gaza”.
El organismo establecerá una estructura con Trump como presidente indefinido, posiblemente ocupando el cargo más allá de su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, lo que habla de la centralidad que tendría en este organismo, que además pone a Estados Unidos en el centro de su logo.
La Junta de Paz se sentará por encima de una Junta Ejecutiva fundadora conformada por el secretario de Estado Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff, Jared Kushner, el expresidente del Reino Unido Tony Blair, el director de Apollo Global Management Marc Rowan, el asesor de Trump Roberto Gabriel, y el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga.
Según los estatutos, Trump será el único autorizado a invitar discrecionalmente a países a participar y tendrá la última palabra en las votaciones. Podrá revocar la participación de un país, salvo en caso de veto por parte de dos tercios de los Estados integrantes.
Además, tendrá “autoridad exclusiva” para “crear, modificar o disolver entidades subsidiarias” del Consejo de Paz, y será “la autoridad final en cuanto al significado, interpretación y aplicación” de los estatutos fundacionales.
El borrador de creación del consejo indica que las decisiones se podrán votar en conjunto, pero que Trump tendrá autoridad exclusiva para aprobarlas o no. Un comité palestino de tecnócratas seleccionados por Trump administraría de forma provisional el territorio palestino, mientras un consejo ejecutivo tendría un papel asesor.
También es llamativo que los Estados miembro ejercerán mandatos de tres años, tras los cuales deberán pagar USD 1.000 millones para obtener un puesto permanente. No está claro si el gobierno de Javier Milei pretende acceder a esa membresía permanente.
Los fondos recaudados se destinarán a la reconstrucción de Gaza, según funcionarios estadounidenses. Sin embargo, el control sobre estos fondos estaría en manos de Trump, quien tendría autoridad exclusiva sobre la gestión financiera del organismo.
El Consejo de Paz ha generado múltiples cuestionamientos entre diplomáticos, funcionarios y líderes mundiales. Las principales preocupaciones giran en torno a la ampliación del mandato de la junta, la presidencia indefinida de Trump y el daño potencial que podría causar al trabajo de la ONU.

Milei participará de la ceremonia del Consejo de Paz de Trump: ¿Pagará la membresía de 1.000 millones de dólares?
Las idas y vueltas diplomáticas de Milei
Más allá de esto, lo cierto es que mantener su política de sumisión total a Estados Unidos sin romper relaciones con China se ha convertido en un dolor de cabeza para Javier Milei, que derivó en varias idas y vueltas sobre su posicionamiento sobre el gigante asiático.
Sin ir más lejos, en su última entrevista con Bloomberg, Milei defendió los acuerdos comerciales con China. “China es un gran socio comercial” de Argentina y “implica un montón de oportunidades para expandir mercados”, afirmó Milei.
El presidente respondió así a una pregunta sobre el pedido de Scott Bessent, Secretario del Tesoro estadounidense, para que saque a China de Argentina. Milei señaló que el planteo fue en clave geopolítica y “eso no está en conflicto”. Usó como argumento que Estados Unidos también comercializa con China.
“Mi plan es abrirme a la Unión Europea, abrirme a EFTA, abrirme a Estados Unidos y abrirme a China. Yo quiero una economía abierta. Mire el peso que tiene la economía china en el mundo y usted va a entender que tengo que tener comercio con China”, agregó.
De fondo, la necesidad de mantener buenas relaciones con Beijing responde a una urgencia financiera concreta: a mitad de año vence el swap por USD 18.000 millones que Argentina tiene con China y que explica buena parte de las reservas del país.
Si China decide no renovar ese acuerdo, Argentina debería pagar entre USD 2.750 millones y USD 5.000 millones de un tramo que se activó. No hay dólares disponibles para ese pago. De hecho, el ministro de Economía Luis Caputo apenas pudo cumplir con el primer vencimiento de deuda de enero gracias a un préstamo REPO.
China ya renovó el swap en 2024, pese a que Milei venía atacando sistemáticamente a Beijing durante la campaña electoral. Esa renovación incluyó una cláusula no escrita: que Milei deje de insultar a China, condición que cumplió. Sin embargo, no cumplió con otra condición que era realizar una visita de Estado al gigante asiático.
El problema se agrava porque el swap por USD 20.000 con Estados Unidos que se anunció durante la campaña nunca se concretó. Con esa cifra, el gobierno argentino podría analizar una ruptura con China como exigió Bessent, pero sin esos fondos resulta imposible y no parece que Casa Blanca esté dispuesta a hacer una transferencia indirecta de fondos a China.

La urgencia de la renovación del swap podría explicar el reciente gesto de un grupo de diputados libertarios que viajó a China casi en secreto para visitar el Partido Comunista y empresas emblemáticas como Huawei. El viaje fue pagado por los chinos.
Milei también ha modificado su discurso sobre otros temas sensibles. En la entrevista con Bloomberg señaló que “no está probado” que China tenga una base espacial en Neuquén. Una afirmación irónica si se tiene en cuenta que el gobierno pasó gran parte de 2024 impulsando esa versión.
Cabe preguntarse hasta qué punto Milei seguirá los pasos de Trump. Por ejemplo, parece contradictorio que impulse la candidatura del argentino Javier Grossi a secretario general de la ONU mientras auspicia un organismo que pretende suplantar a las Naciones Unidas.
Además, Trump criticó regularmente a Naciones Unidas durante su campaña y anunció que Estados Unidos se retirará de 66 organizaciones y tratados internacionales, aproximadamente la mitad vinculados a la ONU. Argentina ya se plegó a su salida de la Organización Mundial de la Salud.
Por otro lado, Milei aceptó la invitación a la Junta de Paz sin esperar ningún dictamen técnico de la Cancillería y sin consultar con países de la región. La invitación llegó a Argentina a través de la Embajada de Estados Unidos. Apenas recibió el texto, el presidente publicó un mensaje en redes sociales.
“Es un honor para mí haber recibido la invitación para que la Argentina integre, como Miembro Fundador, el Board of Peace, una organización creada por el Presidente Trump para promover una paz duradera en regiones afectadas por conflictos, empezando por la Franja de Gaza”, manifestó. Agregó:
“Argentina siempre estará del lado de los países que luchan de frente contra el terrorismo, que defienden la vida y la propiedad, y que promueven la paz y la libertad. Es un honor para nosotros acompañarlos en tamaña responsabilidad”.