La CGT apuesta a los gobernadores para restarle votos a la reforma laboral

La CGT prepara una agenda de visitas a varias provincias para convencer a gobernadores dialoguistas de rechazar la reforma laboral que impulsa Javier Milei o, al menos, poner en discusión parte del articulado. ¿En qué consiste la estrategia de la central obrera?

Mientras el gobierno de Javier Milei avanza con reuniones con gobernadores para garantizarse los votos necesarios para la reforma laboral, la CGT tiene su propia agenda federal para intentar frenar la medida del gobierno en el Congreso.

La central obrera enfrenta una carrera contrarreloj antes del tratamiento parlamentario previsto para febrero, en un escenario donde reconocen que la batalla es cuesta arriba. La estrategia principal de la CGT pasa por una gira por las provincias para intentar convencer a los gobernadores de que no apoyen el proyecto oficial.

Los integrantes del triunvirato que conduce la central obrera (Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello) serán los encargados de visitar las provincias, apuntando especialmente a aquellas gobernadas por el peronismo y las agrupadas en Provincias Unidas.

“Reuniones con gobernadores hay en todo momento”, confirmaron desde la central obrera. Ya se habían reunido previamente con Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Carlos Sadir (Jujuy) e Ignacio Torres (Chubut) en la Casa de Chubut en Buenos Aires. Sin embargo, la postura de los gobernadores dialoguistas no es necesariamente de rechazo al proyecto.

En el entorno de Pullaro indicaron que “en algunos aspectos, el proyecto de modernización laboral tiene que ver con lo que se necesita“, aunque aclararon que “hay coincidencias en algunos puntos a modificar” y que debe buscarse “un equilibrio” para evitar perjuicios tanto a trabajadores como al capital privado.

Jerónimo mencionó que en la agenda de conversaciones están los gobernadores de Córdoba, Santa Fe, Tucumán, Salta y los mandatarios del sur, asegurando que existe un “compromiso” de varios de ellos de “no acompañar” el proyecto oficial “si no se realizan las modificaciones que pedimos”.

Los números en el Congreso

La CGT sostiene que cuenta con 28 votos confirmados en contra del proyecto en el Senado (correspondientes al peronismo). Necesitaría sumar nueve senadores más para lograr que el texto fracase en la Cámara alta y sus posibilidades queden licuadas.

De ahí que los esfuerzos se concentren en los gobernadores, esperando una eventual rebelión de mandatarios como Pullaro o Martín Llaryora (Córdoba) mediante al menos parte de sus equipos de legisladores.

El gobierno, por su parte, avanza confiado. Patricia Bullrich aseguró que 44 senadores se pronunciarían a favor del proyecto. El lunes, el ministro de Interior Diego Santilli selló un acuerdo con el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, que aportaría tres votos en Diputados y uno en el Senado.

Pese a la ofensiva que iniciará en los próximos días, en la CGT reconocen que la puja con el gobierno por el apoyo de los gobernadores es compleja. Nación tiene más herramientas para la discusión y cosas que ofrecer a los mandatarios: coparticipación, ATN, obras públicas e incluso están las negociaciones por la Corte Suprema.

“Nosotros jugamos en un solo tablero, el de la defensa de los derechos colectivos. Ellos juegan en muchos: coparticipación, ATN, obras, la Corte…”, sintetizó off the record un integrante de la mesa de conducción cegetista.

La gran objeción de las provincias al proyecto es la modificación en Ganancias, por la merma en la recaudación que significaría.

Estrategia tripartita y diálogo trunco

La estrategia de la CGT se basa en tres dimensiones: la confrontación retórica contra la reforma, incluso con amenazas de medidas de fuerza; una gestión con gobernadores y bloques legislativos para debilitar al menos los puntos que afectan el derecho colectivo antes que el individual; y la posibilidad de discutir por debajo del radar con los espacios más dialoguistas.

Sin embargo, esta última opción parece diluirse, por lo menos con respecto a los integrantes del oficialismo. A última hora del martes, la CGT dio por virtualmente clausurada la posibilidad de un acercamiento con el gobierno para negociar modificaciones.

Más allá de los anuncios de Bullrich sobre la apertura de una instancia de intercambio, ninguno de los sectores de peso dentro de la organización dio cuenta de un contacto conducente en ese sentido.

Sola negó que exista un diálogo real: “No hay invitación real, el picaporte sigue cerrado“, aseguró. Jerónimo también señaló que los “equipos técnicos” de la CGT están disponibles para una negociación, aunque “no han sido convocados” por el gobierno.

El endurecimiento de la postura oficial se aceleró tras la reunión de la mesa política del gobierno el viernes pasado en Balcarce 50, donde se definió que “el proyecto no se toca”. En el entorno presidencial fueron tajantes: “No hay ninguna chance. No vamos a cambiar ni tocar nada”.

Presión desde las bases

La nueva conducción de la CGT enfrenta presión desde dos frentes: gremios combativos que exigen salir a la calle de inmediato, y un gobierno que cerró el diálogo y ratificó que la reforma saldrá “sin tocar una coma”.

Abel Furlán, líder de la UOM, convocó a sindicatos combativos para enviar un mensaje a la conducción cegetista reclamando que active un plan de lucha urgente. “No se puede aceptar mansamente un proyecto de ley con tanta profundidad”, advirtió.

Daniel Yofra, secretario general de Aceiteros, fue más allá: “No alcanza con la movilización callejera, se tiene que parar a nivel nacional”, y advirtió que un solo día de paro será “insuficiente”. Los movimientos sociales nucleados en la UTEP, junto a ATE y las dos CTA, anunciaron que marcharán al Congreso el día que se trate el proyecto.

Ante la presión, los líderes de la central obrera ratificaron la amenaza de paro general. “Si la reforma laboral llega sin cambios al Congreso, habrá protestas hasta el paro general“, advirtió Sola. Jerónimo enfatizó que “no se descarta nada” si el gobierno no introduce modificaciones.

Sin embargo, también reconocen la importancia de la batalla parlamentaria. “Si no construimos una mayoría con los votos adentro, es lo mismo que nada hacer una marcha”, dijo Jerónimo.

El Senado retomará las sesiones extraordinarias el 2 de febrero. Si el gobierno logra aprobar la reforma en la Cámara alta antes de fin de mes, pasará a Diputados para su tratamiento definitivo.

Offtopic: