Cristina Kirchner pidió que la jueza María Eugenia Capuchetti sea apartada del caso del atentado en su contra por “manifiesta parcialidad”, “actuaciones negligentes”, “resoluciones arbitrarias”, “irregularidades” en la pesquisa, “parálisis investigativa” y hasta “mala fe”. La recusación puntualiza una cadena de anomalías ya conocidas pero también introduce datos sorprendentes sobre la desidia de Capuchetti.
Comparto la recusación a la Jueza Capuchetti en la causa del atentado contra mi vida, el 1 de septiembre pasado. A partir de la página 7 se detallan sus irregularidades y arbitrariedades, desde el primer día, cuando se borró el celular de Sabag Montiel.https://t.co/TlgXHZJtt6
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) November 14, 2022
En un escrito de 37 páginas presentado este lunes, los abogados de Cristina, Marcos Aldazábal y José Ubeira, sostuvieron que Capuchetti “no sabe ni quiere investigar”.
“A casi dos meses y medio del atentado, una serie de resoluciones netamente arbitrarias y la total parálisis investigativa nos han convencido de una manifiesta parcialidad contra esta parte”, aseguraron.
Los letrados hicieron referencia a “un cúmulo de irregularidades” cometidas por la jueza que llevaron a que la Vicepresidenta “pierda la confianza en la magistrada”.
Algunas de las irregularidades son conocidas, como la pérdida de información del celular de Fernando Sabag Montiel, la demora en las escuchas y detención de Brenda Uliarte y la falta de análisis sobre qué hizo en ambos casos la Policía Federal.
Tampoco avanzó en las conexiones políticas y el financiamiento. Pero el escrito introduce datos sorprendentes. Por ejemplo, que la jueza le dijo a la querella que Gerardo Milman no aparecía en los videos del bar donde un testigo lo escuchó decir “cuando la maten voy a estar camino a la costa“, cosa que no era cierta y los abogados cotejaron en pocos minutos. Las imágenes incluso fueron muy difundidas en medios de comunicación y son nítidas.
El documento también relata que Capuchetti no quería secuestrar el celular del dirigente de derecha Hernán Carrol pese a que no ponía reparos ante el pedido de la querella.
El dirigente libertario usa dos teléfonos, y Capuchetti dijo que se quedara con uno. Era justamente el de su actividad política.
Un informe de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) revela que el contenido de mensajes y redes del aparato que aportó había sido borrado el 24 de octubre, un día antes de su tardía testimonial.
La jueza tampoco investigó pistas sobre un posible vínculo Milman-Carrol, ni sobre el hallazgo en la casa de Uliarte de un texto sobre la “regla de Tueller“, un protocolo de Estados Unidos que fija la distancia mínima para defenderse con un arma de fuego que trajeron Patricia Bullrich y Milman.
La recusación será evaluada por la Sala I de la Cámara Federal, conformada por Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi y Mariano LLorens.
Las irregularidades que comprometen a Capuchetti
En las 37 páginas del escrito se detalla la larga lista de anomalías que exponen la desidia o -cuanto menos- la negligencia de la jueza en el caso.
El celular de Sabag Montiel
“La investigación no pudo empezar peor“, dice el escrito al recordar que, además del arma con la que intentó disparar, el agresor tenía algo muy valioso para la causa que era su celular.
El aparato llegó al juzgado en un sobre cerrado pero “el viernes 2 de septiembre la magistrada rompió la cadena de custodia“. Fue peritado primero allí por la Policía Federal, pero luego fue enviado a la PSA, donde llegó en un sobre abierto y “reseteado a cero“.
“Nunca se supo qué fue exactamente lo que pasó“, “ni cómo ni donde se perdió la información” y “el juzgado no hizo nada por aclararlo“, señala la recusación.
La detención y escuchas tardías de Brenda Uliarte
Se descubrió inmediatamente que Uliarte estaba implicada y en la escena del intento de magnicidio. La jueza ordenó hacerle escuchas directas, pero la Policía Federal tardó más de tres horas en llegar al locutorio para concretarlas.
El juzgado no siguió la medida que había pedido y que era crucial. Además, “la jueza esperó para materializar” la detención de Uliarte, quien “logró de algún modo escapar de su casa” aunque se supone que tenía una custodia de la PFA.
Un aviso de la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado (DAJuDeCo) y el secretario del juzgado que hizo parar un tren en la estación Palermo permitieron la detención.
La querella advierte que no se investigó a la fuerza en toda su actuación sino que se pone foco únicamente en la custodia de CFK.
“Téngase presente”
¿Qué pasó con las medidas pedidas por la querella? Ante la mayoría de las pedidos, la jueza no hizo nada: contestó “téngase presente” o no contestó. De 43 solo accedió a ocho.
Al comienzo, no se habían hecho medidas básicas como los allanamientos y secuestro de dispositivos de las personas que hablaban por whatsapp con los detenidos o compartían grupos.
Había mensajes muy llamativos ignorados por el juzgado, como el intercambio de Nicolás Gabriel Carrizo -a quien tardó 15 días en detener– con un hermanastro, Jonathan Posadas (alias “Johny White“), a quien le decía: “Estamos pensando en matar al jefe de la Cámpora esta vez“; o los comentarios en un grupo de los “copitos” de una mujer llamada Joana Colman (alias “Joa”) que decía que Sabag había actuado “por plata” y que “en cuatro años” podía salir en libertad.
Los abogados dicen que Capuchetti buscó limitar la pesquisa a Sabag, Uliarte y Carrizo.
Los teléfonos de Carrol
El 29 de septiembre se incorporó a la causa una nota manuscrita de Sabag Montiel donde pedía que un tal Hernán Carrol se hiciera cargo de ponerle y pagarle una defensa privada en reemplazo de su defensor oficial.
Resultó que Carrol integraba la agrupación “Nueva Centro Derecha” ligada a dirigentes como Patricia Bullrich y Javier Milei, según sus publicaciones. También fue candidato a concejal en La Matanza con una lista de José Luis Espert.
Carrol había dado una charla en un vivo de Instagram con Brenda Uliarte días antes del atentado, el 18 de agosto, y luego la invitó junto con Sabag Montiel al cumpleaños de su amigo Martín Almeida, del mismo grupo político.
Carrol tenía mensajes con Uliarte, hasta le ofreció abogado (según aparecía en el celular de ella). La querella pidió el allanamiento y secuestro de sus teléfonos, pero la jueza no hizo nada.
Capuchetti filtró la información sobre Carrol para abortar todo éxito. Luego lo denunció para desligarse.
A Carrol y Almeida los citó 20 días después como testigos. No quería secuestrar los celulares. El propio Carrol ofrecía el suyo. Con la insistencia de la querella, Capuchetti lo secuestró “pero lo dejó irse con otro para ‘no interferir con su trabajo‘ y porque el segundo teléfono ‘era el que usaba para la política‘”, dice la presentación.
La jueza se quedó con la versión de ambos, que dijeron haber visto a Uliarte una vez en su vida, y no investigó la presencia de ella en una marcha de “Nuevo Centro Derecha”. Desde el 3 de noviembre tiene el informe de la PSA que muestra un celular casi vacío.
Impunidad para Milman
El 23 de septiembre declaró un testigo reservado, asesor del diputado Marcos Cleri (FdT), quien dijo que escuchó a Milman en la confitería Casablanca decir, dos días antes del ataque a CFK, “cuando la maten voy a estar camino a la costa” frente a dos mujeres.
La querella pidió medidas. La jueza solo requirió las cámaras. La recusación revela que informalmente les dijo a Ubeira y Aldazabal que Milman no aparecía en las imágenes.
Ellos mismos se pusieron a ver los videos y en pocos minutos lo encontraron.
Se comprobaba en el día y hora señalados por el testigo la presencia del diputado y de las colaboradoras, pero Capuchetti seguía sin profundizar, por ejemplo, si había viajado a la costa.
Para peor, la jueza denunció al testigo por falso testimonio a pedido de Milman sin el más mínimo chequeo.
Recién el 26 de octubre, después que la PSA identificó a las mujeres en las imágenes, Capuchetti las citó a declarar. Una de ellas, Carolina Gómez Mónaco, había sido directora de la escuela de inteligencia del ministerio de Seguridad de Bullrich, a quien Milman secundaba.
Tanto ella como Ivana Bohdziewicz intentaron negar el encuentro y se contradijeron entre ellas. Lo “recordaron” al ver las imágenes.
La jueza no les secuestró los teléfonos, pese a la insistencia de la querella, tampoco pidió un careo.
Tampoco indagó en los extraños proyectos presentados por Milman: uno que anunciaba una suerte de autoatentado de CFK días antes del intento de homicidio y otro que pedía información sobre la custodia de la vicepresidenta y que la redujeran. Fue el mismo día del atentado.
Respecto de Gómez Mónaco, tampoco se investigó una sociedad (Top Studio Obelisco, de danza y fitness) junto con Alejandra Mroue, panelista del programa de Crónica TV donde apareció Brenda Uliarte por primera vez.
La Regla de Tueller
En el allanamiento en la casa de Uiarte, se encontró una nota manuscrita que hablaba de la “regla de Tueller“, una doctrina estadounidense que establece la distancia mínima que necesita una persona para tener posibilidades de defenderse en forma efectiva con un arma de fuego y que era promovida por la exministra Bullrich cuando Milman era su viceministro.
“¿A la jueza le parece normal que alguien del perfil de Uliarte tuviera una referencia a una técnica tan específica y novedosa?”, se preguntan los abogados de CFK.
“Esta querella no conoce ni una sola persona que conozca esta regla: ni abogados, ni penalistas, ni especialistas en criminalística ni policías“, dicen.
Tampoco no hubo medidas sobre esta prueba.
La querella pidió sin suerte rastrear un vínculo entre Carrol y Milman.
“Carrol habría realizado varios viajes al exterior con el jefe de gabinete de la Dirección de Inteligencia Criminal a cargo de Milman el Ministerio de Seguridad durante el macrismo, Fernando Angel Villares. Esta circunstancia no parece ser concordante con el relato de Carrol quien se presentó como una persona casi sin recursos económicos“.
Ni siquiera se libró un oficio a la dirección de Migraciones.
La ruta del dinero
La recusación advierte “la nula investigación de todo aquello relacionado con el financiamiento a Sabag Montiel, Uliarte y Carrizo” pese a que al menos “cuatro testigos diferentes han señalado la probabilidad de que el intento de magnicidio” a CFK “haya estado financiado“.
A eso hay que sumar mensajes hallados en grupos de whatsapp.
La querella señala además que “cada vez hay más vínculos entre Revolución Federal y Uliarte“, quien “parece haber estado como mínimo en dos marchas de esta agrupación“.
Como si fuera poco, la mecánica utilizada por Sabag y Uliarte era la misma que proponía Jonathan Morel, fundador de Revolución Federal.
Pero la jueza insiste en que la organización de ultraderecha, que recibió unos 13 millones de pesos de Caputo Hermanos, debe ser investigada en forma separada.
Visitas a la AFI macrista
Capuchetti visitó al menos seis veces la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) en tiempos en que la comandaba Gustavo Arribas (gobierno de Cambiemos), procesado por espiar a CFK y al Instituto Patria. Fue nombrada jueza con posterioridad.
“La causalidad parece ser visitar la AFI y luego ser nombrada jueza federal”, señalaron.
La reunión de la jueza con el Nº 2 de Clarín
“En las últimas horas ha llegado a los oídos de esta querella que, en los primeros días de la pesquisa, la jueza Capuchetti recibió ‘consejos o más bien indicaciones, respecto de cómo debía tratar mediáticamente el caso y las posibles líneas de investigación que surjan, luego de una reunión de colegas del fuero y camaristas de su propia alzada. Fruto de ello, le habría sido gestionada una reunión con el editor del diario Clarín Ricardo Roa a la cual la jueza concurrió acompañada”, denunciaron los abogados de CFK.
Por todo esto, consideraron que “Capuchetti no es ni objetiva ni subjetivamente imparcial”.
