“Nos une una fraternidad personal y admiración mutua“, dijo Javier Milei sobre Viktor Orbán: En la previa del 24 de marzo, elogió al mandatario húngaro que en 16 años de gobierno puso bajo su control la mayoría de los medios de comunicación y al Tribunal Supremo de su país.
Este fin de semana, el presidente Javier Milei se deshizo en halagos hacia Viktor Orbán durante su visita a Hungría, pese a que durante su administración el líder húngaro se convirtió en un dictador que controla la amplia mayoría de los medios de comunicación de su país y aplasta sistemáticamente los derechos de las minorías.
Milei no solo calificó a Orbán como un “querido amigo”, al tiempo que le expresó “apoyo” y “admiración”, sino que también lo apoyó de cara a las próximas elecciones en su país, que tendrán lugar en abril. Cabe mencionar que el húngaro ya lleva 16 años en el poder de forma ininterrumpida.
Para colmo, el libertario decidió hacer gala de su afecto por el dictador en la previa del Día de la Memoria, que se conmemora en el aniversario del golpe de Estado de 1976 que dejó 30.000 desaparecidos, cientos de bebés robados e incontables víctimas en todo el país.
“Nos une una fraternidad personal y un sentimiento de admiración mutua”
Milei partió hacia Budapest la noche del jueves 19 de marzo y regresó al país el domingo 23. Lo acompañaron su hermana y secretaria general de Presidencia Karina Milei y el canciller Pablo Quirno. Hungría fue el cuarto país que el mandatario visitó en poco más de una semana, luego de sus escalas en Estados Unidos, Chile y España.
La agenda del sábado arrancó con dos reuniones bilaterales: primero, un encuentro con el presidente húngaro Tamás Sulyok en el Palacio Sándor; luego, una reunión con el primer ministro Orbán en el Monasterio Carmelita de Buda.
Por la tarde, Milei participó del cierre de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), foro al que ya había asistido en sus ediciones de Estados Unidos, Paraguay y la Argentina, y recibió el título “Civis Universitatis Honoris Causa” por parte de la Universidad Ludovika.
Fue en el cierre de la CPAC donde Milei concentró sus elogios más encendidos. Abrió su intervención definiendo a Hungría como “un país emblema de lo que es la lucha contra los colectivistas, ya sea en las versiones asesinas de los colectivistas o en las versiones de buenos modales globalistas, wokes, socialistas o zurdos“.
Cabe recordar que el libertario importó el término “woke” de Estados Unidos, donde se utiliza para insultar a quienes se expresan en defensa de las mujeres, las minorías sexuales o distintas comunidades étnicas no alineadas al estándar del hombre blanco heterosexual.
Pese a esto, comentó que Hungría es “una Nación con la que compartimos el amor por las ideas de la libertad y con cuyo Primer Ministro, Víktor Orbán, nos une una fraternidad personal y un sentimiento de admiración mutua”.
El eje del discurso fue lo que Milei denominó “la moral como política de Estado” y la batalla cultural contra el avance del colectivismo. Trazó un paralelismo explícito entre su propia trayectoria y la de Orbán: “Yo siento que con mi amigo Viktor tenemos algo importante en común: ambos empezamos a dar estas batallas mucho antes de que fuera popular darlas”. Y añadió:
“Víktor, en paralelo, fue el primero en pararse frente a toda la Europa bien pensante, de decir lo que nadie quería oír: que Occidente estaba en peligro“.
El mandatario también señaló que el comunismo que antes aparecía “bajo la bandera soviética hoy se muestra bajo otra apariencia: se oculta detrás de múltiples causas nobles y humanitarias, todas en apariencia independientes, pero íntimamente ligadas por una agenda común de guerra contra la tradición y odio hacia todo lo que consideramos bueno, bello y sagrado“.
Definió a Hungría como un país que “decide hacer lo correcto por sobre lo que está bien visto” y situó a Orbán como referente de esa disputa: “Cuando un líder como Viktor Orbán da esa pelea sin pedir permiso, se convierte en un faro para todos los que no aceptamos que el destino de Occidente sea un crepúsculo administrado”.
El presidente cerró su intervención con un mensaje directo al premier húngaro: “Querido amigo Víktor, contás con nuestro respeto, con nuestra admiración y con nuestro apoyo. Hungría tiene en vos un líder de coraje excepcional”.
No fue el primer encuentro entre ambos líderes. En febrero pasado, en Washington, coincidieron en el primer encuentro del Consejo de la Paz impulsado por Donald Trump, con jefes de Estado de 27 países.
Un video que circuló en redes los mostró abrazados, riendo y cantando al ritmo de una canción de Elvis Presley. “Si seguimos así, nos van a separar“, bromeó Orbán en sus redes sociales. Ya antes, el húngaro había estado presente en la asunción de Milei el 10 de diciembre de 2023 en Buenos Aires.
Sin embargo, en este caso el libertario dejó claro que una de las actitudes que admira del húngaro es el extremismo moral con el que se excusa para aplastar las instituciones democráticas y avanzar sobre los derechos humanos, una coincidencia que se vuelve aún más preocupante en un país como Argentina.
El país conmemora este 24 de marzo los 50 años del último golpe de Estado, en el que las fuerzas armadas tomaron el poder excusándose en el mismo tipo de argumentos morales extremistas, como la defensa de la tradición y la presunción de que socialistas y peronistas buscaban destruir lo “bueno, bello y sagrado”.
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Quién es Viktor Orbán, el mandatario que instauró la “democracia iliberal”
Viktor Orbán tiene 62 años, nació en Székesfehérvár y lleva 16 años ininterrumpidos como primer ministro de Hungría, lo que lo convierte en el líder con más tiempo en el poder de toda la Unión Europea.
Su trayectoria política arrancó en 1989 como un joven liberal que reclamaba la retirada de las tropas soviéticas. Tuvo un primer mandato entre 1998 y 2002. Cuando regresó al poder en 2010, impulsó un giro radical hacia un nacionalismo de base cristiana que modificó la arquitectura institucional del país.
Ese proceso fue el que el propio Orbán bautizó en 2014 como “democracia iliberal”: el postulado de que la legitimidad otorgada por las urnas habilita al Ejecutivo a actuar sin límites institucionales.
El Parlamento Europeo calificó ese proceso como “erosión democrática” y es que las políticas de Orbán apuntan a reducir la capacidad de los organismos independientes de auditar las decisiones del gobierno.
Lo alarmante es que Milei viene utilizando una retórica similar para presionar al Congreso, intentando restarle legitimidad a las acciones de los legisladores e, incluso peor, ignorando leyes que no le gustan (como ocurre con la Ley de Financiamiento Universitario, la Ley de Emergencia en Discapacidad e incluso pedidos de interpelación).
En cuanto al líder húngaro, cabe señalar que entre las medidas más concretas de su transformación institucional está la reforma electoral de 2011, que redujo el Parlamento de 386 a 199 escaños y eliminó la segunda vuelta. También nombró jueces afines a su partido en el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo.
Paralelamente, construyó un ecosistema mediático oficialista: según Reporteros Sin Fronteras, el 80% de los medios húngaros está en manos del gobierno o de empresarios alineados con el oficialismo, quienes concentran el 90% de la pauta publicitaria estatal.
El sitio de investigación Direkt 36 reveló que Orbán también presionaba a funcionarios para obtener información, y un proyecto oficialista llamado “Sobre la transparencia en la vida pública” habilita a sancionar a organizaciones que reciban fondos del exterior si el gobierno las considera una amenaza para la soberanía.
En materia de derechos civiles, Orbán prohibió por ley la Marcha del Orgullo, aunque el colectivo LGBTQ+ la realiza igualmente: la última convocó a unas 200.000 personas. El gobierno argumenta que los menores no deben estar expuestos a la homosexualidad y la transidentidad.
El Centro de Investigación en Derechos Humanos señaló que la comunidad gitana es una de las poblaciones más segregadas bajo su gestión. En política exterior, Orbán respaldó públicamente a Putin y retiró a Hungría de la Corte Penal Internacional.
En lo económico, la oficina antifraude de la UE (OLAF) documentó una alta concentración de contratos públicos en el entorno cercano al premier, con licitaciones de obra protagonizadas por empresas vinculadas a aliados personales y familiares.
Orbán afronta elecciones en abril, en un contexto donde el premier concentra la amplia mayoría de los recursos y el control sobre el sistema electoral. Una de las principales incógnitas es si aceptará el resultado o si el resultado propiamente dicho será transparente.
Esta semana, el semanario alemán Die Zeit (referencia del periodismo liberal europeo) publicó un extenso análisis firmado por Márton Gergely, jefe de redacción del semanario húngaro HVG, una de las últimas redacciones independientes del país, en el que sostuvo que el sistema político construido por Orbán podría llegar a su fin:
“El sistema Orbán llega a su fin. Bajo el mandato de Viktor Orbán, Hungría se ha convertido en un Estado fallido. Durante mucho tiempo, Europa fue incapaz de detenerlo. Pero en estas elecciones, es probable que su abuso de poder se vuelva en su contra“.