La maniobra de Luis Caputo con las retenciones tuvo consecuencias inesperadas para el Gobierno de Javier Milei: No solo ubicó a China como uno de los principales ganadores, sino que además golpeó los intereses de Estados Unidos en medio de la guerra comercial.
La maniobra del ministro de Economía Luis Caputo para quitar las retenciones a la soja tenía como objetivo oxigenar las reservas del Banco Central y darle un respiro al gobierno de Javier Milei en medio de la volatilidad cambiaria.
Sin embargo, la medida chocó con los intereses de Estados Unidos y dejó expuesto el valor estratégico de China como socio comercial. La razón es clara: Argentina y Estados Unidos no tienen economías complementarias, sino competitivas. Los dos países producen soja y petróleo, y en principio compiten por el mercado chino.
La eliminación temporal de las retenciones, que estuvo vigente hasta alcanzar el techo de 7.000 millones de dólares en exportaciones declaradas, incluso mereció un comentario del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien exigió el restablecimiento del tributo apenas 24 horas después de implementada la medida.

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China, la gran ganadora de la maniobra de Caputo
La gigante estatal china Cofco, representante del país comunista en el comercio internacional de granos, fue la principal beneficiaria de la eliminación temporal de las retenciones. La compañía logró declarar más de 2,5 millones de toneladas de harina de soja por un valor superior a los 1.200 millones de dólares.
La respuesta del mercado chino fue inmediata y contundente. Según operadores consultados por Reuters, compradores chinos reservaron al menos diez cargamentos de 65.000 toneladas cada uno, apenas horas después del anuncio del gobierno argentino.
Los envíos, programados para noviembre, se pactaron con una prima de entre 2,15 y 2,30 dólares por bushel sobre el contrato de soja de Chicago. “Estos acuerdos se cerraron anoche, después de la decisión de Argentina sobre el impuesto a la exportación. Significa claramente que China no necesita soja estadounidense“, declaró uno de los operadores horas después del anuncio.
El impacto en los mercados asiáticos fue inmediato: los futuros de harina de soja de Dalian cayeron 3,5% y los del aceite de soja retrocedieron 3,8%. La medida disparó la competitividad de la soja argentina en el mercado global, posicionándola como alternativa directa a la producción estadounidense.
ES que la harina de soja argentina representa el 16% del total de las ventas externas del país y más del 40% del complejo sojero. Argentina es líder mundial en el negocio del “crushing” o industrialización de la soja, con plantas de molienda en Rosario y el cordón del Paraná que tienen capacidad de procesar más de 200 mil toneladas por día.
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El malestar de los granjeros estadounidenses
La otra cara de la moneda se observó en Estados Unidos. La American Soybean Association (ASA), que representa a los productores de soja estadounidenses, no tardó en hacer sentir su malestar por las complicaciones para vender su producción al país gobernado por Xi Jinping.
En un comunicado, la entidad señaló que “casi inmediatamente después” del anuncio del paquete de ayuda a Argentina, “se informó que China compró 20 cargamentos de soja argentina tras el anuncio del gobierno argentino de la exención de impuestos”.
Los productores norteamericanos destacaron que Estados Unidos no ha realizado ventas a China en la nueva campaña agrícola debido a los aranceles de represalia del 20% impuestos por el gigante asiático en respuesta a los aranceles estadounidenses.
“Esto ha permitido que otros exportadores, como Brasil y ahora Argentina, se apoderen de nuestro mercado a costa de los agricultores estadounidenses”, señaló la ASA en su comunicado. La organización se sumó a la creciente lista de productores molestos con la política exterior de Donald Trump.
La entidad expresó que “la frustración es abrumadora” y que “los precios de la soja estadounidense están cayendo” mientras “los agricultores leen titulares que no hablan de cerrar un acuerdo comercial con China, sino de que el gobierno estadounidense está otorgando 20.000 millones de dólares en apoyo económico a Argentina“.
Los farmers estadounidenses llamaron al presidente Donald Trump y a su equipo negociador a “priorizar la consecución de un acuerdo inmediato sobre la soja con China”, ya que consideran que “la economía agrícola se resiente mientras nuestros competidores desplazan a Estados Unidos en el mayor mercado importador de soja del mundo”.

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La presión de Bessent contra la quita de retenciones
Ambos factores (el descontento de los sojeros estadounidenses y la ganancia de China) explicaron la posterior intervención de Bessent. El secretario del Tesoro estadounidense anunció que estaba “trabajando con el gobierno argentino para poner fin a las exenciones fiscales para los productores de materias primas que conviertan divisas”.
Sus dichos dan a entender que el gobierno de Donald Trump ya interviene directamente en la política argentina. De hecho, una vez alcanzado el cupo de 7 mil millones de dólares, la administración de Milei no anunció ningún tipo de extensión del beneficio.
Todo esto pese a que se llegó al techo de ventas en menos de tres días, y que las organizaciones que representan a los productores hicieron notar sus quejas por la falta de condiciones del decreto, que permitió que 11 cerealeras se acapararan las ventas (y los beneficios) de la política.
“Normalmente en octubre se liquidan en promedio 1.700 millones de dólares, estamos hablando de cuatro veces más ese número“, advirtió el especialista Javier Preciado Patiño. Según explicó, el restablecimiento de las retenciones beneficia a Estados Unidos de doble manera.
Por un lado, implica la protección de los productores locales y la ‘garantía’ de que Argentina va a obtener divisas para pagar las deudas cada vez más abultadas. “En la pulseada comercial entre China y Estados Unidos, el gigante asiático le dijo a Trump que si sigue tensando la cosa no le va a comprar más soja“, explicó, por eso:
“La medida que tomó Argentina, en este sentido, complica a Estados Unidos porque le facilita a China la compra del grano. Por eso la orden y reacción de Trump con este tema”.
En paralelo, el regreso de los derechos de exportación detendría la escalada del precio de los alimentos y la suba de los costos en dólares para el sector productivo, incluido el campo. La eliminación temporal de las retenciones tiene una influencia clara en el índice de inflación y en todos los eslabones de la cadena, excepto en salarios.
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Pese a todo, Javier Milei elige a Estados Unidos
Ahora bien, el episodio dejó al descubierto una tensión estructural: Argentina y Estados Unidos no tienen economías complementarias, sino competitivas en sectores clave. Cada movimiento impositivo altera la puja por los mercados globales, especialmente el chino.
Las retenciones en Argentina funcionan como una forma de “nivelar” la cancha interna, pero cuando se eliminan, la competitividad de los exportadores argentinos ensombrece a la estadounidense. En Washington lo saben, y por eso la presión de Bessent se disfrazó de consejo técnico aunque respondió a un interés concreto: proteger a sus productores.
Lo irónico del episodio es que una parte importante de la ganancia extraordinaria generada por la medida se la llevó Beijing. Cofco no solo adelantó compras, sino que también aseguró la provisión para las aceiteras y plantas de crushing chinas, que siguen marcando el pulso del comercio global de granos.
Aunque la situación dejó claro por qué para Argentina resulta beneficioso mejorar sus relaciones con China, Javier Milei sigue empeñado en tener a Estados Unidos como su principal socio. La rápida marcha atrás en la política de retenciones evidenció que el gobierno argentino priorizó la relación con Washington por sobre los beneficios comerciales que ofrecía el mercado chino.
En el tablero geopolítico global, Argentina se encuentra en una encrucijada estratégica entre dos potencias que compiten por su producción agrícola. En este contexto, Milei parece haber olvidado su discurso libertario sobre la quita de retenciones para mantener buenas relaciones con Estados Unidos.