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jueves, enero 26, 2023

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Se escuchó el testimonio de una víctima que estuvo más de 60 días secuestrada en La Escuelita

El pasado jueves 27 de octubre se llevó adelante la 35° Audiencia en el juicio por Delitos de Lesa Humanidad conocido como Megacausa Zona 5. En este caso, se escuchó la declaración de una víctima que padeció un secuestro de más de 60 días en el Centro Clandestino de Tortura y Exterminio La Escuelita, así como los testimonios de tres hijos que sufrieron el secuestro y desaparición de sus padres.

La causa cuenta con 37 imputados de las fuerzas Armadas y de Seguridad, acusados de secuestros, torturas, violaciones, asesinatos, desapariciones y robo de bebes durante la última dictadura genocida, en perjuicio de 333 víctimas. Entre tanto, el Tribunal Oral está compuesto por los jueces Ernesto Sebastián, Marcos Aguerrido y Sebastián Foglia.

«Farias y Herrera murieron en La Escuelita»

El primero en declarar fue Rubén Dionisio Acharez, quien en el año 1976 trabajaba en la planta de SanCor, ubicada en la esquina de Berutti y Pedro Pico (Bahía Blanca). Además, se desempeñaba como Secretario General de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera.

El 25 de abril de 1976, Acharez fue secuestrado en su domicilio de Humboldt al 600 por una patota de 3 o más personas vestidas de civil y armados, siendo trasladado en el baúl de un vehículo Ford Falcon al Centro Clandestino «La Escuelita». Al respecto, recordó que:

«Me llevan a ese lugar y escucho que dicen ‘trajimos a uno’. Me bajan, me desnudan, me ponen en una cama sin colchón tipo Jesucristo y me comienzan a torturar con picana, sobre todo en los parpados, nariz, boca, las partes genitales… Haciéndome preguntas».

Acharez relató como luego de ingresar a ese lugar, escuchaba la llegada de otros secuestrados. «Trajeron a Farias, un muchacho de Buenos Aires que era periodista«, relató, «y después cae el Doctor Benamo«.

Además, recordó que en una oportunidad los encontraron hablando y los sometieron a una brutal paliza a todos ellos. A partir de allí, contó, no supieron quiénes eran los demás secuestrados que traían porque ya no podían hablar más, pero sí pudo saber que allí se encontraban Néstor Farias, Mario Herrera y Víctor Benamo, por haber hablado con ellos con anterioridad.

Durante su testimonio, también dio cuenta del ensañamiento de los genocidas con Farias quien había sido chofer de Mario Medina, Diputado Provincial por el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación). «A Farias, no sé por qué, pero fue al que más sentí torturar«, explicó, al tiempo que agregó: «Era torturado todos los días de día y de noche, continuamente torturado».

«Después me entero leyendo el diario que había muerto en un enfrentamiento«, comentó, «lo cual no es cierto, toda una falacia». «La verdad es que junto con el otro muchacho que era periodista de Buenos Aires, murieron ahí en La Escuelita«, añadió.

Por otro lado, la víctima relató que como empezaron a llevar mucha gente al Centro Clandestino, ya no lo torturaban todos los días porque estaban ocupados torturando a otros:

«Después volvían otra vez. Un día me sacan y me tienen colgado todo un día, y encima me ponen… Una animalada, no sé en qué cabeza puede caber… Me ponen alrededor todo alambre de púa. Uno se acalambra estando colgado y los músculos empiezan a doler mucho y si te moves se empieza a clavar ese alambre de púa».

El sobreviviente contó que uno de esos días fue desatado por sus captores, quienes «me hacen vestir y me dicen ‘te vas’«. «Yo pensé ‘bueno ahora me sacan por ahí y chau'», continuó, «No. Me sacan, me suben a un auto y me dejan en una calle paralela al cementerio«.

Posteriormente, otra persona lo recogió en un auto y luego de interrogarlo para cerciorarse si sabía o no dónde había estado, lo dejó en la puerta de su domicilio, recuperando de esta manera su libertad alrededor de 60 días después, según relató.

Desaparición de personas y de Industrias

Acharez aseguró que para entender los motivos de su secuestro es necesario hacer un racconto de lo que sucedía por aquellos años en la ciudad y en el país. «En aquellos años la industria lechera, era una industria bastante desarrollada«, explicó, «había fábricas en Tres Arroyos, en Suarez había tres, en Rivera, Lebucoop».

«Después del golpe toda esa industria desaparece porque Martínez de Hoz estaba muy ligado a la Serenísima, de Mastellone Hermanos», detalló, «que hasta ahí era una empresa mediana y después se torna en un Monopolio«.

Como resultado de estas situaciones conflictivas, asumieron un gran conflicto gremial al cerrar la empresa «La Carlitos», que dejó a todos sus empleados en la calle y a la cual le reclamaban indemnizaciones y reacomodamiento de los obreros en otras empresas del mismo dueño:

«Comienza una lucha gremial donde nosotros teníamos en contra a la CGT, porque estaba Ponce que manejaba la CGT con un montón de… ‘individuos’ que lo apoyaban… Teníamos en contra a la corporación y teníamos en contra a la patronal. No era fácil».

Después de mucho conflicto, lograron acceder al pedido del gremio y los obreros fueron resarcidos. Debido a ese resultado favorable, conseguido por su representación como gremialista, relató estar convencido de que «esa fue una de las causas» de su secuestro. «Yo sabía que las cuentas las tenía que pagar, porque había afectado a un sector sensible de la ciudad», comentó, al tiempo que agregó:

«Sabemos que esta es una ciudad con características muy especiales, que está fuera de otras ciudades: Es una ciudad conservadora, existen determinados estamentos, o hay determinadas familias que son intocables».

«Entonces sabía que en algún momento me iba a tocar y me tocó«, aseguró, «pero tengo que dar las gracias que estoy vivo… Otros no». Luego del golpe, toda acción militante dentro de la empresa SanCor, había sido acallada y erradicada.

Todos estos sucesos impactaron muy negativamente en su familia, disolviendo prácticamente su núcleo familiar, situación que fue agravada por la falta de trabajo estable. Para finalizar su contundente relato, el sobreviviente Rubén Acharez agregó:

«Yo a veces, con perdón de los presentes, no creo mucho en la justicia. Pido perdón, eh, pero realmente quisiera que se hiciera justicia. No por nosotros los que quedamos vivos, sino por aquellos que realmente no están y lo menos que merecen es justicia».

«Y además porque no puede haber impunidad», remarcó, «porque eso hace que se generen otros golpes». «Si no tan bruscos y de forma militar, hay diversas formas de hacer golpes que afecten a la dignidad humana«, concluyó, «eso no puede volver a suceder en este país donde el terror imperaba».

«No lo conocíamos nosotros. Estaba destruido»

Posteriormente declaró su hijo, Adrián Acharez, quien dio cuenta del sufrimiento familiar que el episodio ocasionó, especialmente en él, que era un niño de 10 años, y su hermana dos años más pequeña. Relató que una noche tocaron timbre, su padre salió y no supieron más nada hasta 60 días después, cuando lo devolvieron y dejaron en la vereda de la casa:

“No lo conocíamos nosotros. Estaba destruido, muy mal. Estuvo como 50 días sin caminar… no podía comer, no podía ver el sol, muy flaco, muy golpeado. Calculá que un nene de 10 años que no conozca al papá… es bravo».

En cuanto al trabajo y la vida familiar, contó que a su padre «le cerraron las puertas en todos lados«. «En el gremio no se podía entrar más, en el trabajo no se podía entrar más», recordó, «y en esa época, además, había listas negras y le costaba encontrar trabajo. Hacia changas«.

«Queremos a nuestro Padre»

Para finalizar la jornada, declararon el hijo y la hija de Miguel Santiago Bacasun, secuestrado el 25 de junio de 1976, desde su domicilio en la primera cuadra de calle España de Bahía Blanca.

Bacasun se desempeñaba como bibliotecario en la biblioteca de tribunales de Bahía Blanca, tenía una imprenta en calle Güemes al 200 y había sido profesor en el Colegio La Asunción. Sobrevivientes del Centro Clandestino La Escuelita, dieron cuenta de haber tomado contacto con Bacasun en ese Centro de torturas, aunque la victima aún continúa desaparecida.

Los hijos de Bacasun, Sergio y Patricia, contaban con 7 y 14 años respectivamente y dieron cuenta de manera detallada del procedimiento y despliegue represivo en torno al secuestro de su padre.

Sergio comenzó contando que todos los sábados comían con su padre en la casa de sus abuelos y que ese sábado se encontraron con un operativo militar, donde cargaban todas pertenencias del negocio de su padre de calle Guemes en camiones del Ejército.

Luego de eso, fueron al departamento de calle España a buscarlo y allí supieron que el día anterior se lo habían llevado de allí. A los pocos días, el Ejercito volvió al departamento y también se robaron todo lo que había en él, al igual que con el comercio de Bacasun. Sergio relató que ante las infructuosas búsquedas que realizó:

«No tuvimos nunca novedades. Tuve que pasar de los 7 a los 18 años con la intriga de saber dónde estaba mi padre. Vivíamos encima acá en Bahía Blanca, una ciudad que apoyó a esta dictadura fuertemente, con mucho miedo y con la ilusión de que estuviera en otro lado, que capaz vivía».

Sergio continuó relatando que, a los 18 años, un empleado del correo le contó que conoció a su padre y que supo que estuvo en secuestrado en La Escuelita, y le dio el nombre de Roberto Staheli, una persona que estuvo con él en el Centro Clandestino. Cuando Sergio buscó y habló con Staheli, éste le dijo que «mi padre estuvo secuestrado con él«, y que «lo único que hacía era hablar de nosotros, de mi hermana y de mí, que era lo que más quería, que nos extrañaba mucho».

«Cuando se fue, mi viejo tenía una campera y dice que se la dio y le dijo ‘tomá, usala vos que sos joven, yo ya estoy viejo’«, comentó. Posteriormente se lo habrían llevado a la Base, y no tienen ningún otro tipo de información al respecto.

Para finalizar, Sergio aseguró que «en lo personal la ausencia de mi padre me afectó mucho«. «Yo no tuve hijos por el miedo a alguien hacerle sufrir la pérdida de un padre, como yo la sufrí», remarcó, al tiempo que recordó:

«Las referencias que tengo de mi padre son muy buenas y me hubiera gustado tenerlo conmigo para referenciarme… Pero no, y a mí me lo quitaron… Yo con 7 años… ¿Por qué tenía que perder a mi papá? Para mí fue un orgullo mi padre y todo lo que hizo”.

Montezanti y el rechazo de los habeas Corpus

En el mismo sentido, la otra hija de Miguel Bacasun, Patricia, relató que a pesar de sus cortos 14 años, debió enfrentar no solo la desaparición de su padre y la angustia que a toda la familia eso le provocaba, sino que se tuvo que hacer cargo de la búsqueda, ya que su él estaba separado de su madre y sus abuelos tenían un apellido diferente.

Ella era la familiar más directa con igual apellido y debió asumir esa responsabilidad. «La única que aceptaban que fuera a reclamar era yo«, recordó la mujer, «era muy tremendo».

Patricia relató cómo a la hora de ir a ver un abogado la familia sabía de alguien que estaba a la vuelta de su casa y que era quien se encargaba de estos asuntos. Se llamaba Montezanti. «Mi abuelo le pide de hacer un Habeas Corpus y él le dice que no es posible», explicó, «que no iba a tener efecto». En ese sentido, comentó:

«Todo esto después de varias entrevistas y de contarle todo lo que había pasado. Era como un embudo, no había otros abogados».

Hoy sabemos que Néstor Montezanti, quien se haya imputado por pertenecer a la patota de la Triple A los años previos al Golpe del 76, también fue personal Civil de Inteligencia, según consta en los archivos secretos desclasificados en el año 2010.

Patricia relató con evidente emoción y angustia la situación de tener que entrar al Batallón, durante meses y meses, preguntando y buscando a su padre, y que los militares la hacían entrar sola, a pesar de ir acompañada por su familia:

«Entrabamos a un lugar pasando el hospital del ejército, a un salón muy grande… Yo tenía 14 años y me daba mucho temor. Nos decían que ahí no estaba, que ellos no tenían nada que ver y que, si él no había hecho nada, ya iba a volver a estar conmigo, generando un gran abuso psicológico hacia nosotros».

La Iglesia que no atendía

Patricia contó que sus abuelos eran católicos, como muchas personas familiares de desaparecidos en esa época, y que acudieron a la Iglesia, a Monseñor Rómulo García y a Néstor Navarro. Sin embargo, explicó que «no nos quisieron atender«. «Estos dos personajes, García y Navarro, habían sido compañeros de mi papá en el seminario» y «habían estado en el bautismo de mi hermano, habían comido en mi casa un asado hecho por mi papá».

También recurrieron a un capellán de apellido Menestrina que tampoco les dio ninguna respuesta. Patricia relató que le costaba entender toda esa situación, ya que ella sabía muy bien que «mi papá era un gran papá«. «Era un ser que lo quería todo el mundo», continuó, «sus alumnos, exalumnos, sus compañeros de trabajo». «Era abierto y tan bueno, tan bueno y tan solidario. Era una buena persona«, agregó.

Además de nadie darles respuestas sobre el destino de su padre desaparecido, la familia fue víctima de persecución y vigilancia posterior.

Monseñor Rómulo García y Néstor Navarro

Finalmente, se procedió a seguir reproduciendo el testimonio del sobreviviente Rene Eusebio Bustos, que había comenzado la audiencia anterior y cuya declaración fue brindada en el primer juicio, causa Bayón, el 10 de agosto del 2011.

Trigesimoquinta audiencia de la Megacausa Zona 5 (27 de octubre de 2022)

¿Cuándo siguen las audiencias?

Las audiencias continuarán el día jueves 3 de noviembre, desde las 9 horas, en la sede del Tribunal Oral de Chiclana y Lavalle. Los juicios son Orales y Públicos, y puede concurrir cualquier persona que así lo desee, con su DNI.

Además, las audiencias también se emiten de manera virtual por el canal de YouTube de la subsecretaria de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires.

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