A dos días de la segunda vuelta, Bolsonaro siembra dudas sobre los eventuales resultados

Brasil afronta este domingo la segunda vuelta de las elecciones con la incógnita de si el presidente Jair Bolsonaro aceptará una posible derrota ante Lula da Silva tras sembrar sospechas contra el sistema de votación durante meses, replicando el estilo de Donald Trump. Por otro lado, más de 60 obispos católicos se pronunciaron respecto al balotaje, en clara oposición a uno de los candidatos.

¿Qué hará Bolsonaro?

A pesar de haber bajado el tono a sus amenazas, el líder ultraderechista se mantiene esquivo sobre cuál será su reacción en caso de que pierda ante el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva, favorito en las encuestas.

La semana pasada, el jefe de Estado afirmó en una entrevista con varios medios de comunicación que, si no ocurre nada “anormal”, “no hay por qué dudar del resultado de las elecciones”.

Sin detallar lo que consideraría “anormal”, y contrariando los sondeos, aseguró que se ve favorito por lo que observa “en las calles” y que siente que “hay una diferencia enorme” con respecto a Lula.

“Pero vamos a las urnas, vamos a dejar esa cuestión con la comisión de transparencia electoral”, indicó el capitán retirado del Ejército quien, tras fuertes presiones, consiguió que las Fuerzas Armadas integraran ese órgano de fiscalización.

Desde el Centro de Defensa y Seguridad Nacional (Cedesen) de Brasil, una organización privada que reúne a exministros del área y antiguos militares de alto escalón, creen que si Bolsonaro pierde, “cuestionará el resultado”, como “ocurrió en Estados Unidos” con el entonces presidente Donald Trump en las elecciones de 2020.

Bolsonaro no cuestionó el resultado de la primera vuelta del 2 de octubre, en la que obtuvo el 43,2 % de los votos frente al 48,4 % de Lula, pero días más tarde sugirió, sin pruebas, que el escrutinio avanzó como si estuviera programado por un “algoritmo”.

También se refirió a las urnas electrónicas, que el país utiliza desde 1996 y que no han sido objeto de denuncias desde entonces, como un sistema “obsoleto” y “anticuado”.

Meses antes aseguraba incluso que propiciaban “fraudes” y el año pasado amenazó con no reconocer el resultado, si Lula, ya disparado en las encuestas, ganaba las elecciones.

La duda radica entonces en qué hará el actual mandatario ante una eventual derrota, si la reconocerá -tal como hizo en primera vuelta- o si sembrará las dudas que podrían provocar actos de violencia en un país convulsionado por las diferencias políticas y religiosas.

Obispos católicos tomaron posición

Frente a la segunda vuelta, más de sesenta obispos católicos brasileros reunidos bajo el título “Obispos del diálogo por el Reino”, emitieron una declaración en la señalan que los comicios que enfrentan a Lula da Silva y Jair Bolsonaro “nos enfrentan a un dramático desafío” ante el cual:

“No hay lugar para la neutralidad cuando se trata de decidir sobre dos proyectos de país, uno democrático y otro autoritario; uno comprometido con la defensa de la vida, a partir de los empobrecidos, otro comprometido como una ‘economía que mata’ (citando palabras del papa Francisco); uno que cuida de la educación, la salud, el trabajo, la alimentación, la cultura, otro que menosprecia las políticas públicas, porque desprecia a los pobres”.

Los miembros de la jerarquía católica que suscribieron al documento se identifican como “obispos de la Iglesia Católica de varias regiones de Brasil, en profunda comunión con el Papa Francisco y su magisterio y en plena comunión con la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) que, en ejercicio de su misión evangelizadora, siempre se sitúa en defensa de los pequeños, de la justicia y la paz”.

En el texto hay también una referencia al uso abusivo de la religión y sus símbolos por parte de Bolsonaro.

“El jefe de Gobierno y sus seguidores –dicen-, principalmente políticos y religiosos, abusaron del nombre de Dios para legitimar sus actos y además los usan para los fines electorales”.

Citan también un documento colectivo de la Conferencia Episcopal en el que se señaló que:

“La manipulación religiosa siempre desvirtúa los valores del Evangelio y saca el foco de los problemas reales que necesitan ser discutidos y enfrentados en nuestro Brasil”.

Entrando en otro tema los religiosos afirman que “vivimos cuatro años bajo el reinado de la mentira, el sigilo y las informaciones falsas”. Y agregan que las fake news se convirtieron en “una forma ‘oficial’ de comunicación del Gobierno con el pueblo”.

Sin mencionar a Lula por su nombre, los obispos afirman que “los cristianos tienen capacidad para analizar cuál de los dos proyectos en disputa es más cercano a los principios humanistas y de la ecología integral”.

Y que para ello basta con analizar “con datos y números” y preguntarse “cuál de los candidatos valoriza más la salud, la educación y la superación de la pobreza y de la miseria” y quién disminuyó el presupuesto de salud, de educación y acabó con los programas sociales.

“¿Quién cuidó la naturaleza, principalmente de la Amazonia, y quien incentivó la quema de bosques, el tráfico ilegal de maderas y la minería en tierras indígenas”, se interrogan los religiosos.

A modo de conclusión los obispos subrayan que:

“No se trata de una disputa religiosa, ni de una mera opción partidaria y, tampoco, de escoger al candidato perfecto, sino de una decisión sobre el futuro de nuestro país, de la democracia y del pueblo”.

Saliendo al cruce de eventuales críticas los obispos católicos advierten que “la Iglesia no tiene partido, ni nunca lo tendrá” pero:

“Siempre estará del lado de la justicia y la paz, de la verdad y de la solidaridad, del amor y de la igualdad, de la libertad religiosa y del Estado laico, de la inclusión social y del buen vivir para todos”.

Por tal motivo, dicen, “sus ministros no pueden dejar de tomar partido cuando se trata de defender la vida del ser humano y de la naturaleza”.

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