Carlos Torres Carbonell, ingeniero agrónomo del INTA y la Universidad Nacional del Sur, conversó con Juani Guarino en El Ágora 2025 al aire de Taboo Radio sobre la tercera y última parte del informe de las inundaciones del 7 de marzo en Bahía Blanca, centrándose en Ingeniero White, una de las zonas más afectadas.
El experto explicó las causas técnicas, los factores agravantes y las posibles soluciones para prevenir futuras catástrofes, advirtiendo sobre la necesidad de prepararse ante escenarios climáticos cada vez más extremos.
La compleja dinámica de la inundación en White
La situación en Ingeniero White representó “el sistema más complejo de tratar de estimar y calcular”, según Torres Carbonell. A diferencia del casco urbano de Bahía Blanca, donde el desborde del Napostá fue el factor clave, en White confluyeron múltiples fuentes de agua que llegaron horas después de la lluvia más intensa.
“El caudal de agua de máximo momento, de máxima intensidad de lluvia que llega a White, se da casi 6, 7 horas después del momento de máxima intensidad de la lluvia. Entonces ahí hay un retardo donde los orígenes de ese caudal que llega en un momento a su máximo nivel, que fue aproximadamente 1000 metros cúbicos por segundo”, explicó el especialista.
Para dimensionar esta cifra, Torres Carbonell la comparó con el caudal promedio del río Negro, que oscila entre 900 y 1000 metros cúbicos por segundo, y señaló que representa tres veces la capacidad combinada del canal Maldonado y el entubado del Napostá.
La confluencia de múltiples corrientes de agua hacia White resultó determinante en la magnitud del evento.
“Lo que el Maldonado no pudo evacuar, esos 600 metros cúbicos por segundo, empiezan a seguir su recorrido hacia White a través del paseo de las esculturas, luego el centro de la ciudad, calle Chile, México”, detalló el ingeniero.
A esto se sumó “todo lo que viene de Grunbein y de la zona de aeropuerto Paraje Calderón, que tiene su pendiente hacia lo que sería la rotonda de final de la avenida Brown”. Esta confluencia de aguas se encontró además con la desembocadura del Arroyo Napostá desbordado.
El tipo de suelo de White constituyó otro factor agravante.
“Son suelos recuperados típicamente de humedales, donde la característica es un suelo que tiene poca capacidad de almacenaje de agua. Ya de por sí suele estar cerca su nivel de saturación, entonces todo el agua, que es poco lo que se puede infiltrar, si no tiene una vía de escurrimiento o de salida, tiende a formarse en lagunarse”, explicó.
A estos factores se sumó la pleamar, que complicó la evacuación del agua.
“Eso se junta encima en una situación de poca evacuación por la alta marea. Y por eso se genera, digamos, mayores siniestros porque el agua no se puede evacuar rápidamente como en el centro de la ciudad”, añadió Torres Carbonell.
Compuertas y sistemas de drenaje: claves para entender la situación
Respecto a la controversia sobre las compuertas en White, el especialista aclaró el funcionamiento de estos sistemas anti-retorno, diseñados para proteger a las zonas que están por debajo del nivel de la ruta.
“Las compuertas anti-retorno hacen eso: cuando el mar sube, se cierra sola por la fuerza del mar, entonces no deja penetrar el mar que los inunde, y cuando el mar baja se abre por la misma fuerza y deja que desagote. En cuestión de las mareas de 4 o 5 horas no te genera 2 días de anegamiento, en la medida que esas compuertas funcionan bien”, explicó.
Torres Carbonell consideró que estas compuertas son “un dispositivo excelente” y que fueron “un invento muy inteligente, en una aplicación muy inteligente por la realidad marítima de la localidad”. Sin embargo, sugirió revisar su funcionamiento y evaluar la posibilidad de instalar más donde sea necesario.
Soluciones técnicas para prevenir futuras inundaciones
Entre las principales conclusiones y recomendaciones, el ingeniero destacó la necesidad de ampliar la capacidad del canal Maldonado.
“Si se lograra hacer esta obra de ampliar la capacidad del Maldonado a cerca de 900 metros cúbicos sobre segundo, que fue lo que se recibió en la zona del Parque de Mayo, habría gran parte de toda esa masa de agua que debería poderse evacuar por el Maldonado y no ingresar en la ciudad y terminar en Ingeniero White, Barrio Saladero. Entonces ahí ya esa obra ayudaría muchísimo”, afirmó.
Otras medidas incluyen intervenciones en los campos ubicados cuenca arriba del Napostá, siguiendo el ejemplo de Torquinst, donde desde hace décadas implementan obras para frenar y ralentizar el agua que baja de las sierras.
“En Torquinst tienen muchísima experiencia, estamos hablando más de cuatro décadas, y han tenido que volverlas a hacerle un mantenimiento en el año 2012 con el INTA. Entonces estamos trabajando con los profesionales allá para tratar de hacer una experiencia piloto aguas arriba del Napostá con el mismo objetivo”, comentó.
La importancia del monitoreo y la anticipación
Torres Carbonell enfatizó la necesidad de implementar sistemas de monitoreo en tiempo real, tomando como ejemplo la experiencia de La Plata tras su gran inundación de 2013.
“Ellos a partir de eso incorporaron un centro de monitoreo y todo lo que son mediciones de caudales, además de las alertas del Servicio Meteorológico Nacional, la revisión de los sistemas pluviales y también aguas arriba”, explicó.
Estas medidas de anticipación cobran mayor relevancia ante la realidad del cambio climático.
“En perspectivas, pensando siempre en la Bahía Blanca de 100 años, sabemos que el proceso de calentamiento global se viene comprobando que aumenta, y en la medida que tengamos atmósferas más calientes es más probable que haya niveles de intensidad de lluvia mayores, distintos a los del pasado, con una atmósfera más fría”, advirtió.
El valor de la ciencia y la planificación a largo plazo
En la parte final de la entrevista, Torres Carbonell reflexionó sobre la importancia de la investigación científica y los organismos públicos como el INTA ante los desafíos que enfrenta el país.
“Tener buenos equipos técnicos preparados para las emergencias, que a veces no sabes cuál puede ser como fue esta, te permite cuando la emergencia ocurre, con cuestiones más de tipo que afectan a toda la comunidad, a lo público, tener cuerpos técnicos preparados”, expresó.
Destacó la sinergia necesaria entre el sector público y privado:
“En la experiencia del INTA ha sido siempre en todos los convenios que se hacen de vinculación público-privada con empresas, donde conocimientos más de tipo que por ahí a priori no generan una idea de rentabilidad, van surgiendo, y en la medida que vas avanzando en el conocimiento o en la investigación del evento, del fenómeno, ahí vas viendo, ‘ah, esto es comercializable'”.