Sin muchas explicaciones, el Gobierno de Javier Milei firmó un nuevo tratado comercial con Estados Unidos: El articulado anticipa un nuevo golpe para la industria nacional, aunque para entrar en vigencia el acuerdo todavía debe ser aprobado por el Congreso.
Tras firmar un acuerdo para garantizarle la provisión de minerales críticos a Estados Unidos, ahora el gobierno de Javier Milei anunció la firma de un tratado comercial con la administración de Donald Trump. El canciller Pablo Quirno rubricó el documento este jueves en Washington junto al representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer.
Aunque fue presentado como una forma de impulsar las exportaciones y las inversiones en el país, lo cierto es que el articulado propone una relación comercial a medida de Estados Unidos y amenaza con dar un nuevo golpe a la industria argentina.
Sin ir más lejos, el acuerdo establece reducciones arancelarias asimétricas, cuotas preferenciales y compromisos regulatorios que reconfiguran el comercio bilateral en favor de la potencia norteamericana.
Sin embargo, el oficialismo deberá enviar el tratado al Congreso de la Nación, que decidirá si se aprueba o no. El presidente confía en que “los legisladores entiendan la responsabilidad que tienen por delante para estar a la altura de esta oportunidad sin precedentes”, según indicó la Oficina del Presidente.
Un acuerdo a la medida de Estados Unidos
El análisis detallado de los términos del acuerdo revela una apertura significativamente asimétrica que favorece a Estados Unidos, que solo hará concesiones en productos primarios, para los que ya tiene un mercado robusto con el que deberán competir las exportaciones argentinas.
Mientras Argentina se compromete a eliminar aranceles para 221 posiciones y reducir al 2% otras 20, además de otorgar cuotas para diversos productos, las concesiones estadounidenses se concentran principalmente en productos primarios y manufacturas de origen agropecuario de bajo o mediano contenido tecnológico.
Las posiciones arancelarias que Argentina abrirá incluyen máquinas, material de transporte, dispositivos médicos, productos químicos y autopartes, sectores en los que Estados Unidos tiene ventajas estructurales, alta productividad y capacidad exportadora consolidada.
Es decir que la industria metalmecánica, que produce bienes intermedios y finales vinculados a maquinaria y equipos, competirá con importaciones que llegan con financiamiento, escala y soporte tecnológico. En otras palabras, las empresas locales (que operan con costos más altos y menor acceso al crédito) deberán hacer frente a importaciones con muy bajos costos de producción.
El complejo químico enfrentará una situación similar, donde Estados Unidos exporta insumos básicos y especializados que ingresarán con menores barreras, afectando la producción local destinada tanto al mercado interno como a la exportación regional.
El capítulo automotor es uno de los más sensibles. El acuerdo prevé cuotas para vehículos y una reducción arancelaria para autopartes. Aunque Estados Unidos no es hoy el principal proveedor de autos de Argentina, tiene una industria altamente competitiva en segmentos específicos y una fuerte integración con cadenas globales.
La apertura de cuotas y la baja de aranceles a autopartes favorece el ingreso de componentes y unidades terminadas, en un contexto en el que la industria automotriz argentina enfrenta problemas de escala, integración local y demanda.
En el sector de la Salud, la eliminación de aranceles para dispositivos médicos y medicamentos no patentados ampliará el acceso a productos estadounidenses. Estados Unidos es líder en exportaciones de tecnología médica de alto valor, lo que beneficia a importadores y prestadores, pero reduce el margen de la producción nacional de equipamiento y de laboratorios locales.
El sector agropecuario también ve señales de alarma. El acuerdo incluye la apertura al ganado bovino vivo de Estados Unidos, el ingreso de aves de corral en un plazo de un año y la aceptación de denominaciones para quesos y carnes. Estas concesiones se suman a un mercado interno con consumo estancado y a sectores que ya operan con márgenes ajustados.
Mientras Argentina obtiene una ampliación de la cuota de carne bovina hasta 100.000 toneladas, lo que permitiría incrementar cerca de 800 millones de dólares las exportaciones en 2026, Estados Unidos consolida su presencia en segmentos donde Argentina no tiene poder de negociación equivalente.
En materia de acero y aluminio, Estados Unidos solo ratificó su “compromiso de revisar oportunamente los aranceles” de la Sección 232, sin eliminación inmediata ni garantías cuantificables. Para Argentina, en cambio, la apertura es concreta y con plazos definidos.
En comercio digital y de datos, se establece un marco que favorece a startups, fintech y empresas tecnológicas, lo que podría implicar que Argentina no pueda aplicar regulaciones a las grandes compañías tecnológicas estadounidenses como Amazon, Google, Microsoft y Apple.
Además, el acuerdo consolida la decisión del gobierno de demoler los organismos técnicos de estandarización y control que funcionan en la órbita estatal, como el INTI y el INTA. Los productos de Estados Unidos podrán ingresar a Argentina con solo contar la autorización del ente de estandarización estadounidense.
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La firma del acuerdo y su envío al Congreso
El acuerdo fue firmado en la capital estadounidense por Quirno y Greer, en una ceremonia que el canciller argentino celebró en sus redes sociales. “Acabamos de salir de la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco entre Argentina y Estados Unidos”, dijo, al tiempo que agregó:
“Felicitaciones a nuestro equipo y gracias al equipo del United States Trade Representative por construir juntos este gran acuerdo. La Argentina será próspera!”.
El embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, también se pronunció sobre el pacto: “Argentina y EE.UU. firman histórico acuerdo comercial. Ambas naciones unidas como verdaderos socios serán más seguras, más fuertes y más prósperas”.
La Cancillería argentina adelantó que Estados Unidos eliminará aranceles recíprocos para 1.675 productos y concederá una ampliación a 100.000 toneladas para el acceso preferencial de la carne bovina a su mercado, lo que “asegura en el año 2026 un adicional de 80.000 toneladas, que se suman a las 20.000 toneladas con que ya cuenta nuestro país”.
Cabe mencionar que muchos de estos productos pasarán a tener aranceles estándar. Es decir que su situación volverá a la previa al “Día de la Liberación” del 2 de abril de 2025, cuando Trump impuso aranceles recíprocos a todo el mundo.
Por su parte, Argentina eliminará aranceles para 221 posiciones arancelarias, como máquinas, material de transporte, dispositivos médicos y productos químicos, reducirá al 2% otras 20 posiciones, principalmente autopartes, y otorgará cuotas para vehículos, carne y otros productos agrícolas.
El gobierno presentó el acuerdo como parte de su estrategia de inserción internacional, destacando que Argentina es el primer país de América del Sur en firmar un acuerdo de esta magnitud con Estados Unidos.
Según la Oficina del Presidente, el entendimiento “consolida una relación estratégica entre ambos países basada en la apertura económica, en reglas claras para el intercambio internacional, y en una mirada moderna de la complementariedad comercial”.
El acuerdo será remitido al Congreso para su correspondiente tratamiento, conforme a lo establecido por la Constitución Nacional. Aún no está confirmado si el proyecto se tratará durante las sesiones extraordinarias de febrero, que ya tienen una agenda cargada con la Reforma Laboral y la Ley Penal Juvenil, o si ingresará en marzo para las sesiones ordinarias.
Quirno explicó posteriormente que el acuerdo representa “el primer paso que nos va a llevar a discusiones para un tratado de libre comercio en el futuro que lo que va a hacer es ratificar y profundizar este acuerdo”.