La inflación de febrero llegó al 2,9%, y nuevamente alimentos y tarifas lideraron las subas de precios: El resultado alejó aún más la promesa de la inflación cero de Javier Milei, aunque aún no llegó a medir el impacto de la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El INDEC publicó este jueves los datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero de 2026, que arrojó una suba del 2,9%, idéntica a la registrada en enero.
La inflación acumula así nueve meses consecutivos sin descender y se aleja cada vez más del horizonte que prometió el presidente Javier Milei: una inflación mensual que comenzara con “un cero adelante” hacia mediados de este año.
El panorama se complica aún más si se tiene en cuenta que la medición de febrero todavía no incorpora el impacto del conflicto bélico en Medio Oriente, que ya presiona sobre los precios del petróleo y el gas a nivel global, y que trae a la memoria el golpe que sufrió la economía argentina durante la guerra entre Rusia y Ucrania iniciada en 2022.
Tarifas y alimentos lideraron la suba inflacionaria
El IPC de febrero se ubicó en 2,9%, lo que elevó la inflación acumulada en el primer bimestre del año a 5,9%. Ese número cobra particular relevancia porque el gobierno había incluido en el Presupuesto una proyección de inflación anual del 10%: en apenas dos meses ya se consumió más de la mitad de esa meta.
A ese ritmo mensual, la inflación proyectada para el año supera el 40%. La inflación interanual llegó a 33,1% respecto de febrero de 2025, con una leve aceleración frente a los meses anteriores.
La división que más subió en el mes fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un incremento del 6,8%. El aumento respondió principalmente a la actualización de tarifas de gas, electricidad y agua, junto con cambios en los esquemas de beneficiarios de tarifa con y sin subsidio. En algunos casos puntuales, la electricidad subió 12,1% en el mes.
En segundo lugar se ubicó Alimentos y bebidas no alcohólicas, con una suba del 3,3%, impulsada principalmente por carnes y derivados. Dentro de ese rubro, algunos productos mostraron variaciones llamativas: el pollo subió 10,2%, la carne picada 7,1% y el asado 5,7%. El aceite de girasol aumentó 4,5% en el mismo período.
Se trata de un rubro sensible, porque los aumentos de precios afectan particularmente a los sectores más vulnerables y sus consumos esenciales. Al otro extremo, las divisiones con menor variación fueron Bebidas alcohólicas y tabaco (0,6%) y Prendas de vestir y calzado (0,0%).
Por categorías, los precios regulados fueron los que más subieron, con un alza del 4,3%. El IPC núcleo (que excluye estacionalidades y regulados) trepó a 3,1%, su nivel más alto desde mayo de 2025 y una aceleración respecto del 2,6% de enero. Los precios estacionales fueron los únicos que registraron una baja, del 1,3%.
La distinción entre bienes y servicios también es ilustrativa: los servicios subieron 4% en el mes, mientras que los bienes lo hicieron 2,3%, lo que confirma que la inflación se concentra cada vez más en rubros vinculados a tarifas y servicios.
A nivel regional, el Noroeste registró la mayor suba mensual (3,5%), seguido por Cuyo (3,4%) y el Noreste (3,1%). El Gran Buenos Aires fue la región con menor variación, con 2,6%.
Las señales de cara a marzo no son alentadoras. La consultora LCG relevó que, en la segunda semana de marzo, los precios de alimentos y bebidas subieron 1,1% en una semana, la segunda semana consecutiva con aumentos superiores al 1% semanal.
El promedio mensual de las últimas cuatro semanas se ubicó en 3,7%, y en lo que va de marzo la inflación acumulada ya alcanza 2,7%. Los rubros que más empujaron fueron Carnes (5,3% en cuatro semanas), Bebidas (4,9%), Panificados, cereales y pastas (4,3%) y Lácteos y huevos (3,5%).
Caputo dice que hay “un proceso de corrección de precios”
Horas después de conocido el dato, el ministro de Economía, Luis Caputo, salió a justificar el número a través de su cuenta en X y volvió a apelar a la “pesada herencia” pese a que el propio Milei había establecido que la inflación avanza con 16 meses de retraso, por lo que -según su postura- el indicador actual ya lleva varios meses reflejando el programa libertario.
“La economía argentina todavía se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos, tras más de dos décadas de acumular distorsiones que generaron estancamiento del nivel de actividad y el empleo y una tendencia inflacionaria creciente“, escribió el funcionario.
Y agregó que “esta corrección es fundamental para asegurar el orden macroeconómico” y que el equilibrio fiscal y el control monetario “permitirán que la inflación converja por primera vez en décadas a niveles internacionales”.
El argumento contrasta con lo que el propio Caputo había declarado apenas unos días antes. A principios de marzo, el ministro había asegurado que “en febrero la inflación será más baja que en enero“, aunque admitió que sería “difícil” precisar cuánto.
Y había señalado que “mientras nosotros nos mantengamos en este curso, para agosto de este año la inflación podría empezar con 0 y, sino, será más tarde”. El dato publicado este jueves desmintió ese pronóstico: el IPC de febrero fue exactamente igual al de enero.
Pero la discusión sobre los números de inflación no se agota en las proyecciones fallidas. Hay un capítulo previo que involucra directamente la decisión del gobierno de no actualizar la metodología de medición del IPC.
Cabe recordar que el titular del INDEC, Marco Lavagna, renunció al cargo argumentando que el Ejecutivo se negaba a medir correctamente la evolución de los precios. La nueva metodología, que Lavagna impulsaba, le otorgaba mayor ponderación a los servicios respecto de los bienes en la canasta de medición.
Si esa actualización hubiera sido aplicada, el IPC de febrero habría resultado más alto que el 2,9% publicado, dado que en ese mes los servicios subieron 4%, casi el doble que los bienes. La intervención en el organismo estadístico postergó ese cambio metodológico hasta que, según palabras del propio Caputo, “el proceso de desinflación se consolide“.
No le dan los números: Caputo se metió en el INDEC para proteger el relato libertario sobre la inflación
¿Cómo impactará el conflicto en Medio Oriente?
El 2,9% de febrero fue calculado sobre precios relevados antes de que el conflicto en Medio Oriente impactara de lleno en la economía global. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, que respondió atacando bases estadounidenses en la región y cerrando el estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del petróleo de la región.
El impacto fue inmediato en los mercados. El precio del petróleo Brent, referencia habitual para Argentina, rozó los US$ 120 el barril el 8 de marzo.
Aunque luego bajó, se ubica actualmente en torno a US$ 100, lo que representa un incremento del 25% respecto del valor previo al inicio de los ataques (US$ 72). En las primeras horas del conflicto, el WTI llegó a US$ 96 y el Brent a US$ 101, en los máximos desde el fin de la pandemia en 2022.
El CEO de YPF, Horacio Marín, intentó restarle importancia. Dijo que la nafta “va aumentando muy poco, pero va aumentando“, aunque recomendó: “si tenés que cargar nafta mañana, cargá hoy”. Lo insólito es que aseguró que la compañía “no va generar cimbronazos en los precios de los combustibles”.
Los números ya muestran lo contrario: la nafta súper aumentó 6% en marzo respecto de febrero en la Ciudad de Buenos Aires, y casi 10% frente a enero. Según estimaciones de la consultora EcoGo, cada 10% de aumento en la nafta suma 0,38 puntos a la inflación.
El precio del gas natural también se disparó al inicio del conflicto (hasta un 50%, aunque luego volvió a sus valores previos) y la inestabilidad en la región amenaza con encarecer las importaciones de gas natural licuado (GNL), que Argentina debe adquirir en el exterior durante el invierno para cubrir la mayor demanda estacional.
La consultora Econviews alertó que, de mantenerse la situación actual, “las importaciones de GNL pueden volverse más caras”, lo que a su vez podría derivar en facturas más altas para los consumidores o en un aumento del gasto en subsidios por parte del Estado.
El conflicto también amenaza con impactar en los precios de los alimentos. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo advirtió en un informe reciente que la situación en Medio Oriente “podrían elevar los precios de los alimentos e intensificar las presiones sobre el costo de vida”.
Uno de los canales de transmisión es el del Estrecho de Ormuz: su bloqueo afecta también la llegada de fertilizantes como la urea, lo que podría complicar la siembra de trigo entre mayo y julio, según advirtió la economista Antonella Semadeni, de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA).
En el sector aerocomercial, los efectos ya se sienten. Aerolíneas Argentinas anunció que implementará transitoriamente un recargo por combustible de entre US$ 10 y US$ 50 por tramo en vuelos regionales e internacionales, y de $7.500 por tramo en vuelos de cabotaje.
En el plano financiero, la consultora Invecq señaló que el riesgo país volvió a acercarse a los 600 puntos básicos, en un contexto en el que los inversores migran capitales de mercados emergentes hacia activos de mayor seguridad. GMA Capital advirtió que “en un contexto de mayor aversión al riesgo global, el acceso a financiamiento externo tendería a encarecerse”.
Finalmente, si el petróleo caro genera inflación persistente en Estados Unidos, la Reserva Federal podría verse presionada a subir las tasas de interés en lugar de recortarlas. Una suba de tasas encarecería el crédito externo para la Argentina y volvería más competitivos los bonos del Tesoro norteamericano frente a los activos locales.
No le dan los números: Caputo se metió en el INDEC para proteger el relato libertario sobre la inflación
El recuerdo de la guerra entre Rusia y Ucrania
El escenario actual reaviva un precedente reciente. Cuando Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero de 2022, durante la presidencia de Alberto Fernández, la economía argentina absorbió un impacto múltiple que se extendió a lo largo de todo ese año y el siguiente.
En materia energética, el efecto fue contundente. Las importaciones del complejo petrolero-petroquímico prácticamente se duplicaron en dólares: pasaron de US$ 7.147 millones en 2021 a US$ 14.138 millones en 2022, a pesar de que las cantidades importadas crecieron menos del 4%. Los rubros más afectados fueron el gasoil, el GNL y el gas natural importado por gasoductos.
El impacto en los fertilizantes también fue severo. Rusia es el principal exportador global de urea, cuya producción depende en gran medida del gas natural. Las cantidades de fertilizantes importadas por Argentina cayeron más del 31%, aunque la factura en dólares creció más del 20% por el salto en los precios internacionales.
Los costos de transporte marítimo acompañaron la tendencia. Argentina pagó en 2022 fletes por más de US$ 4.100 millones, casi 40% más que en 2021, y cerca de tres veces lo abonado en 2020. Esto ocurrió mientras se embarcaba un 7% menos de volumen de exportaciones agroindustriales respecto del año anterior.
El conflicto entre Rusia y Ucrania también generó oportunidades para la agroindustria argentina, cuyos principales complejos vieron crecer sus exportaciones en dólares. Sin embargo, el impacto positivo de la mejora de precios en los productos exportables no alcanzó para compensar el mayor gasto en energía, fertilizantes y fletes.
El superávit comercial argentino se redujo a más de la mitad: pasó de US$ 14.751 millones en 2021 a US$ 6.923 millones en 2022. La incertidumbre global que generó la guerra también afectó los mercados financieros.
El índice de volatilidad VIX promedió en 2022 un 30% por encima del nivel de 2021, lo que encareció el acceso al financiamiento externo y desalentó potenciales inversiones en economías emergentes como la argentina. A eso se sumó una suba de tasas de interés a nivel mundial que desaceleró la actividad económica global y encareció el crédito.
La situación actual guarda similitudes con aquel episodio. Con una inflación que ya lleva nueve meses sin ceder y que en dos meses consumió más de la mitad de la meta anual del gobierno, el conflicto en Medio Oriente agrega una variable de difícil predicción al tablero de precios de los próximos meses.