A contramano del relato oficial, el 77,6% de los argentinos afirma que su salario perdió frente a la inflación y cada vez más se suman a la creciente lista de críticos de las estadísticas del INDEC. ¿Cómo llegan los argentinos a fin de año?
El más reciente estudio de la consultora Zentrix reveló que, a contramano del relato oficial del presidente Javier Milei, el 77% de los argentinos afirma que sus salarios no le ganaron a la inflación.
La encuesta, además, puso en evidencia la creciente desconfianza hacia las estadísticas oficiales del INDEC, con casi seis de cada diez consultados expresando que los números publicados no representan su realidad económica.
¿Cómo llegan los argentinos a fin de año?
El más reciente Monitor de Opinión Pública (MOP) elaborado por Zentrix Consultora muestra un panorama social marcado por el deterioro del poder adquisitivo y la incertidumbre para el final del año 2025.
Según el relevamiento, el 77,6% de los argentinos sostiene que su salario perdió frente a la inflación, pese a que el libertario insiste en que los sueldos están cada vez mejor y que “los argentinos viven cada día mejor gracias al modelo libertario”, como mencionó hace pocos meses a través de sus redes sociales.
La autopercepción de clase también refleja este deterioro: el 64% de la población se identifica actualmente como clase media baja o baja, evidenciando la presión sostenida sobre los ingresos reales durante el año. La evaluación de la situación económica general es aún más crítica: el 55,3% de los encuestados la califica como negativa.
Uno de los hallazgos más significativos del estudio es el nivel de desconfianza hacia las cifras del INDEC, que volvió a incrementarse en diciembre. El 59,7% de los encuestados afirma no sentirse representado por el dato de inflación que publica el organismo público.
Se trata de un fenómeno que se profundizó en un contexto marcado por la controversia en torno al Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), a cuyas últimas mediciones se le hicieron “correcciones” que, casualmente, permitieron al oficialismo evitar que se hable de una recesión.
El organismo debió salir a aclarar el dato de crecimiento interanual del 5% registrado en septiembre, así como reajustes al alza en los datos de agosto, julio y meses previos. Estas correcciones modificaron sustancialmente la lectura de la tendencia económica en favor del relato libertario.
Según el INDEC, los salarios promedio aumentaron 2,5% mensual y 43,1% interanual en octubre, superando a la inflación que creció 2,3% respecto a septiembre y 31,1% en comparación con octubre de 2024. Sin embargo, el análisis detallado explica por qué esto contrasta con la percepción general.
Los salarios registrados públicos y privados (que representan el 70,07% del total) se ubicaron por debajo de la inflación, con aumentos de 2,0% mensual y 31,0% interanual. Por su parte, los salarios no registrados (19,93% del total) fueron los que más subieron, registrando aumentos de 4,2% mensual y 113,2% interanual.
En cuanto a la encuesta, cabe mencionar que sus resultados también revelan el impacto del deterioro del ingreso, que se refleja con claridad en los patrones de consumo de fin de año. El 48,5% de los encuestados afirma que su gasto para las fiestas resultará inferior o muy inferior al del año pasado, en línea con la pérdida de poder adquisitivo registrada durante 2025.
Las mesas de Navidad y Año Nuevo funcionaron como indicadores concretos del ajuste cotidiano: menor volumen de consumo, sustitución de productos y una conducta defensiva que reemplazó al consumo expansivo tradicional.
La presión sobre el bolsillo se profundiza al analizar la posibilidad de tomarse vacaciones. El 39,3% de la población declara no contar con recursos económicos para viajar este verano, convirtiendo al acceso al descanso en un umbral social que separa estabilidad de vulnerabilidad.
Incluso entre quienes mantienen alguna capacidad de viaje, predominan estrategias de ajuste como escapadas cortas o turismo de cercanía. Cuando se les pidió a los encuestados que definieran 2025 con una sola palabra, la nube de respuestas estuvo dominada por términos de fuerte carga negativa.
Entre los más notables están palabras como “desastre“, “destrucción“, “horrible” y “espantoso“. En contraste, “esperanza” emerge como la principal palabra positiva, aunque asociada a una expectativa futura más que a la experiencia del año transcurrido. Algo similar a lo ocurrido a fines de 2024, cuando se esperaba una mejora para el año siguiente.
“Con salarios que no alcanzan y precios percibidos como desalineados, el cierre del año encuentra a una porción creciente de la población ajustando consumos, postergando gastos y enfrentando mayores dificultades para llegar a fin de mes, en un clima generalizado de incertidumbre económica”, afirmaron desde la consultora. El informe concluye que:
“La coexistencia entre un léxico mayoritariamente ligado a la crisis y la incertidumbre económica y social, y la presencia persistente de la esperanza, refleja con precisión el cierre de 2025: salarios que no alcanzan, consumo ajustado y un clima generalizado de fragilidad. El resultado es un balance social predominantemente negativo, atenuado por la expectativa de que el año siguiente pueda marcar un punto de inflexión a través de cambios concretos”.
El Monitor de Opinión Pública de diciembre incluyó 980 casos válidos con cobertura nacional y fue realizado mediante un diseño muestral ponderado por región y edad según el último padrón electoral.
La recolección de datos se efectuó a través de un cuestionario autoadministrado en línea, con difusión controlada y posterior depuración de duplicados y registros inválidos. El margen de error teórico se estima en ±3,13%, con un nivel de confianza del 95%.
Cada vez más críticas a la metodología del INDEC
La desconfianza revelada por la encuesta de Zentrix no es un fenómeno aislado. Diversos analistas económicos han cuestionado la metodología utilizada por el organismo estadístico para medir indicadores clave de la economía argentina.
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) elaboró un informe que cuestiona la medición de la pobreza, del salario de los trabajadores no registrados, del Índice de Precios al Consumidor (IPC), de las estadísticas de turismo y del EMAE.
Al analizar la evolución del salario del empleo no registrado, se observa que entre la asunción de Milei y mayo de 2025 (último dato disponible para salarios no registrados), este segmento salarial creció 27,2% en términos reales, desvinculándose significativamente del resto de los grupos de trabajadores.
Este indicador surge de las respuestas de los hogares relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). A partir del cuarto trimestre de 2023, el INDEC introdujo cambios metodológicos orientados a medir mejor la calidad del empleo y los ingresos.

Con las nuevas preguntas, ahora se captan con mayor precisión los ingresos no laborales como la Tarjeta Alimentar, las pensiones no contributivas y el programa Progresar. “Sin embargo, el organismo no informó en qué medida estas modificaciones afectan la comparabilidad con las series históricas”, sostuvo el informe del CEPA.
El problema con el indicador de IPC refiere a la canasta de consumo, considerada no representativa del consumo actual de los argentinos. El INDEC utiliza ponderadores basados en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004/05, una estructura que quedó desfasada tras dos décadas de cambios en los hábitos de consumo.
“No resulta posible interpretar la demora en la actualización de la canasta y de los ponderadores como una mera omisión técnica. Por el contrario, la evidencia sugiere que se trató de una decisión deliberada, con efectos directos sobre la medición de la inflación en el período analizado“, criticó el CEPA.
Los cambios se vieron profundizados a partir de los fuertes incrementos tarifarios registrados desde la asunción del actual gobierno.

Según la ENGHo 2017/2018, se registró un crecimiento del porcentaje de gasto que los hogares destinan a servicios como agua, electricidad y gas desde 9,4% a 14,5%, un incremento en “Transporte” de 11% a 14,3%, en “Comunicaciones” de 2,8% a 5,2% y una reducción de la ponderación de los alimentos de 27% a 22,7%.
Para el año próximo se prevé, desde enero, cambiar la forma de medir la inflación, los salarios y la pobreza. “La corrección, de todas formas, no resuelve el problema actual, ya que las modificaciones se aplican hacia adelante, sin corregir los indicadores hacia atrás“, detalló el CEPA.
Lo más llamativo es que la última medición oficial del INDEC mostró que la pobreza pasó del 52,9% en el primer semestre de 2024 al 31,6% en la primera mitad de 2025, una baja de más de 21 puntos porcentuales en apenas un año. Sin embargo, estimaciones privadas revelan que la mejora fue menor y que parte del descenso se explica por factores metodológicos y no económicos.
Si se corrige la medición ajustando la canasta básica total a los ponderadores 2017/2018 y además se adapta con la mejor captación de ingresos que tiene el INDEC desde mitad de 2024, la pobreza representaría el 42%, es decir, 11 puntos más de los que indica el organismo estadístico.

La medición de la incidencia de la pobreza utiliza una Canasta Básica Alimentaria (CBA) que proviene de la ENGHo 1996/97, mientras que la inversa del coeficiente de Engel deriva de la Encuesta de Gasto de Hogares 2004/05.
De esa encuesta surge que el 38,4% del gasto se destinaba a alimentos, mientras que el 61,6% restante se utilizaba para los rubros no alimentarios, proporciones que no reflejan la realidad actual.
Las estimaciones alternativas muestran que, en lugar de una baja de 21 puntos porcentuales, la reducción de la pobreza entre el primer semestre de 2024 y el de 2025 sería de entre 14 y 16 puntos.
Si uno tiene en cuenta que fue durante el gobierno de Milei que la pobreza aumentó a más del 50%, el resultado implica que el nivel actual de pobreza es similar al de finales de la gestión de Mauricio Macri y apenas inferior al cierre del gobierno de Alberto Fernández, muy lejos de la caída pronunciada que sugiere la serie oficial.