El PBI retrocedió entre un 0,5% y un 1% durante el segundo trimestre de 2026, según varias consultoras privadas que contradicen las proyecciones optimistas que repite el gobierno de Javier Milei. Advierten que el impulso de sectores como minería y energía no alcanzaron para compensar la caída de todos los demás rubros.
Varias consultoras privadas coinciden en que la actividad económica retrocedió hasta un 1% durante el segundo trimestre de 2026, un dato que contradice las proyecciones optimistas difundidas semanas atrás y que aleja cada vez más la promesa que repite el Gobierno de Javier Milei sobre una recuperación sostenida en la segunda mitad del año.
La actividad económica se contrae
Según estimaciones de cinco consultoras privadas relevadas por la agencia Bloomberg, el PBI argentino habría caído entre el 0,5% y el 1% en el segundo trimestre, en la comparación desestacionalizada contra los primeros tres meses del año.
El dato marca un contraste con lo que preveía el mercado apenas un mes atrás: el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de junio proyectaba una expansión del 0,6% para el mismo período.
El antecedente inmediato había sido alentador. El PBI creció 0,7% trimestral entre enero y marzo, por encima de lo previsto, y 2,3% en la comparación interanual, de acuerdo con datos del INDEC. El organismo dará a conocer las cifras oficiales del segundo trimestre recién el 17 de septiembre, mientras que el nuevo REM se difundirá este jueves 6 de agosto.
Entre las proyecciones privadas, Invecq estima una contracción del 0,6% (cifra que confirma el economista Santiago Bulat). Fernando Marull, de FMyA, plantea el escenario más severo, con una baja del 1%, explicada principalmente por el deterioro de la industria, la construcción y la actividad comercial.
En el otro extremo, Salvador Vitelli, de Romano Group, calcula la caída más moderada, del 0,5% desestacionalizado, aunque destaca la posibilidad de un crecimiento interanual del 1,5%.
Para Lorenzo Sigaut Gravina, economista de Equilibra, el retroceso habría sido del 0,8% desestacionalizado, con una suba interanual de apenas 1%, a la que calificó como “una tasa muy baja“. Con esa dinámica, la actividad volvería a ubicarse en niveles similares a los del cuarto trimestre de 2025.
El economista sostuvo que “la actividad económica en el segundo trimestre sorprendió a la baja”, y remarcó que el crecimiento acumulado en el primer semestre, de poco más de 1,5%, quedaría muy por debajo del 3% que el REM esperaba para todo el año.
Sigaut Gravina también describió un mapa sectorial desparejo. Según explicó, salvo el agro, la minería y la energía, el resto de las actividades no muestra dinamismo. “Están estancados, algunos creciendo poquito, otros cayendo un poco, pero en promedio no hay crecimiento o, al menos, no es generalizado“, sostuvo. El economista explicó:
“El empleo privado formal de calidad se sigue destruyendo por goteo, y lo que se genera son nuevos puestos de trabajo, pero al final, monotributo o informalidad, con ingresos mucho menores de los que tenían aquellos puestos formales privados de calidad que se destruyen en el sector asalariado”.
A su criterio, la clave pasa por entender por qué, fuera de los rubros ligados a los recursos naturales y al RIGI, el resto de los sectores no logra reactivarse, en un contexto donde “la demanda interna está frenada” y los sectores transables golpeados por el tipo de cambio, como la construcción, sufren especialmente.
La consultora EcoGo calculó una caída similar, del 0,6% desestacionalizado, y del 0,8% interanual. Su economista, Honorio Zabaleta, señaló que el trimestre se sostuvo casi exclusivamente por las exportaciones, que crecieron 19,6% interanual, y que “están volando“.
Según su análisis, “se destaca mucho la caída del consumo y de la inversión (en el segundo trimestre), amortiguada por el crecimiento de las exportaciones y la caída de las importaciones”.
Zabaleta también marcó un contraste entre rubros: el sector de bienes creció en torno al 3,2% interanual, mientras que los servicios y los impuestos a los productos tuvieron un desempeño mucho más débil.
El otro dato que preocupa es el laboral. Según el REM de junio, la tasa de desocupación del segundo trimestre se ubicaría en 7,7% de la población económicamente activa, una suba de 0,1 punto porcentual respecto del relevamiento anterior, aunque 0,1 punto por debajo del mismo trimestre de 2025.
Milei y Caputo perdieron el superávit del que venían presumiendo
No es el único frente complicado
La desaceleración de la actividad no es el único problema que el mercado empieza a mirar con atención de cara al segundo semestre y a un año que será electoral. Según fuentes del sector financiero, empiezan a aparecer “luces amarillas” dentro del plan económico, entre ellas el frente fiscal, el consumo estancado y una mayor demanda de cobertura en dólares.
Eric Paniagua, socio de PX Capital, señaló que la evolución del tipo de cambio, la confianza del consumidor y la actividad económica serán las variables centrales a monitorear a medida que se acerque 2027, ya que —dijo— pueden funcionar como indicadores de cómo podría votar el electorado.
En ese sentido, la confianza del consumidor se ubicó en 40,67 puntos en julio, con una caída mensual del 4,8% y una baja interanual del 12,3%, según la Universidad Di Tella. El nivel de actividad, por su parte, mostró un crecimiento interanual de apenas 0,2% en mayo y una caída mensual del 0,5%, de acuerdo con el Indec.
Andrés Reschini, de F2 Soluciones Financieras, ubicó al ingreso disponible de las familias como otra de las variables sensibles, por su peso sobre el consumo. Según datos de Equilibra, en mayo el ingreso disponible registrado de 14,5 millones de personas volvió a caer 2,1% mensual y 5,1% interanual, y quedó 16,5% por debajo del promedio de enero-septiembre de 2023.
Para Reschini, “eso tiene consecuencias en el grado de apoyo social al Gobierno y alimenta a la incertidumbre de cara a las elecciones de 2027”. El economista también apuntó como factores a seguir la suerte de los proyectos de reforma que el Ejecutivo envía al Congreso y la volatilidad del precio del crudo a nivel internacional.
En el plano fiscal, un informe de Fundación Capital advirtió que sostener el superávit “se ha vuelto más complejo”. En junio se registró un déficit primario por primera vez para ese mes desde el inicio de la actual gestión, por $0,7 billones.
Mientras tanto, la deuda flotante habría aumentado $2,2 billones, uno de los registros más altos en términos reales desde que asumió la actual administración. Los ingresos cayeron 5% real interanual en el semestre, frente a una baja del gasto más moderada, del 2%.
El mismo informe remarcó que el superávit primario acumulado en el primer semestre fue el más bajo para ese período de toda la gestión: 0,65% del PBI, contra el 0,9% de 2025 y el 1,19% de 2024.
Para cumplir la meta comprometida con el FMI, el Gobierno necesitará lograr en la segunda mitad del año un resultado equivalente al 0,75% del PBI, superior al del primer semestre y en un período en que los gastos suelen ser más altos.
El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) proyectó, para el segundo semestre, una caída real interanual del 1,3% en los ingresos tributarios bajo un escenario pesimista, y una baja total de ingresos del 1,2%.
En simultáneo, estimó que el gasto primario indexado subiría 0,4% real, por lo que, para alcanzar la meta fiscal del 1,4% del PBI acordada con el FMI, el gasto primario no indexado debería caer 11,9% real interanual.
El BCRA cortó la acumulación de dólares pese a que Georgieva pidió que “sigan comprando”
La cuestión del dólar, cada vez más presente
A la par de la desaceleración económica y las tensiones fiscales, también crecen las diferencias internas sobre el nivel del tipo de cambio. Mientras el equipo económico de Luis Caputo sostiene una estrategia de contención del dólar, en el entorno del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, empiezan a cuestionar ese rumbo cada vez con menos sutileza.
Lucas Llach, un hombre cercano a Sturzenegger (aunque sin cargo formal), afirmó en una entrevista con Maxi Montenegro en Ahora Play que el dólar está “forzado hacia abajo”.
Llach cuestionó las explicaciones oficiales sobre la desaceleración: “¿Cuál es la hipótesis oficial de por qué la economía está a baja intensidad? El riesgo Kuka ya no puede ser. El riesgo país es de 400 puntos”, dijo.
También descartó que el fenómeno se explique solo por la apertura comercial o el cambio estructural: “Cuando se habla de dos velocidades dicen que es lógico que la industria caiga por las importaciones o por el cambio estructural. Pero, aun suponiendo que eso pudiera argumentarse para la industria, en la construcción no”, sostuvo.
Sobre el sector de la construcción, agregó: “La construcción tiene insumos en dólares más baratos por la apertura, si querés. ¿Y por qué falla? Porque el costo de construir es muy alto respecto a los precios”.
Y comparó el presente con los años noventa: “Cero no es una tasa de crecimiento para una Argentina que está en una revolución de recursos naturales, orden fiscal y reformas. A principios de los 90 el crecimiento era del 5, 6 o 7%”. A continuación, sentenció: “A mí no se me ocurre otra hipótesis que un tipo de cambio que está forzado hacia abajo”.
Esa mirada no es aislada dentro del círculo de Sturzenegger, uno de los funcionarios con mejor vínculo con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, quien lo incorporó este año a un Consejo Asesor del organismo.
Según trascendió, durante una cena en el Palacio Duhau, Georgieva planteó ante empresarios que el dólar debería estar más alto y que al FMI no le preocupa el impacto que eso tenga sobre la inflación, en el marco de un pedido para que el país acumule más reservas.
Esa postura choca con la estrategia que despliegan Milei y Caputo. En las últimas semanas, el Gobierno intervino para evitar que el dólar mayorista superara la zona de los $1.500, algo que quedó reflejado en movimientos inusuales de la cuenta del Tesoro en el Banco Central.
Esa intervención se confirmó en los últimos días. Tras dos meses de subas graduales y ante una jornada de fuerte presión cambiaria en la que el Banco Central optó por no intervenir, el Tesoro Nacional inyectó USD 145 millones en el mercado para contener la cotización.
El vocero presidencial, Adrián Ravier, había generado ruido semanas atrás al admitir que el dólar podría llegar a $1.800 en el corto plazo, aunque la dinámica del mercado muestra otra cosa.
El principal mecanismo de contención fue, hasta ahora, la venta de títulos dollar linked, que permite a los inversores atar sus tenencias en pesos a la devaluación oficial y así absorber presión sobre el mercado cambiario.
Según el balance cambiario del BCRA, el martes pasado el Tesoro debió salir a vender reservas líquidas ante la insuficiencia de esa cobertura financiera. Un informe de Portfolio Personal de Inversiones (PPI) precisó que julio cerró con una suba marginal del 0,2% en el tipo de cambio oficial, que retrocedió 0,8% en la última semana hasta los $1.485.
Desde PPI detallaron que, el 28 de julio, día en que se fijó el valor del bono D31L6, el Banco Central se desprendió de USD 415 millones en instrumentos atados al dólar, equivalentes al 93,6% del volumen operado esa jornada.
Ese mismo día, el Tesoro sumó los USD 145 millones ya mencionados. En total, se estima que el BCRA liquidó USD 1.500 millones en dólar linked durante julio, después de haber vendido unos USD 2.300 millones en junio.