De la Aduana a la impunidad: ¿Qué pasó con las valijas de Leonardo Scatturice?

El juez Yadarola sepultó cualquier posibilidad de investigar qué había en las valijas que ingresaron al país en un avión de Scatturice, pero con el escándalo quedaron bajo la lupa los vínculos del empresario con el gobierno de Milei y la política norteamericana.

La decisión de Yadarola de archivar la causa de las valijas libertarias es un alivio para Leonardo Scatturice, pero el escándalo dejó expuestos los vínculos del empresario con el gobierno de Javier Milei y la política norteamericana.

La semana pasada, el Senado aprobó el pliego del juez Pablo Yadarola, que le permite asumir en la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, en Comodoro Py, y este jueves el gobierno de Javier Milei publicó el decreto que oficializa su designación.

Lo llamativo es que un rato antes de dejar de ser titular del Juzgado Nacional en lo Penal Económico N° 2, Yadarola archivó la causa que investigaba el ingreso de diez valijas al país en un avión privado de Leonardo Scatturice, que en febrero de 2025 no pasaron por ningún control de la Aduana al llegar a Aeroparque.

Su argumento es que hay “límites probatorios estructurales”. Puntualmente, porque el delito de contrabando exige precisar qué mercadería había en los bultos y probar que existió un acuerdo entre viajeros y funcionarios para evadir el control.

Realmente no está muy claro por qué en ningún momento se registró qué había en las valijas. El propio Yadarola reconoce que no hubo escaneo, la denuncia tardó en oficializarse y las autoridades de Estados Unidos no brindaron la información que se les pidió al respecto.

Es -cuanto menos- curioso que el juez haya tomado esta decisión justo después de que lo ascendieran a camarista, especialmente considerando los lazos de Scatturice con la política. Pero, Yadarola no es ajeno a hacer negocios turbios.

De hecho, él fue uno de los participantes de aquel famoso viaje a Lago Escondido de 2022 junto a funcionarios macristas, directivos de Clarín y colegas del poder judicial, como Juan Bautista Mahiques (casualmente, actual ministro de Justicia, la cartera que impulsa y tramita las designaciones judiciales).

¿Qué pasó con las valijas de Leonardo Scatturice?

Para entender lo llamativo del episodio del avión, lo mejor es desmenuzar un poco qué pasó y quiénes están implicados. El 26 de febrero de 2025 aterrizó en el Aeroparque Jorge Newbery un avión privado de Royal Class, la empresa de Scatturice, proveniente de Miami.

A bordo viajaba una sola pasajera, Laura Belén Arrieta, gerente corporativa de OCP Tech y directiva de la franquicia CPAC en Argentina, junto a los dos tripulantes y diez valijas que ingresaron al país sin ninguna revisión aduanera.

En un primer momento el entonces vocero presidencial, Manuel Adorni, negó que las valijas existieran y aseguró que Arrieta había sido registrada como corresponde. Poco después, las propias imágenes del aeropuerto lo desmintieron.

A eso se sumó el testimonio de un policía aeroportuario, que relató haber visto a Arrieta entregarle su celular a la empleada de Aduana Cintia Cali. Tras esa llamada, el tema pasó a manos de la vicejefa de la Aduana en Aeroparque, Silvana Abalsamo de Silva, que hizo pasar a la tripulación por una fila especial para sortear los escáneres haciendo el gesto de “siga, siga”.

Cuando la Justicia pidió el registro de llamadas del celular de Abalsamo, apareció un dato adicional: en medio del episodio había recibido una llamada de Jorge Lista, jefe de la División Aeroparque de la Dirección General de Aduanas.

Ni Cali ni Abalsamo fueron citadas a declarar sobre el contenido de esas comunicaciones. Lista sí declaró, pero antes de que se conociera la llamada, y cuando lo hizo no mencionó nada al respecto.

El propio Milei se refirió al tema el año pasado. Primero calificó la investigación como “una pelotudez grande como una casa” y sostuvo que no hubo irregularidades; después la redujo a una cuestión de criterio aduanero. Consultado por Scatturice, dijo conocerlo “de nombre” y afirmó que, si pasara por su lado, ni siquiera sabría quién es.

En cuanto al empresario, cabe mencionar que viene del mundo de la inteligencia y, ya en el sector privado, se asoció al lobbista estadounidense Barry Bennett en la firma Tactic Global, desde donde empezó a relacionarse con el gobierno a través de Santiago Caputo, asesor de Milei y coordinador en las sombras de la SIDE.

Aunque el libertario insiste en que no lo conoce, lo cierto es que Scatturice logró quedarse con al menos 21 contratos con el Estado desde que Milei es presidente, entre ellos uno con la SIDE para organizar reuniones entre funcionarios argentinos y estadounidenses.

El empresario también funciona como uno de los nexos entre la administración libertaria y el gobierno de Donald Trump, en buena medida a través de la CPAC: fue uno de los principales armadores de la Conferencia de Acción Política Conservadora en Buenos Aires y en otros países de la región, el mismo evento que le permitió a Milei codearse con el republicano.

Con ese mapa de relaciones de fondo, la situación de Yadarola adquiere otro peso: sepultó una causa que podía salpicar a los Milei justo antes de asumir en un tribunal que definirá otros expedientes sensibles para el gobierno, como la causa por la estafa de $LIBRA y la causa ANDIS.

¿Cuál es el límite de la batalla cultural?

El segundo tema de la semana tiene que ver con la escalada retórica del gobierno en el marco de su “batalla cultural”. Milei encabezó un viaje breve a Chile para reunirse con José Antonio Kast y con Sarah Rogers, subsecretaria para la Diplomacia Pública del gobierno estadounidense.

Pero lo más comentado de la visita fue su discurso en el Encuentro Regional del Foro Madrid, organizado por una fundación ligada al partido español Vox. Las redes se quedaron con un furcio: leyendo su propio discurso, Milei dijo que “está claro que nunca nuestro modelo funcionó”.

Fuera de ese traspié, el resto fue un discurso bastante previsible, con las críticas habituales a periodistas y a la izquierda. Lo que merece más atención es lo que dijo sobre Chile, porque deja expuestas las contradicciones (y los peligros) de su sistema de valores.

El libertario reivindicó el golpe de Estado de Augusto Pinochet contra Salvador Allende en 1973, y sostuvo que “tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años”, sin mencionar las violaciones a los derechos humanos ni la ruptura del orden democrático que caracterizaron a la dictadura.

Insistió en presentar a la izquierda como “el mal”, volvió varias veces sobre la Unión Soviética y llamó a organizar a la derecha regional bajo la idea de que “esta es una batalla a nivel global”, antes de pedir enfrentar al “cáncer de la izquierda”.

Lo más extraño es que poco después comenzó a auto percibirse como demócrata, porque retomó la insólita idea de que el Congreso intentó derrocarlo a él: “Aun en aquellos territorios que creíamos haber conquistado, está el socialismo esperando que nos descuidemos para volver al poder. En 2025 intentaron un golpe de Estado”, dijo.

De fondo aparece una lógica preocupante: para Milei, el fin parece justificar los medios. Resulta problemático que un presidente elogie un golpe de Estado cuando coincide con sus políticas económicas y, al mismo tiempo, ponga en duda la democracia cuando esas mismas políticas son cuestionadas.

El discurso en Chile termina de mostrar que la victimización por el supuesto golpe de Estado funciona como una careta pseudodemocrática, que sostiene cuando las cosas no le salen como quiere y abandona cuando está “entre amigos” de ultraderecha.

A la par, Milei insiste en insultar y arengar los ataques contra periodistas. Ahora, su insulto favorito es decirles “mierdas humanas”. Previamente, ya ha intentado relacionar a la oposición con enfermedades, insectos, ratas, etc. La semana pasada incluso arengó a los estudiantes de la Escuela ORT de la Ciudad de Buenos Aires (estudiantes de secundaria, vale remarcar) a abuchear a los periodistas.

“Si quieren abuchear más fuerte a los periodistas, se los voy a festejar”, dijo. Frente al mismo grupo, también cargó contra el marxismo con un insólito paralelismo religioso: “El programa marxista es un programa satánico que en lugar de traer el paraíso trae el infierno, es el programa opuesto al programa de Dios”.

La pregunta es hasta dónde será capaz de llevar su “batalla cultural” el libertario ahora que las próximas elecciones están en el horizonte. Después de todo, se trata de alguien que cree estar llevando adelante el programa de Dios.

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