Estados Unidos retiró carne argentina de sus mercados y no es la primera vez que la falta de controles afecta las exportaciones, aunque el episodio también ilustra cómo las desregulaciones de Federico Sturzenegger van a contramano de lo que hacen las principales potencias, que imponen controles estrictos a sus importaciones.
Estados Unidos ordenó retirar del mercado cerca de 13.600 kilos de carne vacuna argentina que había llegado a comercios de Texas y Florida sin pasar por los controles sanitarios obligatorios.
No es la primera vez que un cargamento de producción argentina es cuestionado en el exterior por fallas de este tipo: el episodio se repite con una frecuencia creciente desde que el Gobierno de Javier Milei, a través del ministro Federico Sturzenegger, puso en marcha su plan de desregulación de los controles agroalimentarios.
El caso no solo pone en riesgo la imagen de Argentina como proveedor confiable de alimentos, sino que además deja en evidencia que la política desregulatoria del gobierno avanza en sentido contrario al de las principales potencias mundiales, que en los últimos años endurecieron las exigencias sanitarias para lo que circula en sus mercados.
Estados Unidos retira carne argentina del mercado
El Servicio de Inocuidad e Inspección de Alimentos (FSIS), organismo que depende del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), comunicó el retiro el viernes pasado.
Según su versión, la mercadería (unas 29.900 libras, equivalentes a 13,6 toneladas) no fue sometida a la reinspección de importación que exige la normativa federal antes de que un cargamento extranjero pueda comercializarse.
La empresa señalada es Corte Argentino, importadora con sede en Aventura, Florida, responsable de haber introducido al país productos elaborados en mayo por el Frigorífico Gorina SAIC.
Los cortes retirados incluyen cuadril sin tapa, ojo redondo (peceto), nalga sin tapa, carnaza cuadrada y bola de lomo, todos identificados con el número de establecimiento “EST. N° OF. 2025” y la marca de envío “26644-AA”. Las fechas de consumo o congelamiento se ubican entre el 15 y el 20 de septiembre de 2026.
El FSIS clasificó el caso como Clase I, la categoría más alta dentro de su sistema de retiros, aunque aclaró que la irregularidad detectada fue administrativa y no un hallazgo de contaminación. El importador habría omitido un proceso en el USDA.
Hasta el momento no se registraron enfermedades ni lesiones vinculadas al consumo de estos productos. Tampoco se explicó públicamente en qué punto de la cadena se omitió el control: si la falla ocurrió en el envío desde Argentina o ya en territorio estadounidense, y quién tenía la responsabilidad de presentar el cargamento ante la reinspección.
Cabe recordar que hace casi un año, el presidente estadounidense Donald Trump había anunciado una ampliación de la cuota de importación libre de aranceles desde Argentina, de 20.000 a 100.000 toneladas anuales, como parte de un acuerdo con Milei orientado a bajar los precios internos de la carne en Estados Unidos.
La medida generó rechazo entre las principales cámaras ganaderas estadounidenses, y economistas como Glynn Tonsor, de la Universidad Estatal de Kansas, relativizaron su impacto real sobre los precios, dado que la carne argentina representa apenas un 2% de las importaciones totales del país.
Tonsor explicó en su momento que la suba de precios responde a factores estructurales: “Siempre habrá incertidumbre en el mundo. Pero cuanto más incierto sea algo, menos probable será que la mayoría de la gente arriesgue su dinero”.
El consumo de carne vacuna cayó a su nivel más bajo en 20 años en medio de la crisis salarial
No es la primera vez que se rechazan exportaciones
El rechazo en Estados Unidos se suma a una serie de episodios similares registrados en los últimos meses, coincidentes con el proceso de desregulación sanitaria impulsado por Sturzenegger desde el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado.
En marzo, China rechazó 22 toneladas de carne argentina y suspendió las exportaciones de una planta del frigorífico ArreBeef, ubicada en Pérez Millán, partido de Ramallo, tras detectar cloranfenicol, un antibiótico prohibido en la producción ganadera argentina desde 1995 y vedado para el consumo humano.
El hallazgo obligó al SENASA, junto con la Cancillería y la Secretaría de Agricultura, a activar un protocolo de investigación y a evaluar el envío de una misión técnica a China para intentar revertir la medida, que afecta a los embarques posteriores al 19 de marzo.
Ese mismo mes, Bulgaria rechazó un cargamento de semillas de girasol proveniente de Argentina al detectar niveles de malatión y deltametrina que superaban entre tres y cinco veces los límites permitidos por la Unión Europea, con otros diez buques en tránsito por unas 440.000 toneladas adicionales.
A ello se suma el caso de Chile, que tras la flexibilización de la barrera sanitaria patagónica dispuesta por la Resolución 460/2025, suspendió temporalmente la importación de carne ovina y bovina de la región por temor al ingreso de fiebre aftosa.
También se registraron demoras operativas vinculadas al recorte presupuestario del 20% en el SENASA, que derivaron en la pérdida temporal del estatus de país libre de scrapie (tembladera ovina), lo que trabó exportaciones a Uruguay y Paraguay.
Al igual que China, Chile bloqueó el ingreso de carne argentina por las desregulaciones de Sturzenegger
El impacto de la desregulación en la marca Argentina
Para trabajadores y ex funcionarios del organismo sanitario, estos episodios no son hechos aislados sino síntoma de un deterioro estructural en la capacidad de control del Estado.
Mercedes Cabezas, trabajadora del SENASA y secretaria adjunta de ATE, sostuvo que la reputación internacional de los controles argentinos está en juego: “La marca Argentina, por los controles de calidad y sanidad, eran modelo en el mundo, pero esa reputación se está poniendo en duda”.
Según describe el gremio, la planta del organismo pasó de 6.000 trabajadores en 2023 a menos de 4.900 en la actualidad, en un contexto de salarios que quedaron por debajo de la línea de pobreza, entre $1 millón y $1,3 millones con exclusividad laboral.
Cabezas advirtió sobre el límite de esa estructura: “El control se sostiene por la sobrecarga de quienes permanecen. No sé hasta cuándo más se puede aguantar, estamos al límite de la capacidad operativa”.
El ex vicepresidente del SENASA, Carlos Milicevic, vinculó directamente la pérdida de controles con la política de desregulación: “Con el pretexto de desregular, solo se bajan los estándares sanitarios y de control para facilitar las importaciones de productos veterinarios, herbicidas y demás”. Y agregó:
“El organismo atraviesa una situación delicada; a las intromisiones políticas se le suma la poca valoración que se da a sus agentes, que con magros salarios buscan otros horizontes laborales, y este deterioro lo podemos pagar muy caro”.
Cabezas remarcó que los rechazos ya no pueden explicarse como hechos puntuales: “Cualquier enfermedad que aparezca en el consumo interno rápidamente se traslada a frigoríficos exportadores. Y eso nos preocupa”.
“Ya vimos cargamentos devueltos: carne desde China, girasol desde Bulgaria. Eso refleja problemas que ya no se pueden tapar y que tienen que ver con la baja capacidad operativa del organismo”, agregó. También advirtió sobre el riesgo sanitario interno, más allá del comercial:
“El sistema funcionó durante décadas justamente porque evitaba estos problemas. Argentina no tuvo grandes epidemias en los últimos 50 años por la calidad de sus controles. Si eso se debilita, el deterioro es inevitable”.
En el caso del cargamento a Estados Unidos, el principal responsable de los problemas administrativos sería la empresa importadora, aunque el operativo llevado adelante por la entidad de control del país reveló otro dato alarmante.
Mientras Argentina reduce sus controles, los principales mercados del mundo (en particular la Unión Europea, pero también Estados Unidos) avanzan en la dirección contraria, con exigencias cada vez más estrictas sobre residuos químicos y trazabilidad completa de los productos, desde el transporte hasta el almacenamiento.
En ese escenario, Cabezas planteó una advertencia final sobre el riesgo de perder mercados que costó años recuperar: “Argentina logró recuperar mercados después de crisis sanitarias, como ocurrió con la fiebre aftosa. Pero si ahora se percibe una baja en los controles, esos mercados pueden volver a cerrarse”.

