El opositor del partido conservador Tisza, Péter Magyar, se impuso en las elecciones de Hungría y terminó con 16 años de gobierno de Viktor Orbán, a Javier Milei había expresado su apoyo de cara a los comicios durante su última visita al país europeo.
Este domingo Hungría eligió un nuevo parlamento y el resultado sacudió el mapa político europeo: el primer ministro Viktor Orbán, líder del partido ultranacionalista Fidesz, fue derrotado de forma contundente por el opositor Péter Magyar, del partido conservador Tisza.
Con más del 90% de los votos escrutados, Tisza obtuvo 138 de los 199 escaños del Parlamento, lo que le otorga una mayoría de dos tercios, cinco escaños por encima del umbral mínimo de 133. Fidesz se quedó con apenas 55 bancas y el partido de extrema derecha Mi Hazank con 7.
La participación electoral superó el 77,8%, la más alta desde la transición de Hungría a una democracia liberal, superando ampliamente el 67% de 2022 y el 68% de 2018. Desde las primeras horas de la jornada, con colas visibles en los centros de votación, quedó claro que la elección no sería ordinaria.
Orbán reconoció su derrota en un breve discurso, calificando el resultado como “doloroso” pero “claro”. “La oportunidad y la responsabilidad de gobernar no nos fue asignada a nosotros”, afirmó, y anunció que el espacio político que conduce continuará activo “desde la oposición”.
También agradeció a los 2,5 millones de electores que lo respaldaron y aseguró que “nunca, nunca, nunca se rendirá”. Antes de su discurso, llamó personalmente a Magyar para felicitarlo.
Magyar, por su parte, celebró la victoria ante una multitud concentrada frente al Parlamento en Budapest. “Lo hemos conseguido. Tisza y Hungría han ganado. Hemos recuperado nuestro país”, dijo. También destacó la magnitud del mandato recibido: “En la historia democrática de Hungría, ningún partido ha tenido un mandato tan fuerte“.
El resultado pone fin a 16 años ininterrumpidos de gobierno de Orbán, quien llegó al poder en 2010 y desde entonces acumuló cuatro victorias electorales consecutivas, con reformas en el proceso electoral que hasta ahora le habían ayudado a cosechar buenos resultados.
Javier Milei se queda sin uno de sus aliados en Europa
La relación entre Orbán y el presidente argentino Javier Milei fue uno de los vínculos bilaterales más visibles dentro de la llamada internacional conservadora que ambos contribuyeron a articular en los últimos años.
El primer gesto concreto ocurrió el 10 de diciembre de 2023, cuando Orbán fue el único jefe de Estado europeo presente en la asunción de Milei en Buenos Aires, marcando públicamente su respaldo al nuevo mandatario argentino desde el primer día de su gobierno.
Ambos dirigentes también coincidieron en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), el espacio de articulación de líderes de derecha a nivel internacional que funcionó como escenario recurrente de esa alianza.
En febrero de 2026 volvieron a verse en Estados Unidos, en el marco del denominado “Board of Peace”, una iniciativa impulsada por el presidente Donald Trump dedicada a impulsar los negocios inmobiliarios del empresario en Gaza, en la que participaron ambos.
El momento más reciente de esa relación fue la visita de Milei a Budapest el 21 de marzo de 2026, apenas semanas antes de las elecciones húngaras.
El presidente argentino fue recibido en el Monasterio Carmelita de Buda, sede del gobierno, acompañado por su hermana Karina Milei y el canciller Pablo Quirno. En esa visita, Milei calificó a Orbán como un “querido amigo” y le expresó “apoyo” y “admiración” de cara a los comicios.
Orbán, por su parte, había respaldado públicamente las políticas de Milei en reiteradas oportunidades. En 2024 elogió su propuesta de ajuste, simbolizada en la “motosierra”, y sugirió que Europa debía prestar atención al “experimento argentino”.
La derrota electoral del domingo deja a Milei sin uno de sus principales referentes dentro del escenario político europeo. Aunque Magyar también es un conservador, lo cierto es que es el más moderado de las tres opciones de derecha que se votaron en Hungría.
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A Orbán no le alcanzó ni con el apoyo de Trump
La campaña electoral húngara tuvo una dimensión internacional inusual. Orbán recibió el respaldo explícito de varios líderes y gobiernos extranjeros en las semanas previas al voto, aunque ninguno de esos apoyos logró revertir la tendencia que marcaban las encuestas.
El apoyo más resonante fue el de Donald Trump. El presidente estadounidense envió en marzo al secretario de Estado Marco Rubio a Budapest, y en la semana previa a las elecciones, al vicepresidente J.D. Vance.
Trump también prometió públicamente todo el apoyo de la economía estadounidense a Hungría si Orbán se mantenía en el poder. Sin embargo, según el análisis de analistas políticos y diplomáticos europeos, el respaldo de Trump terminó funcionando en sentido contrario al esperado, ya que su figura genera rechazo creciente en parte del electorado europeo.
Cabe recordar que el republicano había ensayado una promesa similar en Argentina, que funcionó más como una amenaza al electorado, antes de que su imagen se desplomara por la apertura de conflictos en distintos puntos del mundo.
Entre los líderes europeos que respaldaron a Orbán se contaron la primera ministra italiana Giorgia Meloni, el español Santiago Abascal y la francesa Marine Le Pen. El premier eslovaco Robert Fico y el exprimer ministro checo Andrej Babis también evitaron sumarse a las felicitaciones a Magyar tras conocerse los resultados.
Frente a ese cuadro, la victoria de Magyar fue recibida con alivio y entusiasmo por la mayoría de los líderes europeos. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, celebró el resultado en redes sociales afirmando que “el corazón de Europa late con más fuerza en Hungría”.
El nuevo gobierno de Magyar podría permitir la liberación de fondos de la UE a Hungría que Bruselas había suspendido por lo que calificó como erosión de los estándares democráticos. Además, la salida de Orbán priva a Vladimir Putin de uno de sus aliados (por oposición a la UE) dentro del bloque europeo.
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Lo que deja Orbán tras 16 años en el poder
La etapa de Orbán al frente de Hungría estuvo marcada por una profunda transformación institucional que convirtió al país en una suerte de autocracia electoral y que el propio Orbán denominó en 2014 como “democracia iliberal”: la tesis de que la legitimidad electoral habilita al Ejecutivo a actuar sin límites institucionales.
Su regreso al poder en 2010 (tras un primer mandato entre 1998 y 2002) inauguró un proceso de reformas estructurales que modificaron el funcionamiento del Estado.
En 2011 reformó el sistema electoral, reduciendo el Parlamento de 386 a 199 escaños y eliminando la segunda vuelta, en un diseño que favorecía a las zonas rurales frente a las ciudades y que estaba pensado para beneficiar al Fidesz. Esa misma arquitectura, sin embargo, resultó insuficiente frente a la participación masiva del domingo.
Designó jueces afines en el Tribunal Constitucional y en el Tribunal Supremo, y concentró el poder judicial dentro de la órbita del oficialismo. Usó la guerra en Ucrania como argumento para declarar el estado de peligro en 2022, lo que le permitió avanzar por decreto en su agenda de gobierno.
En materia de medios de comunicación, construyó un ecosistema informativo casi totalmente alineado con el poder. Según Reporteros Sin Fronteras, el 80% de los medios húngaros está en manos del gobierno o de empresarios cercanos al oficialismo, quienes concentran el 90% de la pauta publicitaria estatal.
La oficina antifraude de la UE (OLAF) documentó una alta concentración de contratos públicos en el entorno del premier, con licitaciones adjudicadas a empresas vinculadas a sus aliados personales y familiares.
Magyar, quien trabajó para el Fidesz hasta hace dos años, centró buena parte de su campaña en este punto, junto con la situación económica: Hungría registró la mayor inflación de la región y sus servicios sociales figuran entre los más deteriorados del bloque europeo.
En materia de derechos civiles, Orbán prohibió por ley la Marcha del Orgullo, aunque el colectivo LGBTQ+ continuó organizándola, argumentando que los menores no debían estar expuestos a la homosexualidad y la transidentidad.
La comunidad gitana fue señalada por el Centro de Investigación en Derechos Humanos como una de las poblaciones más segregadas durante su gestión. En política exterior, Orbán respaldó públicamente a Putin y retiró a Hungría de la Corte Penal Internacional.

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El desafío que enfrenta Magyar es considerable. Según Carsten Schneider, politólogo y rector de la Universidad Central Europea (institución que Orbán persiguió y cerró en 2017), el sistema político construido en Hungría tiene “muchos elementos ajenos a la política electoral”.
El nuevo gobierno deberá tomar decisiones en un entorno donde el poder real se ejerce también fuera del Parlamento, a través de una élite económica nacional que el Fidesz consolidó durante sus años en el poder.
La investigadora Zsuzsanna Szelényi, del instituto de democracia de la misma universidad, señaló que Tisza “no será el renacimiento de una alternativa liberal o socialdemócrata coherente“, sino el vehículo en el que confluyen quienes buscan un cambio político posible en un sistema institucional fuertemente condicionado.