Mientras el gobierno de Javier Milei presenta como “modernización” una reforma laboral que va contra los derechos de los trabajadores, los gobiernos de México y Brasil avanzan con verdaderas modernizaciones laborales que tienen su principal eje en la reducción de las horas de trabajo.
Mientras el gobierno de Javier Milei intenta presentar como “modernización” una reforma laboral que flexibiliza convenios colectivos, facilita despidos y elimina derechos adquiridos, los gobiernos de Brasil y México avanzan en sentido contrario. Los gobiernos de Lula Da Silva y Claudia Sheinbaum apuestan a reducir las horas de trabajo semanales sin tocar los salarios.
Brasil debate la reducción de la jornada laboral
El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil presentará al Congreso un paquete de proyectos orientados a reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, sin recorte de salarios. La propuesta implica el fin de la semana de seis días laborales y el paso a un esquema de cinco días de trabajo y dos de descanso.
El proyecto será presentado con carácter de urgencia, lo que obliga al Congreso a tratarlo dentro de los 45 días siguientes a su ingreso formal. Según establece la Constitución brasileña, los proyectos con ese estatus bloquean la agenda legislativa si no son considerados en ese plazo. La estrategia del oficialismo apunta a evitar que la iniciativa quede paralizada en comisiones.
Lindbergh Farias, líder de la bancada del PT, fue explícito sobre los objetivos: “Este es un debate que la sociedad exige que se trate con prioridad”.
Para el legislador, la eliminación de la semana laboral de seis días es la próxima gran bandera del gobierno, en la misma línea que medidas ya aprobadas como la ampliación de la exención del impuesto a la renta, el incremento del salario mínimo y los programas de apoyo económico familiar.
El texto del proyecto contempla un período de transición para la entrada en vigencia de la norma una vez aprobada, y también incluye compensaciones específicas para pequeñas y microempresas, reconociendo que el impacto del cambio no es uniforme según el tamaño de cada organización.
A fines de enero, Guilherme Boulos, ministro de la Secretaría General de la Presidencia, ya había anticipado la orientación del gobierno. Para respaldar la iniciativa citó un estudio de la Fundación Getulio Vargas de 2024 que analizó 19 empresas brasileñas que habían adoptado jornadas reducidas: el 72% de ellas reportó un aumento de sus ingresos.
La Confederación Nacional de la Industria (CNI), la organización empresarial más grande del país, se manifestó en contra. En una comunicación dirigida a legisladores, les pidió no caer en lo que calificó como una “trampa populista”, anticipando la resistencia del sector privado a una medida que, según sus argumentos, podría afectar la competitividad.
Lula Da Silva: “Es hora de pensar en el bienestar de las personas”
Luiz Inácio Lula da Silva viene sosteniendo públicamente su posición sobre la reducción de la jornada desde hace meses, combinando argumentos económicos, sociales y filosóficos. En diciembre de 2025, ante el Consejo de Desarrollo Económico y Social Sostenible (CDESS), Lula planteó la contradicción central que justifica la reforma.
“La producción aumenta, pero los salarios caen. Eso no tiene sentido”, dijo, y señaló que cuando era sindicalista, 40.000 trabajadores producían 1.200 autos, mientras que hoy 12.000 fabrican el doble, y preguntó: “¿Por qué no se redujo la jornada?”.
En ese mismo discurso llamó a redistribuir ese excedente en tiempo libre y convocó al Consejo (integrado por empresarios, sindicatos y movimientos sociales) a analizar la viabilidad de bajar la jornada legal de 44 a 40 horas. Si bien no presentó un proyecto de ley en esa instancia, el planteo presidencial instaló formalmente el tema en la agenda pública.
En otro mensaje de alcance nacional, Lula afirmó que resulta injusto que los trabajadores dispongan de un solo día para recuperarse, compartir con su familia o atender responsabilidades domésticas, y subrayó que poner fin al esquema 6×1 sin afectar los salarios es “una demanda popular que el Estado tiene la obligación de escuchar y transformar en políticas concretas”.
En febrero de 2026, al retomar el tema en sus redes sociales, Lula citó al filósofo surcoreano Byung-Chul Han: “El mundo del trabajo está cambiando. El filósofo coreano Byung-Chul Han dice que vivimos en una ‘sociedad de la fatiga’, donde la presión para rendir afecta el equilibrio entre la vida personal y profesional“. Luego remarcó:
“La tecnología nos ha permitido alcanzar niveles inimaginables de productividad. Es hora de pensar en el bienestar de las personas”.
El presidente también señaló que una de las razones por las que la productividad aumenta con menos horas es que, en el esquema actual de seis días laborales, el día de descanso (especialmente para las mujeres) suele dedicarse a tareas del hogar, lo que implica que los trabajadores regresan al trabajo ya agotados.
México avanza con su propia reforma laboral en el Congreso
La reforma impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum para bajar la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales obtuvo el respaldo del Senado con 103 votos a favor y 15 en contra, y luego avanzó en la Cámara de Diputados, donde las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y de Trabajo y Previsión Social la aprobaron por unanimidad con 61 votos, sin modificaciones.
La implementación será gradual hasta 2030: en 2027 la jornada bajará a 46 horas; en 2028, a 44; en 2029, a 42; y en 2030 se alcanzarán las 40 horas como jornada máxima legal. El esquema entraría en vigor el 1 de mayo de 2026, con el año en curso como período de transición para la publicación del régimen de cambios.
La reforma beneficiaría a aproximadamente el 65% de los trabajadores mexicanos. El dictamen mantiene que por cada seis días de trabajo los trabajadores deberán tener al menos un día de descanso con salario íntegro. Es decir, un escalón más abajo que la propuesta de Lula Da Silva en Brasil.
En materia de horas extra, la reforma fija que el tiempo extraordinario se pagará al 100% adicional, con un tope de 12 horas semanales distribuibles en hasta cuatro horas diarias por cuatro días.
Si se supera ese límite, la penalidad para el empleador sube al 200% adicional sobre el salario ordinario. Además, se prohíbe expresamente que menores de 18 años realicen trabajo extraordinario.
Marath Bolaños, secretario de Trabajo y Previsión Social, defendió la gradualidad del proceso y anunció que se trabaja en un sistema electrónico de fiscalización para verificar el cumplimiento de la norma una vez en vigencia.
El senador Óscar Cantón Zetina, presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales del Senado, enumeró los beneficios que el gobierno espera de la reforma: reducción de la fatiga laboral, disminución de accidentes de trabajo, mejoras en salud y mayor equilibrio entre vida personal y profesional.
Desde los partidos de oposición (PAN, PRI y Movimiento Ciudadano) el respaldo a la reducción fue casi unánime, aunque con matices: pidieron que el texto especifique el esquema de cinco días de trabajo por dos de descanso e impulsaron la inclusión de incentivos para evitar efectos negativos en el empleo y la productividad.
La reforma fue diseñada tras un proceso de consulta que incluyó más de 2.000 actores sociales entre sindicatos, empresas y académicos, en foros realizados a lo largo de cinco meses. Ahora, espera su votación final para ser finalmente sancionada.
