Axel Kicillof reunió a intendentes del Movimiento Derecho al Futuro en Villa Gesell. La jornada delineó una estrategia nacional para 2027, pero también expuso las tensiones internas del peronismo bonaerense que el gobernador deberá resolver para consolidar sus aspiraciones presidenciales.
De la provincia al país
La reunión en Villa Gesell marcó un punto de inflexión en la estrategia política del gobernador. Lejos de los ecos del conflicto permanente que caracteriza la política bonaerense, el gobernador se permitió una perspectiva más amplia: la construcción de una alternativa nacional que le permita llegar a 2027 como una propuesta viable para la presidencia.
La atmósfera de la jornada no fue casual. Kicillof combinó una “reunión productiva” con sectores turísticos, industriales y productivos de Mar de Ajó —donde criticó el “industricidio” de las políticas de Javier Milei— con un encuentro cerrado del Movimiento Derecho al Futuro (MDF).
“2026 es el año de la construcción amplia y federal para 2027”, resumió uno de los presentes en el encuentro. Esa frase captura la esencia de lo que busca Kicillof: trascender las fronteras bonaerenses con un proyecto que no solo rechace el modelo de Milei, sino que ofrezca una alternativa articulada desde el territorio, desde los gobiernos locales, desde el peronismo renovado que él encarna.
El desafío interno: controlar la máquina partidaria
Sin embargo, la reunión en Gesell removió el ruido interno. Aunque la construcción nacional es el objetivo, la batalla por el control del Partido Justicialista bonaerense se ha vuelto ineludible. No es un detalle menor: quien controle el PJ bonaerense controla la estructura más importante del peronismo en el país, y Kicillof sabe que no puede permitirse perder esa disputa si quiere presentarse como candidato presidencial con legitimidad partidaria.
En Villa Gesell, Kicillof fue enfático:
“El próximo presidente del PJ bonaerense tiene que estar alineado sin ningún tipo de condiciones al gobernador. No podemos volver a atravesar una historia como la que vivimos en los últimos años”.
Las palabras no dejaban margen de interpretación. Era un veto explícito a Máximo Kirchner, diputado nacional, líder de La Cámpora y que actualmente preside el partido.
La vicegobernadora Verónica Magario, sentada al lado del gobernador, asoma como la principal candidata desde el ala axelista para presidir el PJ. Magario no solo ha estado activa en la interna peronista, sino que aparece como continuidad natural del proyecto de Kicillof en la provincia. Su presencia en Villa Gesell fue deliberada: un mensaje de respaldo.
Las reelecciones indefinidas: el verdadero eje de la reunión
En la reunión del MDF, la vicegobernadora insistió en la necesidad de reinstaurar esta medida para los jefes comunales.
¿Por qué? Los números son claros: el peronismo tiene 52 intendentes en la provincia de Buenos Aires que, de no cambiar la ley, quedarán inhabilitados para competir nuevamente en 2027. La mayoría de ellos están alineados con Kicillof. Perder esa estructura territorial sería un golpe devastador para sus aspiraciones presidenciales.
El MDF definió avanzar por la vía legislativa con un proyecto de ley que le permita a los intendentes competir indefinidamente. Aunque La Cámpora, en una jugada táctica del año pasado, presentó una reforma que contemplaba las reelecciones indefinidas para legisladores pero no para ejecutivos municipales, Kicillof busca desnudar esa inconsistencia.
En Villa Gesell el gobernador planteó que La Cámpora “tiene que posicionarse” y “blanquear qué opina” sobre el tema. Es decir: comprometerse públicamente, sin ambigüedades.
Sin embargo, esta estrategia tiene un riesgo político. Presentar las reelecciones indefinidas como un eje central de la agenda legislativa puede generar resistencias no solo de La Cámpora, sino también del Frente Renovador de Sergio Massa, que fue uno de los impulsores de la norma que limita las reelecciones y que busca frenar el avance territorial de Kicillof.
El contexto nacional: la apuesta contra Milei
La reunión también fue un mensaje hacia afuera. Con una economía en crisis, un turismo colapsado por el ajuste y una destrucción de la estructura productiva nacional, el gobernador Kicillof se posiciona como alternativa que “trabaja para que la temporada resista a las políticas económicas que destruyen la industria local”.
Es una apuesta directa: mientras Milei avanza con su “industricidio”, Kicillof anuncia inversiones por 100 millones de dólares en infraestructura (autopista en ruta 11) siendo el único opositor con un propuesto alternativo y hechos que lo encarnan. En ese contexto, el MDF ampliado y federal adquiere atractivo para sectores que hoy no se sienten interpelados ni por Milei ni por el peronismo tradicional.
La cuestión del PJ bonaerense: hacia el 15 de marzo
La elección del PJ bonaerense será el 15 de marzo. El cronograma electoral es apretado: el 22 de enero comienza el período de atención de padrones, el 3 de febrero vence el plazo para presentar avales, y el 8 de febrero es la fecha límite para la presentación de candidatos. Es decir, quedan poco más de tres semanas para que el peronismo bonaerense defina si avanza con una lista de unidad o si acepta una interna que promete ser muy cerrada.
La Cámpora, que hoy controla la presidencia del PJ a través de Máximo Kirchner, tiene incentivos para mantener ese control. El axelismo tiene incentivos para quitárselo. En Villa Gesell, Kicillof dejó clara su posición: o se alinean conmigo, o enfrentamos una interna.
Lo que está en juego no es solo la conducción de un partido. Es el posicionamiento de las fuerzas peronistas que competirán en 2027. Si Kicillof logra controlar el PJ, habrá dado un paso crucial hacia su consagración como alternativa presidencial. Si La Cámpora mantiene el control, preservará su capacidad de veto sobre los proyectos del gobernador, limitando su alcance nacional, y posiblemente, relegando al peronismo a una oposición testimonial como sucedió en octubre de 2025.