Enzo Gorosito, trabajador aeronáutico y delegado en Bahía Blanca de la Asociación de Personal Aeronáutico (APA), dialogó con Juan Ignacio Guarino al aire de El Ágora 2025.
En una conversación que atravesó los desafíos del sindicalismo ante las nuevas modalidades de trabajo y la amenaza de una reforma laboral regresiva, el dirigente planteó la necesidad urgente de que el campo nacional y popular actualice su doctrina y recupere la conexión con las demandas sociales. “Hay que romper con el status quo de que los sindicatos no opinan de política”, sentenció.
Una flexibilización que ya existe
Al ser consultado sobre los debates en torno a la reforma y modernización laboral, Gorosito advirtió que la discusión normativa llega, en muchos casos, tarde frente a la realidad. Para el delegado, el mundo de trabajo ya ha sufrido un deterioro palpable que antecede a cualquier ley que el gobierno actual pretenda impulsar.
“Ya hay una flexibilización de facto de un tiempo para acá, con gente que tiene que trabajar más horas de las que debería trabajar, con la gente que está en situación de informalidad que muchas veces no cobra las horas extras”.
Gorosito señaló que este fenómeno se ve exacerbado por las nuevas plataformas de trabajo, donde los esquemas tradicionales de sindicalización chocan con la mentalidad de las nuevas generaciones de trabajadores.
“Hicimos un trabajo de campo muy enorme con respecto a las plataformas desde la CTA […] y llegamos a un 85% que esos trabajadores no querían estar sindicalizados, no les interesaba estar sindicalizados por una cuestión de ellos, lo que preferían era la libertad de su accionar”.
El rol político de los sindicatos
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la autocrítica hacia el interior del movimiento obrero. Gorosito cuestionó la postura de aquellos sectores gremiales que limitan su accionar a la discusión de salarios y condiciones técnicas, dejando de lado el debate sobre el modelo de país.
“Hay que romper con ese estatu quo que no solamente los sindicatos —y lo digo Juani porque está muy arraigado y muy fuerte en los discursos internos— […] de que los sindicatos no opinan de política sino solamente de convenio colectivo y seguridad laboral. Nosotros queremos discutir la política en su conjunto”.
Para el entrevistado, es fundamental que los trabajadores se involucren en la discusión sobre la tecnología y los sistemas modernos de producción, disputando el sentido de la “modernización” a los sectores conservadores.
“No le regalemos este debate a los que quieren desmoralizar a la producción y al trabajo. No le tengamos miedo al debate de la reforma, modernización o actualización laboral”.
Autocrítica y desconexión con la sociedad
Gorosito fue contundente al analizar la derrota cultural y política del peronismo y el progresismo en el último tiempo. Sostuvo que el movimiento se ha quedado anclado en discursos del pasado, sin lograr “decodificar” las necesidades actuales de la ciudadanía, que prioriza la estabilidad y el progreso inmediato por sobre los grandes debates ideológicos.
“El campo nacional y popular, el peronismo o el progresismo, no está decodificando hoy en día [las nuevas demandas]. Y yo creo que sí, del otro lado, la derecha o los conservadores […] la están canalizando”.
En esa línea, llamó a la dirigencia y a la militancia a retomar el ejercicio de la escucha activa, asumiendo los errores propios y soportando las críticas necesarias para reconstruir la representatividad.
“Perdimos un poco el timing de eso, de ir a escuchar a la gente, de poder ser representativo en eso. […] Para mí lo importante es aprender a escuchar, aguantarse la puteada, aguantarse los palos que nos tiren y empezar a escuchar a la gente”.
La última línea de defensa
Finalmente, pese a la apertura al debate sobre la modernización, Gorosito alertó sobre las intenciones de fondo de los proyectos de reforma laboral impulsados por el gobierno, cuyo objetivo final identificó como la reducción de costos a expensas de los derechos adquiridos.
Recordó experiencias pasadas, como los tickets canasta, y definió al sindicalismo como la barrera final ante el avasallamiento de derechos.
“El movimiento obrero organizado es el último eslabón para poder traer, digamos, la vuelta del oscurantismo a Argentina. Yo creo que los dirigentes y más los trabajadores no tienen que dudar ni un metro ni darle espacio a todo lo que tiene que ver con la pérdida de derechos”.