Fortunato Mallimaci: "La Universidad Nacional del Sur fue victimaria y hoy está reparando, mientras otras universidades jamás aceptaron ese rol"

Fortunato Mallimaci
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Fortunato Mallimaci: "La Universidad Nacional del Sur fue victimaria y hoy está reparando, mientras otras universidades jamás aceptaron ese rol"
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El sociólogo Fortunato Mallimaci, , dialogó con Juani Guarino en El Ágora 2025 al aire de Taboo Radio, tras la reparación de su legajo junto a otros 18 personas cuya vinculación con la Universidad Nacional del Sur fue violentada por el terrorismo de Estado.

Desde su experiencia como militante de la juventud peronista católica y su mirada sociológica, Mallimaci analizó la historia de represión en la universidad, el papel de los medios en la construcción de sentido, la relación entre religión y política, y los desafíos de la organización popular frente al capitalismo salvaje actual.

La militancia universitaria antes de la dictadura

“La Universidad Nacional del Sur nace fruto del golpe de la Libertadora en el 55, cuando llega la gente de filosofía de Buenos Aires a hacerse cargo, que es Fatone, con un intento de hacer una universidad bien en el estilo yanqui, con departamentos, salir de la vieja concepción europea de facultades”, recuerda Mallimaci sobre los orígenes de la institución donde estudió.

El sociólogo describe cómo era la vida universitaria y la militancia a principios de los 70:

“Empieza un proceso de efervescencia que se vive el 72 con lo de Trelew y el 73 cuando llega después de haber visitado aquí Cámpora, Solano Lima y tantas otras candidaturas, ese triunfo se celebra como un gran triunfo también en nuestra universidad”.

Durante ese período de apertura democrática, Mallimaci relata cómo su militancia trascendía las aulas:

“La militancia siempre tenía que tener una parte de ir al barrio, ir al territorio o ir al espacio sindical porque uno se consideraba parte de algo más grande, que eran esas experiencias nacionales y populares”.

Sin embargo, ese proceso se interrumpe brutalmente:

“En febrero del 75 llega la intervención de Remus Tetu, hacemos una gran marcha, quizás la última gran marcha masiva del movimiento estudiantil en Bahía Blanca. Ahí él decide rápidamente enviar sus patotas a buscarnos, que por suerte hubo juicios en Bahía Blanca sobre la Triple A, hasta el día de hoy, quiénes fueron, a quiénes mataron, hubo testimonios”.

El rol dual de la universidad: víctima y victimaria

Una de las reflexiones más potentes de Mallimaci refiere al papel que jugó la Universidad Nacional del Sur durante el terrorismo de Estado:

“Como víctima es decir, estas personas eran víctimas, pero a su vez la propia institución fue victimaria. Y cuando digo la propia institución, porque insisto, no solo Remus Tetu, muchos de nosotros fuimos denunciados por nuestros profesores”.

“La enorme mayoría por profesores que nos acusaron de terroristas, de delincuentes, que aprovecharon el 24 de marzo del 76. Muchos profesores de la Universidad Nacional del Sur se acercaron a las comisarías, se acercaron a los departamentos de inteligencia de la dictadura a dar nuestros nombres. Entonces, no fue un extraterrestre el que vino, fue una persona con apoyo local”, señala con contundencia.

Mallimaci destaca el proceso de reparación histórica que está llevando adelante la UNS:

“Que la Universidad del Sur haya dicho que los detenidos desaparecidos se le dan honoris causa a partir de que mataron a un compañero, que siga haciendo las políticas de reparación, nos muestra que hay otro tiempo histórico”.

“Ayer fuimos 19 pero debe haber unos 300 o 400 compañeros y compañeras que fueron ultrajados, heridos, expulsados de nuestra universidad”.

El sociólogo compara esta actitud con la de otras instituciones académicas:

“Yo estoy en la Universidad de Buenos Aires y jamás pudimos hacer esto, jamás. Más allá de pequeñas denuncias de cada facultad, como universidad, jamás aceptó la Universidad de Buenos Aires que fue victimaria de lo que pasó”.

La batalla cultural y el rol de los medios

Para Mallimaci, la disputa por el sentido común fue y sigue siendo central en la política argentina. Recuerda cómo enfrentaban al diario La Nueva Provincia en los años 70:

“Por supuesto que nuestra marcha terminó frente a La Nueva Provincia. Que le tiramos piedras, cascotes, pero ellos eran más rápidos que nosotros, se habían inventado ya los vidrios que rebotaban”.

“Hicimos un trabajo solo sobre La Nueva Provincia, cómo había sido del 75 al 83. Todas las personas que había denunciado, la enorme mayoría estaban detenidas, o estaban desaparecidos, o estaban asesinados”, señala sobre el rol del diario local durante la dictadura.

Esta batalla sigue vigente en otros formatos:

“Hoy vivimos un presente continuo, un presente que nos quiere decir, el enemigo es el que tenés al lado tuyo, los enemigos son los laborantes, los enemigos son los que reciben remedio, los enemigos son los del CONICET… sin hacerte ver, darte la posibilidad de hacer memoria corta y larga de cómo llegamos a esto. Y el que no puede hacer esa memoria tampoco puede ver el futuro, porque la memoria reanima la utopía, la utopía reanima la memoria”.

Sobre los actuales mecanismos de dominación, advierte:

“Las redes con Elon Musk a la cabeza son las que financian todas estas campañas de crueldad y de violencia, en esta idea que ellos tienen: si yo tengo plata, ¿por qué tengo que aceptar un sindicato? Si yo tengo plata, ¿por qué tengo que aceptar derechos? Si yo tengo plata, ¿por qué tengo que aceptar a los jubilados? Que se mueran”.

Religión, política y discursos en pugna

Como sociólogo especializado en la relación entre religión y política, y desde su propia experiencia como militante del peronismo católico, Mallimaci ofrece una mirada particular sobre el rol de los discursos religiosos en el debate público actual.

“No puede ser que la principal fuerza simbólica de la oposición sea el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, sea el arzobispo de Mendoza, sean los obispos de la Patagonia, los que ven el extractivismo, el mercado”, cuestiona Mallimaci, aunque reconoce:

“Es importante en un proceso histórico que esos sectores religiosos salgan y digan esto, pero no alcanza. Si eso no es acompañado por fuerzas sociales, políticas y económicas, el camino se hace muy largo y muy decepcionante”.

Sobre la figura del Papa Francisco, señala:

“En una institución de 1500 millones, vamos a tener que tratar de ser más identificatorio. Vos podés hablar solo de la cama en la identidad, la cama en el sentido del pecado, del matrimonio, la sexualidad, o podés hablar diciéndole que ya en el 1300 Santo Tomás de Aquino dijo que la propiedad privada solo se entiende si hay propiedad social”.

Mallimaci explica que

“esta idea de que Dios es para todos y para todas, quién soy yo para decir que un homosexual o un divorciado o una persona que hecho tal cual cosa no sea merecedor de ese Dios, esto hoy es subversivo, se ha hecho subversivo, ¿por qué? Porque todos y todas no entramos en este capitalismo salvaje, todas y todos no podemos tener derechos”.

Rebeldía, resistencia y esperanza

Un tema crucial que aborda Mallimaci es cómo la derecha ha logrado apropiarse de la bandera de la rebeldía:

“Han logrado comprar el sentido común con millones y millones de dólares. Cuando Macri gana la elección con Cambridge Analytica es porque logra decirle a cada uno lo que quería escuchar. El famoso algoritmo”.

Sin embargo, advierte que existe una genuina rebeldía en los jóvenes:

“Tengo que reconocer que hay una cierta rebeldía de personas jóvenes que quieren vivir mejor en Argentina o en Estados Unidos o en Alemania. Es decir, que no es simplemente capitalismo, sino yo quiero derechos, yo quiero vivir mejor”.

Frente al momento actual, propone:

“Para mí es importante siempre digo por arriba y por abajo. Por abajo, si no hay un diálogo, si no hay una idea de que hay que organizarse porque solo no se salva nadie, pero solito tampoco, si no hay organización no nos salvamos. Y al mismo tiempo exigir a las dirigencias sindicales, académicas, políticas que busquen salir, dejarse de mirar el ombligo y tratar de ir más adelante”.

Mallimaci rechaza tanto el pesimismo derrotista como el optimismo ingenuo:

“No es un optimismo, es un optimismo trágico. No solo es el optimismo de la voluntad, sino un optimismo trágico que muestra que ese optimismo está hecho también de tragedias, de sufrimiento, porque el sufrimiento forma parte de nuestras vidas”.

Sobre las posibilidades de cambio, concluye:

“Si uno no cree en los que a los cuatro meses se acaba, a los ocho meses se acaba, no. Se acaba cuando uno ve organización social por arriba y por abajo. Ahí se acaba. Si no, no digamos que se acaba algo que no se va a acabar y peor, queremos entonces que son invencibles. No, no hay nada que es invencible, pero empecemos a construir”.

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