Los nombres de los partidos políticos y, por supuesto, de las alianzas que eventualmente integren tienen su significado.
Hace un par de días se conoció que el Frente de Todos dejará de llamarse así y pasará a denominarse Unión por la Patria. Sobre el significado de la nueva denominación, Luis Bruschtein escribió una interesante nota para Página 12 titulada “Tema: La Patria”
Dice Bruschtein que “elegir el término ‘Patria’ para la nueva denominación y centrar la prioridad en una nueva relación con el FMI que elimine los condicionamientos a la política económica fueron las señales que surgieron esta semana para empezar a definir el eje programático que planteó Cristina Kirchner.”
Añade el periodista que “a diferencia de la tendencia a diluir contenidos para ser más abarcativos, el nombre de Unión por la Patria, que reemplaza al Frente de Todos, plantea dos convocantes con peso definido. ‘Unión’ y ‘Patria’ es más que ‘Frente’ y ‘Todos’. Al mismo tiempo, esa elección sugiere una situación de riesgo para la Patria, por la que se convoca a esa Unión. Está la conciencia de esa situación de riesgo en la decisión de los integrantes de la alianza. Esa sensación también está latente en la sociedad, expresada en el crecimiento de las propuestas más extremas.”
Algo mas de lo escrito por Bruschtein: señala que “Los términos ‘Unión’ y ‘Patria’ han sido bastardeados infinidad de veces. Sobre todo ‘Patria’, usado por la dictadura para cometer todo tipo de fechorías contra el pueblo. Y no existe ‘Patria’ sin pueblo. El pueblo es constituyente del concepto de ‘Patria’. La dictadura reemplazó con los símbolos, como el himno o la bandera, a los conceptos que simbolizan. La frase ‘la Patria es el Otro’ rescató para el concepto de Patria el significado comunitario, la categoría social, que realmente tiene. Es comunidad cultural, de intereses, de historia, de geografía y de sus riquezas naturales.”
No es por pereza que en los primeros compases de la presente nota cito íntegramente dos párrafos de la escrita por Bruschtein. Sucede que el explicita con precisión, pensando en el significado de la denominación Unión por la Patria un concepto fundamental, y es el de Patria en ese sentido comunitario. La idea de Patria como construcción colectiva en la que se juega la construcción identitaria de eso que le da cuerpo, y es el pueblo. El pueblo es la Patria.
Un detalle sobre el autor: Luis Bruschtein es hijo de esa generación diezmada a la que Cristina Kirchner llamó a tomar el mando. Su madre y padre son detenides-desaparecides. Y no es que el periodista haya manifestado intención alguna de postularse a nada. Simplemente lo señalo porque es pertinente hacerlo en una semana en la que se conmemoró un nuevo aniversario del bombardeo a la Plaza de Mayo, episodio que inauguró un período de inusitada violencia ejercida en contra del pueblo, ergo, de la Patria, y que tuviera su apoteosis el golpe de Estado del 24 de marzo del 76. Relata Leonardo Favio en “Perón, sinfonía de un sentimiento” que desde ese día el pueblo ya no sería el mismo.
Y es que en el presente y futuro se juega la historia. La historia de un país que, en lo que contiene al pueblo, también contiene a los sectores que se creen dueños del país y que han sido los beneficiarios directos de esa violencia.
Lo obligatorio
La semana pasada titulaba mi nota para El Ágora “El Proyecto en unidad: un imperativo categórico”. Allí escribía en el tramo final que “no obstante resultan incomprensibles algunas acciones como la pre-candidatura a la gobernación de Buenos Aires de Victoria Toloza Paz (…) la disputa en el seno del Frente de Todos sintetizada en PASO si, PASO no, aparece como una manifestación irresponsable.”
Poquito mas adelante agregaba, en un ejercicio de deliberada ingenuidad y atendiendo el real peligro que para el pueblo significa un potencial retorno de la extrema derecha al gobierno que “es obligatorio que no sea quimérico pensar que un proyecto político sea llevado adelante por intérpretes que no antepongan sus apetencias personales. Es un imperativo categórico.”
Los hechos de la semana, antes que por su resultado, son decepcionantes por su desarrollo. Cuando a pesar de no llegarse a un acuerdo entre las partes integrantes del ex Frente de Todos (ahora Unión por la Patria) para llevar a las elecciones una lista de unidad parecía que al menos existiría una interna medianamente civilizada, todo voló por el aire cuando el inefable Aníbal Fernández amenazó con llevar a la justicia una disputa casi estrictamente bonaerense sobre el porcentaje de votos necesarios para que integrantes de una lista perdedora se sumen a la ganadora en las PASO.
La historia es conocida ya a esta altura. El PJ bonaerense aceptó las condiciones del sector “albertista” que impulsa la candidatura de Daniel Scioli pero emitió un furibundo comunicado que no ahorró críticas a ese sector haciendo hincapié en la amenaza de llevar el caso a la justicia por parte de quienes impulsan la realización de una PASO para dirimir quien será el candidato a presidente.
Al día siguiente, en un acto en Santa Cruz, la vicepresidenta Cristina Fernández validó cada punto de ese comunicado deteniéndose especialmente en aquel que cuestiona la pretensión “anibalista” de ir a la justicia, señalando lo que el partido, y ella especialmente sufre en términos de persecución política y concretamente el intento de asesinato que sufrió y que no es investigado como corresponde.
Recogiendo el guante, el ministro de prominente bigote lanzó que “no amenazó”, sino que “advirtió” que judicializaría la cuestión.
Lo señala Cristina Fernández a cada momento: el gran problema que tiene hoy Argentina es el leonino acuerdo con el FMI que encorseta las posibilidades del país de desarrollarse económica y socialmente mediante la imposición de un programa de ajuste que impide la utilización de una serie de herramientas económicas.
La idea de que “los muertos no pagan sus deudas” instalada en el imaginario colectivo por Néstor Kirchner no encuentra hoy correlato en las decisiones tomadas por el gobierno de Alberto Fernández quien, a instancias del ex ministro Martín Guzmán (posible candidato a diputado en la lista que vaya a presentar Scioli y a la que se sumaría Matías Kulfas) llegó al acuerdo con el Fondo que hoy condiciona las posibilidades del país.
Es cierto que hay indicadores sumamente positivos, como el de empleo y actividad industrial, pero la distribución equitativa de la riqueza que es uno de los pilares del pensamiento y praxis peronista brillan por su ausencia.
Es agotador a esta altura darle vueltas a lo mismo. El problema es claro. Argentina hoy está lejos de ser un país emancipado y no alcanza con pensar en las posibilidades que se abren con la pronta inauguración del gasoducto Néstor Kirchner que permitirá exportar el gas de Vaca Muerta porque, como la propia Cristina Kirchner ha dicho, somos 46 millones de argentinos y con exportar commodities. Es imprescindible la industrialización, la exportación de valor agregado con desarrollo educativo, científico y tecnológico. Será eso lo que a la larga permitirá el crecimiento con inclusión y la concreción de las tan ansiadas soberanía política, independencia económica y justicia social.
Como nada de esto es novedoso, es triste asistir al espectáculo de las disputas personales-sectoriales que ponen en un segundo plano aquello que es menester discutir y proyectar. Sabrá Scioli si, como ha dicho en cierto medio, Patricia Bullrich es una mujer trabajadora con la que colaboraría si ella fuera presidenta.
Mientras tanto, es deseable que, terminada la semana por venir (que pinta para guerra) en la que a la medianoche del sábado se llegará con las candidaturas definidas, por fin se hable del programa que ponga a Argentina en pie de recuperación.
A todo esto, recordar el 55. Que los tirabombas de siempre no vuelvan al gobierno es necesario. Que la propuesta sea mucho mas que impedir que lleguen es obligatorio para que el pueblo, y por ende la Patria, gocen de buena salud.