El problema no son los planes

Por Jhonny A. Zamparo, sindicalista y Lic. en RRII

Hace unos días escribí algo relacionado con la represión a manifestantes que protestaban en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se convocaron distintas organizaciones para esa protesta, y fueron reprimidos por la policía con jurisdicción en el lugar.

Varios días antes, organizaciones sociales cortaron la Avda. 9 de Julio. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Bs. As., Horacio Rodríguez Larreta, pidió en ese momento se le quiten los planes a esas personas, diciendo que la policía sería muy dura si se volvía a intentar otro corte. Y siempre coherente, opinó que “hay gente que podría conseguir un trabajo y no lo toma para no perder el plan”. También expresó que se extorsiona a chicos y mujeres para que vayan a esos cortes.

Hoy se realiza un “tractorazo” del “campo” en la misma Ciudad de Buenos Aires. La protesta es contra lo que se ha dado en llamar “impuesto a la renta inesperada” (todavía no está claro quién tendrá que pagarlo, pero seguro que no lo harán ni los empleados del INCAA ni los que tienen planes sociales). ¿Pero que pasó en este caso?: el Gobierno de Larreta, a través de su Ministro de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, expresó que “¡En la ciudad las reglas son las mismas para todos!”, y aclaró que no pueden prohibir el tractorazo.

Es decir, para que quede claro: a los manifestantes del INCAA los reprimieron cuando se retiraban, a los que cortaron la Avda. 9 de Julio les querían sacar los planes, y amenazaron que no lo hagan otra vez; pero dejan en claro que no pueden prohibir el tractorazo. ¿Qué piensa lector/a? ¿Pedirán le saquen al “campo” algún subsidio? ¿Pedirán le aumenten las retenciones? ¿Los reprimirán con la policía? Porque si entendemos bien, se supone que “las reglas son las mismas para todos”.

La historia de la protesta en nuestro país ha transcurrido siempre de manera diferente, midiéndose con distintas varas. Desde las represiones con detenidos, torturados y desaparecidos en los dos siglos anteriores (dictadura mediante), donde gran parte de las víctimas fueron trabajadores; hasta las recordadas cacerolas de 2001, pasando por los cortes de la protesta del “campo” contra la Resolución 125 en 2008. Y está claro que por lo menos dos parámetros se utilizan a la hora de criticar las protestas: una que se relaciona rápidamente con el derecho a circular, cuando los que cortan son trabajadores (ocupados o desocupados, con planes, etc.); y otra cuando son clase media “cacerola” o el “campo”, a quienes se les dice, por ejemplo: “… el derecho a reclamar y peticionar a las autoridades está en la Constitución Nacional”.

Sería importante aquí suponer que los derechos tienen cierta jerarquía. El derecho a protestar en contra de un impuesto, creo entender está muy por debajo de protestar para comer. No obstante, sí es cierto, el derecho a la protesta está reconocido en la Constitución Nacional.

Pero para cerrar, y díganme si no se relaciona con el tema, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 2021, al referirse a la desigualdad en Latinoamérica, dice que 2 de los 3 aspectos críticos sobre el tema son: la concentración del poder y la concentración de la riqueza.

Claro que como bien decía Alfredo Zitarrosa, en su Milonga de Contrapunto:

“Hay una cosa evidente,

y hay que decirlo también;

Que el que manda sabe bien,

como engañar a la gente”.

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