Paranoia en Olivos: Milei echó al personal civil y puso a militares a cocinar, limpiar y cuidar la Quinta

Javier Milei echó a casi todo el personal de la Quinta de Olivos y decidió militarizar la residencia presidencial, acusando a los trabajadores de realizar tareas de espionaje y bajo la insólita sospecha de que intentaron envenenar a uno de sus perros.

El presidente Javier Milei decidió echar a casi todo el personal de la Quinta de Olivos y militarizar la residencia presidencial, tras acusar a los trabajadores de realizar tareas de espionaje interno y de haber envenenado a uno de sus perros.

Lo delirante de las acusaciones deja expuesto el estado mental del mandatario, cuya decisión es tan repentina como dramática, ya que derivó en una de las reestructuraciones más drásticas de la historia reciente de la residencia oficial.

Despidos masivos y militarización de la Quinta

En las últimas 48 horas, alrededor de 12 trabajadores civiles de la Quinta de Olivos fueron despedidos de manera intempestiva. Entre los cesanteados hay cocineros, mozos, personal de limpieza, de mantenimiento y hasta el jardinero, algunos con décadas de antigüedad en sus puestos.

Del plantel original solo permanecen el electricista y unos cuatro civiles más, que por el momento no tienen reemplazo pero temen por la continuidad de su empleo. Según relataron trabajadores y gremialistas, el personal se presentó a cumplir sus tareas con normalidad y se le impidió el ingreso, sin que mediara ninguna explicación formal.

En reemplazo de los despedidos, Milei dispuso que las funciones de cocina, limpieza y mantenimiento de la residencia pasen a estar a cargo de personal de las Fuerzas Armadas. “El cocinero es un teniente”, señaló una fuente libertaria consultada por La Política Online.

A esto se suma el desplazamiento, semanas atrás, de Osvaldo Sosa como intendente de la Quinta de Olivos, pese a que en junio había sido ratificado en el cargo por otros 180 días hábiles. Su función quedó ahora en manos de un teniente.

En paralelo, el Gobierno formalizó la medida a través de un comunicado de Presidencia en el que anunció que la Casa Militar asumirá “la responsabilidad integral de las funciones de seguridad de la Residencia Presidencial de Olivos, así como de las residencias transitorias del Presidente de la Nación y de su familia, con el objetivo de fortalecer la seguridad y al mismo tiempo facilitar los procesos administrativos internos”.

La reorganización incluye la disolución de la Administración General de la Residencia Presidencial de Olivos y la separación de las funciones de seguridad, administración y control, lo que (según el propio comunicado oficial) permitirá “reducir la estructura formal y la cantidad de personal que allí permanece”.

El traspaso integral de responsabilidades y bienes de la Quinta a la Casa Militar deberá completarse en un plazo máximo de 60 días, según el documento.

Las versiones detrás de la furia presidencial

Más allá de la poco creíble versión oficial, circulan distintas versiones sobre lo que habría desencadenado la reacción del Presidente. La que ganó más fuerza en las últimas horas es la relacionada con la filtración de las compras internas de la residencia.

Es que una investigación periodística reveló una licitación impulsada por la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Karina Milei por más de $500 millones para la compra de 30 toneladas de carne, entre los que figuran cortes premium como lomo y ojo de bife, además de roast beef, nalga, asado, vacío, bondiola y pollo.

La segunda versión también está emparentada con la comida en Olivos, aunque tiene que ver con la salud de uno de sus perros. Según trascendió, la mascota se descompuso y debió ser atendida en la guardia veterinaria montada dentro de la propia residencia.

Milei habría interpretado el episodio como un intento de envenenamiento. Esa sospecha, junto a la difusión de los gastos en carne premium,  habría sido el disparador inmediato de la ola de despidos.

La obsesión con sus cocineros tampoco es nueva. De hecho, por Olivos pasó una sucesión de cocineros que luego terminaron renunciando. El último lo hizo después que el Presidente le rechazara tres churrascos seguidos porque no estaban lo suficientemente jugosos, según consignó La Política Online.

Más allá de esto, la versión oficial tampoco parece creíbles: se habla de “fortalecer la seguridad” y de “elevar los estándares de eficiencia y seguridad del Presidente”, en el marco de lo que definió como “la escalada de la inseguridad a nivel global“.

A esto le sumó los preparativos por la visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para noviembre. Más allá de la mezcla de argumentos, la versión no aclara por qué se desvinculó a trabajadores que llevaban años o décadas prestando servicio en la residencia.

El entramado del entorno presidencial

La crisis en Olivos puso en primer plano la influencia de distintas figuras cercanas al Presidente y a su hermana, Karina Milei, que ganaron terreno dentro del entorno presidencial.

Uno de los nombres mencionados es el de Belén Agudiez, cercana a la hermana en la Secretaría General de Planificación. Agudiez habría expandido su influencia dentro de la Quinta incorporando a distintos familiares: sus primos, su hermana, su madre y su cuñado, a quien se designó como intendente de la residencia en reemplazo de un jardinero despedido.

Agudiez también quedó señalada por la diputada Marcela Pagano, quien denunció que Karina Milei firmó una licitación por 700 millones de pesos para el mantenimiento y la jardinería de Olivos y de Casa de Gobierno.

Según la legisladora, el proceso habría estado direccionado para beneficiar a un empresario vinculado por parentesco a Agudiez, a través de dos empresas oferentes que, pese a presentarse como competidoras, pertenecerían al mismo grupo económico.

Fuentes del propio gobierno describieron la dinámica de la familia de Agudiez dentro de la residencia indicando que “los Agudiez se movían como okupas en Olivos“. Otras fuentes agregaron que ese grupo familiar terminó “copando la quinta” los fines de semana, lo que colaboró con que el mandatario sintiera que estaba perdiendo la privacidad.

Otro nombre que ganó peso en el círculo íntimo de Milei es el de Mario Suli, un hombre de extrema confianza que lo acompaña desde el inicio de su carrera política. Suli es quien se encarga del cuidado de los perros del Presidente.

Se trata de una tarea de alta sensibilidad para el mandatario que explicaría en parte la cercanía y la gravitación creciente que fue adquiriendo dentro de la Quinta, aunque no ocupa formalmente un cargo al frente del nuevo esquema de seguridad.

ATE pidió un examen psicofísico para Milei

Los despidos generaron un rápido rechazo de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), que se declaró en alerta y no descartó llevar adelante medidas de fuerza. Su secretario general, Rodolfo Aguiar, exigió: “Demandamos que se retrotraigan inmediatamente todos los despidos. Son los únicos responsables de aumentar la conflictividad en el Estado”.

Aguiar fue también el más duro en sus críticas al Presidente. En su cuenta de la red social X, cuestionó: “¿De verdad algunos siguen pensando que no está loco? ¿En serio va a despedir a los trabajadores de la Quinta Presidencial? No se lo vamos a permitir“.

Y agregó, en referencia a las sospechas presidenciales sobre el estado de salud de su perro: “Poco falta para que diga que lo quieren envenenar, como pensaba Calígula”. El dirigente reclamó además que se le realice al mandatario un “examen médico psicofísico” y comparó la medida con prácticas propias “de los emperadores romanos y de la monarquía francesa”.

El secretario general de ATE Capital, Daniel “Tano” Catalano, también se manifestó en la misma red social: “Despidieron sin ningún motivo al personal de la Quinta de Olivos. Los trabajadores se presentaron a su puesto de laburo como todos los días a realizar las labores que llevan adelante y no pudieron hacerlo. No se les dio ninguna explicación. Nada”.

Y cuestionó directamente a los hermanos Milei: “Al parecer Javier Milei y Karina Milei amanecieron hoy creyéndose reyes y cagándose en todos los derechos. Repudio absoluto a esta decisión. Que tengan algo clarito: vamos a dar pelea contra estos despidos en todos los frentes porque acá no pueden manejarse a través de caprichos”.

Por lo pronto, en la Quinta hablan de un clima de paranoia y desconfianza por parte del Presidente hacia quienes lo rodean, en un contexto donde conviven versiones sobre filtraciones, sospechas de envenenamiento y denuncias de uso irregular de fondos y de las instalaciones de la residencia.

Mientras tanto, el puñado de civiles que continúa trabajando en Olivos permanece con incertidumbre sobre su futuro laboral, a la espera de que se termine de definir el nuevo esquema de funcionamiento de la Quinta.

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