Tras la polémica desatada sobre el manejo de los planes sociales, y la llegada de Sergio Massa al “superministerio” de Economía, el Movimiento Evita liderado por Fernando “Chino” Navarro y Emilio Pérsico quedó debilitado luego de poner todas sus fichas en una defensa irrestricta del presidente Alberto Fernández. Para no perder su principal apoyo político, el mandatario creó una nueva secretaría para Navarro, que lejos de ser el Ministerio prometido, es un premio consuelo.
Hace una semana se conoció que Navarro fue desplazado de la Secretaría de Relaciones Parlamentarias luego de casi tres años. Y para darle otro escritorio al dirigente social, se creó la Secretaría de Relaciones con la Sociedad Civil y Desarrollo Comunitario, un espacio hecho a la medida del líder del Evita.
La nueva estructura creada para Navarro -que estará bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete- contará con dos subsecretarias (Desarrollo de la Comunidad y Relaciones con la Sociedad Civil), tendrá a su cargo el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) -un espacio que hasta el momento era dirigido por su hijo, Juan Navarro-, con una caja de más de 2.500 millones de pesos, y el manejo del Estado en Tu Barrio, entre otros programas.
Además, aunque falta negociar la letra chica, el Evita espera que quede en la órbita de la secretaría el área de Agricultura Familiar, hoy dependiente del Ministerio de Economía, mediante un instituto; cerrar un manejo de fondos importantes que le permita tener mayor fluidez, no depender para obtenerlos de otras áreas y dotarla de una oficina de subsidios a la comunidad.
En junio de este año, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner dio un discurso donde apuntó directamente contra el Evita y contra la “tercerización” de la política social.
Con una elipsis bastante clara y sin nombrar directamente al Evita, sostuvo que el peronismo “es laburo” y no planes sociales y hasta se permitió teorizar sobre una hipotética -y negativa- reacción “si Evita (Perón) los viera. ¡Mamita!“.
Las turbulencias internas en el FdT se exacerbaron con la intempestiva renuncia de Martín Guzmán al ministerio de Economía, lo que disparó la inflación y propició una corrida bancaria que dilapidó la capacidad de consumo de la población. La breve estadía de Silvina Batakis por el Palacio de Hacienda no calmó a los furiosos mercados, y la solución política llegó recién con el desembarco de Sergio Massa como nuevo “superministro” de Economía.
En esos primeros momentos de la gestión del tigrense, sabiéndose perdedor de la interna, el Movimiento Evita respaldó rápidamente los anuncios del nuevo ministro buscando reacomodarse.
Ahora, tras el reacomodamiento del gobierno, Alberto Fernández quiso compensar al Evita, que lo apoyó en la perdida interna. Y de allí la creación de esta secretaría, la cual es llamada por el propio Evita como “supersecretaria” (en llamativa coincidencia con el “superministerio” de Massa), aunque en verdad queda gusto a poco después de que seis meses atrás se les prometiera el “ministerio de la Economía Popular” que nunca fue.
Vistas las circunstancias, el Evita evalúa daños y festeja: “Aunque no es lo mismo, esto emula la agencia o ministerio que pedíamos hace tiempo, dotando a una supersecretaría”, se conforma un funcionario de la organización.
El Movimiento Evita es el último reservorio del “albertismo”. El Presidente lo sabe y el gesto era necesario ante la bronca que venía masticando la dirigencia de la organización.
