La consultora Morgan Stanley decidió mantener a Argentina en la categoría de mercado “standalone” y, pese a las expectativas del Gobierno de Javier Milei de recibir buenas noticias, Moody’s advirtió sobre el impacto negativo que tiene en la industria el plan de Luis Caputo para mantener el dólar barato.
La consultora Morgan Stanley Capital International (MSCI) decidió mantener a Argentina en la categoría de mercado “standalone” durante su revisión anual, frustrando las expectativas del gobierno de Javier Milei de obtener una mejora en su calificación crediticia.
Esta determinación ubica al país sudamericano en el mismo nivel que naciones como Zimbabue, Líbano, Palestina, Botsuana, Ucrania y Panamá, todas caracterizadas por sus restricciones cambiarias y limitado acceso a los mercados de capitales internacionales.
La clasificación “standalone” representa una suerte de limbo financiero donde los países no logran cumplir los requisitos básicos en términos de liquidez, acceso operativo y entorno normativo necesarios para ser incluidos en las categorías superiores de mercados emergentes o frontera.
Desde el Ministerio de Economía, que comanda Luis Caputo, habían filtrado previamente a medios afines que esperaban una mejora en la calificación, pero posteriormente negaron que esta expectativa hubiera sido contemplada oficialmente.
Esto se suma a la creciente lista de señales negativas que viene mostrando el programa económico de Caputo, que incluyen la persistencia del riesgo país por encima de los 700 puntos y la dificultad para acceder a los mercados voluntarios de deuda.
Además, el ministro se enfrenta a la desconfianza de los inversores internacionales, evidenciada en la decisión de suspender las licitaciones de bonos “Bontes”, y las advertencias sobre el impacto del atraso cambiario en la competitividad empresarial.
Morgan Stanley tampoco la ve
Esta decisión representa un golpe demoledor para el plan económico diseñado por el ministro Luis Caputo y respaldado por el presidente Milei. La estrategia gubernamental apostaba fuertemente a reducir el riesgo país por debajo de los 450 puntos para poder regresar a los mercados voluntarios de deuda y captar los dólares que necesita el país.
Sin embargo, la calificación crediticia argentina permanece estancada en los 700 puntos, un nivel prohibitivo para acceder a financiamiento internacional en condiciones favorables. Las consecuencias inmediatas se manifestaron en la suspensión de una licitación de Bontes (bonos que se suscriben en dólares pero se pagan en pesos) tras recibir ofertas insuficientes.
Mientras la Secretaría de Finanzas conducida por Pablo Quirno buscaba captar 3.000 millones de dólares, las ofertas apenas superaron los 800 millones, evidenciando la desconfianza de los inversores hacia los instrumentos de deuda argentinos.
Esta dificultad para acceder al financiamiento externo complica significativamente el cumplimiento del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El gobierno había validado la toma de deuda en dólares como el único mecanismo para acumular reservas, resistiéndose a comprar divisas mientras mantiene el ancla cambiaria para evitar la disparada de precios.
Sin embargo, esta estrategia (por demás heterodoxa y con fines electorales), generó las críticas incluso de los economistas afines a su ideario, quienes consideran que el gobierno debería haber aprovechado el “trimestre de oro” de la cosecha gruesa para engrosar las reservas.
El resultado es que Argentina quedó muy lejos del objetivo de acumulación de reservas pactado con el FMI, calculado en 4.500 millones de dólares al 13 de junio. Ahora el gobierno espera que el organismo internacional le otorgue una dispensa (waiver) para posteriormente aprobar la revisión y girar los 2.000 millones de dólares que necesita urgentemente.
La exclusión de los índices MSCI también significa que los fondos internacionales que replican índices como el MSCI Emerging Markets o el MSCI Frontier Markets no pueden invertir en acciones argentinas por estatuto.
Esto reduce significativamente la exposición internacional, disminuye el ingreso de flujos institucionales y eleva la percepción de riesgo, afectando no solo al mercado de renta variable sino también la visibilidad del país ante bancos globales y proveedores de servicios financieros.
La advertencia de Moody’s sobre el atraso cambiario
Como si el revés de Morgan Stanley no fuera suficiente, la calificadora de riesgos Moody’s lanzó una advertencia adicional sobre el impacto negativo que está teniendo la apreciación del tipo de cambio en la rentabilidad de las empresas argentinas. Esta señal de alerta desde Wall Street agrega presión sobre el plan económico de Caputo.
Según el análisis de Moody’s, el proceso de apreciación cambiaria observado durante 2024 y la primera mitad de 2025 derivó en un incremento de los costos operativos denominados en moneda local, afectando particularmente a empresas manufactureras y exportadoras.
La consultora explicó que aquellas compañías con una porción considerable de sus costos en pesos, pero cuyos flujos de fondos están denominados principalmente en dólares, ven erosionada su rentabilidad. Se trata de otro golpe a la ya desmejorada industria argentina.
El diagnóstico se agrava por los menores precios internacionales de commodities agrícolas y del barril de petróleo en comparación con años anteriores, lo que presiona adicionalmente la rentabilidad del sector agropecuario y de extracción de hidrocarburos.
Moody’s destacó que este escenario ocurre en un contexto de elevada volatilidad en los precios internacionales, encendiendo alertas en el mercado. Vale señalar que la situación del conflicto en Medio Oriente podría cambiar el panorama con respecto a las exportaciones e importaciones argentinas.
La calificadora también señaló que el menor tipo de cambio real multilateral, junto con un mayor nivel de apertura de la economía y la reducción de la brecha cambiaria, incrementa los costos operativos de las empresas y disminuye considerablemente los márgenes del sector manufacturero debido a su menor capacidad de fijación de precios ante el mayor grado de competencia.
Por otro lado, Moody’s observó que la demanda de instrumentos dollar-linked disminuyó fuertemente desde 2023, de forma más pronunciada desde el último trimestre de 2024, como consecuencia de los menores niveles de brecha cambiaria.
Este escenario, sumado a una mayor demanda en el segmento hard-dollar de emisiones de elevada calidad crediticia, incrementa considerablemente el riesgo de refinanciación para el resto de los emisores.
