Afortunada en el amor, desangelada en la política: la meteórica caída de Mariu Vidal

Hace tan sólo 4 años, el nombre de María Eugenia Vidal se repetía en conversaciones del círculo rojo para reemplazar al entonces presidente Mauricio Macri como candidata a presidenta del oficialismo.

Hoy, María Eugenia Vidal naufraga en política esquivando el Escila y el Caribdis de la lástima y la intranscendencia política. Postales de la meteórica caída de «Mariu».


Hace no mucho tiempo, el periodismo militante del PRO entronizaba a la entonces gobernadora María Eugenia Vidal, pintándola como una figura benevolente, desprovista de todos los vicios de «la política».

El punto más alto de Vidal llegó quizá en el primer semestre de 2019 cuando era percibida no sólo como ficha puesta para la reelección sino que además un sector mayoritario del establishment (los «accionistas mayoritarios» de Cambiemos podríamos decir), la impulsaban como candidata presidencial en reemplazo de un Mauricio Macri en caída libre.

«Toc, toc, señora María Eugenia soy la historia, necesito que sea presidenta» proclamaba un obsecuente Pablo Sirven durante una entrevista.

Lo cierto es que ese «toc, toc» de la historia no anunciaba sino el triunfo de Axel Kicillof en la competencia por el Sillón de Dardo Rocha que hasta entonces calentaba Vidal, o no, porque es sabido que gobernaba desde la Ciudad de Buenos Aires y en pocas ocasiones lo hacía desde la capital bonaerense de La Plata.

Fue un duro golpe para «Mariu» que Axel Kicillof, a quien seis meses atrás muchos veían como un candidato imposible, le ganara las elecciones por 52,18% contra 38,49%, es decir, por más de 13 puntos porcentuales, convirtiéndola en la primera mandataria bonaerense en fracasar al intentar ser reelecta.

Intentando apelar al rápido olvido y la desmemoria de su pésima gestión, Vidal optó por minimizar sus apariciones públicas en los años venideros.

Incluso llegó a protagonizar una novela acerca de si sería candidata o no en los comicios legislativos de 2021. Desde su partido le pedían que «juegue» en Provincia, pero finalmente optó por mudarse a su territorio de origen, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde tuvo una relativamente buena elección.

Su mudanza política trajo aperejada la mutacion en su discurso. Dejando atrás «la calidez» que Leuco le endilgaba y el plumaje de paloma, eligió afilar el pico (y el discurso) y mostrar las garras de halcón. Sin un electorado peronista para seducir, ya no eran necesarios lo buenos modos.

De poco le sirvió.

Aspiró luego a convertirse en candidata presidencial, realizando giras por el interior del país. Incluso lanzó su candidatura presidencial en Bahía Blanca, un histórico bastión del PRO, donde se llevó un chasco al no poder reunir más de 30 personas.

Es que el rol de Vidal como candidata presidencial del PRO no era otro que fungir como alter ego de su jefe político, Mauricio Macri.

La «noticia» de que Macri no será candidato no es en realidad tal, ya que el mismo había aclarado que no se había «anotado» en la carrera presidencial. Por otra parte, aún comprando medios como LN+, es patente que la figura de Macri hubiera sido un peso plomo para cualquier candidato de Juntos.

En ese contexto, Macri se mostraba como eventual candidato para condicionar a los verdaderos candidatos presidenciales del PRO: Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich.

¿Y María Eugenia Vidal? Su candidatura no tenía más aire que el que le daba Mauricio Macri, nuevamente, para condicionar a los verdaderos candidatos del espacio. Tanto manifestando -como candidata- que se bajaría de la contienda en caso de que «Mauricio» fuera candidato, como para morderle el voto «paloma» a un Larreta que no le respondía a Macri, o al menos no tanto como al expresidente le gustaría.

Ahora, con el histriónico «renunciamiento» de Macri, la candidatura de Vidal quedó sin substancia.

Por estos momentos, en el PRO se debate una «salida digna» para la exgobernadora bonaerense y hoy diputada porteña.

Tras su triunfo en la Ciudad en 2021 tuvo chances de posicionarse como eventual candidata a Jefa de Gobierno, toda vez que Larreta no tenía la posibilidad de ser reelecto.

Vidal rechazó sistemáticamente esta posibilidad y Jorge Macri tuvo la viveza de declinar sus ambiciones en territorio bonaerense, para acomodarse como Ministro de Gobierno porteño y comenzar a afianzarse como sucesor de Larreta.

De volver a competir en Provincia de Buenos Aires ni hablar.

Como sea, la reacción de Vidal tras el anuncio de Macri -halagos aparte- fue publicar -en plena luna de miel con Enrique Sacco- una serie de «reglas» como propuesta para la interna presidencial de Juntos por el Cambio.

Como «joyita», en su carta Vidal celebra que Macri «tiene una manera de conducir sana, que te alienta a dar lo mejor de vos». Parecería extraño viniendo de alguien que es querellante en una causa por espionaje ilegal que tiene a Macri como imputado.

Así atraviesa Vidal sus semanas, parafraseando al viejo dicho: «Afortunada en el amor, desangelada en la política».

 

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