7 de cada 10 argentinos considera que Javier Milei es parte de la casta y la imagen del libertario ya cayó 11 puntos en apenas dos meses, un desgaste que va acompañado por la crisis económica y que ya llevó a los empresarios del Círculo Rojo a evaluar otras alternativas para 2027.
Un nuevo estudio de la consultora Zentrix reveló que el 67% de los argentinos considera que Javier Milei ya forma parte de la casta que prometió combatir cuando llegó al poder. Se trata de la más reciente en una serie de mediciones que registran un deterioro sostenido de la imagen presidencial.
La encuesta, publicada en el marco del Monitor de Opinión Pública de la firma, muestra que la promesa que constituyó el principal capital simbólico del oficialismo se deterioró hasta convertirse en uno de sus principales puntos de vulnerabilidad.
Con escándalos judiciales que se acumulan, indicadores económicos negativos y un malestar social que avanza, los grandes empresarios que conforman el llamado círculo rojo ya no disimulan su preocupación y empiezan a explorar alternativas de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Javier Milei, casta y corrupción
El dato más contundente del relevamiento es la percepción sobre el llamado “pacto anticasta”: el 66,6% de los encuestados considera que ese compromiso se rompió y que el gobierno terminó integrando el mismo sistema que prometía transformar.
Otro 7,7% opina que el pacto se fue debilitando con el correr de la gestión. En el otro extremo, solo el 13% cree que se mantiene plenamente, mientras que un 12,3% considera que se sostiene en parte.
Para Zentrix, lo que está en juego no es solo la imagen de una administración: “Lo que se erosiona no es únicamente la imagen de una administración, sino el núcleo simbólico que le daba sentido político a su discurso”.
“En otras palabras, la sociedad empieza a percibir una contradicción entre el relato fundacional del mileísmo y la forma en que hoy se interpreta su ejercicio del poder”, señala el informe de la consultora. Además, la percepción de corrupción ocupa un lugar central en ese deterioro.
El 57,3% de los encuestados percibe corrupción generalizada en la gestión, y el 60,2% interpreta las denuncias como parte de un problema estructural de gobierno, no como ataques políticos aislados. Solo el 13,7% lee las acusaciones como operaciones de la oposición, mientras que un 12,9% cree que se mezclan hechos reales con especulaciones.

Lo que hace especialmente significativo este dato es su alcance: la consultora advierte que la preocupación por la corrupción ya supera al desempleo, la inflación y el salario incluso entre quienes votaron al oficialismo en las elecciones legislativas de 2025.
En ese contexto, la figura del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, concentra parte del desgaste: su imagen negativa trepó al 73,9%, un nivel que la consultora califica como excepcionalmente alto. El deterioro aparece vinculado tanto a su exposición pública como a las denuncias judiciales que lo involucran.
El 66,6% de los consultados considera que el gobierno de Milei no está comprometido con la prevención de hechos de corrupción. Solo el 32,2% le reconoce algún grado de compromiso en esa materia.
El impacto se traduce directamente en los niveles de aprobación presidencial. En abril, la aprobación de Milei cayó al 33,1%, su registro más bajo desde octubre del año pasado y muy distante del máximo de 44,4% alcanzado en febrero de 2026.
La desaprobación, en paralelo, trepó al 60,6%. En apenas dos meses, el respaldo perdió más de 11 puntos porcentuales, mientras el rechazo creció más de 13, revirtiendo la mejora sostenida que había registrado el oficialismo entre octubre y febrero, luego de su triunfo en las elecciones legislativas.

El estudio también registra el impacto del ajuste en la vida cotidiana de los hogares. El 81,6% de los encuestados debió reducir algún tipo de gasto familiar en los últimos seis meses. Y es que la situación económica sigue mostrando signos de retracción.
De ese total, el 28,8% recortó gastos básicos como alimentos, salud o servicios; el 24,9% redujo compras habituales del hogar; y el 27,7% achicó salidas, ocio o consumos no esenciales. Solo el 17,8% afirmó no haber tenido que ajustar gastos.
A ese cuadro se suma una creciente desconfianza en las estadísticas oficiales. El 70,3% de los encuestados considera que el dato de inflación del INDEC no refleja la variación de precios que experimenta en su vida diaria, una cifra que representa un salto significativo respecto del 56,4% registrado en enero, el valor más bajo de la serie.
Lo cierto es que los indicadores (tanto públicos como privados) acuerdan en que la inflación ya lleva 10 meses de aumentos, lo cual no es menor si se considera que la lucha contra el aumento de precios era otro de los caballitos de batalla del libertario.

El círculo rojo busca un plan B
Mientras las encuestas muestran el deterioro del oficialismo, los grandes actores del empresariado nacional comenzaron a moverse. Las fuerzas económicas e intelectuales que conforman el llamado círculo rojo tienen la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2027 y en una agenda de políticas que consideran innegociables para el futuro del país.
Se trata de grandes empresarios, financistas, inversores e ideólogos de derecha, que no pretenden una ruptura ideológica con el gobierno de Milei. La agenda del sector empresarial de mayor peso sigue incluyendo la continuidad del ajuste fiscal y las reformas estructurales.
Lo que cambió es la evaluación sobre la viabilidad política del modelo bajo el liderazgo actual. En los encuentros sociales y grupos de mensajería del sector, se repite la misma conclusión: se necesita un representante más “racional” de la derecha, alguien capaz de sostener las principales directrices económicas del modelo, pero con un perfil menos confrontativo.
La señal más clara de ese movimiento llegó con el encuentro entre el titular de Techint, Paolo Rocca, y el expresidente y líder del PRO, Mauricio Macri. Según trascendió, Rocca alentó a Macri a competir por la presidencia en 2027.
El empresario, pieza clave de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), permitió que la reunión se conociera públicamente, lo que podría ser una manifestación deliberada de que los sectores más concentrados del establishment ya están evaluando alternativas.
Macri, por su parte, todavía no respondió públicamente si tiene intenciones de competir. Sus niveles actuales de aprobación popular son modestos, y las principales figuras del PRO tienen roles centrales en el gobierno libertario, lo que las hace partícipes del descrédito acumulado por la administración.
La danza de posibles continuadores también incluye otros nombres que circulan de manera informal. Es en este contexto que se intenta instalar figuras como el pastor Dante Guebel, que comenzó a desplazarse por los medios y las redes sociales.
El editorial del diario La Nación del domingo pasado, titulado “Preservar el programa, proteger a Milei”, fue leído en esa misma clave. El texto defendió las transformaciones políticas y económicas del gobierno, pero subrayó que lo que el medio considera “fundamental” en el largo plazo es la continuidad del plan económico como política de Estado.
El editorial reconoció la existencia de un “costo social inevitable” del programa de ajuste, y planteó la posibilidad de avanzar con “prestaciones simbólicas, a falta de monetarias” para sostener el acompañamiento social durante la transición.
En ese contexto, el consultor económico Ricardo Arriazu, considerado hasta hace poco uno de los economistas de mayor influencia sobre Milei, viene repitiendo en sus apariciones públicas una advertencia de la que el círculo rojo tomó nota.
Arriazu sostiene que el argumento del “riesgo kuka”, que resultó funcional para la campaña oficialista en las legislativas de 2025, no garantiza la misma efectividad de cara a 2027.
Su argumento es que en dos años, la balanza del votante promedio podría inclinarse hacia la percepción de que el gobierno destruye más de lo que construye, con el salario, el consumo y la calidad de vida como evidencias concretas.
Para frenar ese deterioro, Arriazu propone un conjunto de “políticas activas de compensación” al ajuste: intervención sobre la Asignación Universal por Hijo, extensión de seguros de desempleo e incentivos a la obra pública. El objetivo sería generar actividad, empleo y movimiento en el comercio interno. Eso sí, la propuesta no incluye medidas de reactivación industrial.
El foco de esa estrategia está puesto en el conurbano bonaerense. Arriazu identificó esa región como el principal talón de Aquiles del oficialismo de cara a las presidenciales. Los datos que respaldan esa lectura son contundentes.
En los partidos del Gran Buenos Aires, la desocupación llegó al 9,5% en el último trimestre de 2025, unos dos puntos porcentuales por encima del promedio nacional del 7,5%.
En paralelo, la Provincia de Buenos Aires perdió 71.000 de los 206.000 puestos de trabajo destruidos desde que Milei asumió, casi el 35% del total nacional. El consumo en el distrito, desde 2023, se contrajo un 7,7%.
Este descontento se notó de forma palpable en las últimas elecciones en territorio bonaerense. Durante las elecciones provinciales de septiembre de 2025, el peronismo arrasó en gran parte de la provincia; mientras que en las elecciones nacionales de octubre quedó virtualmente empatado con La Libertad Avanza, marcando su mejor desempeño en 20 años.
Los indicadores macroeconómicos que llegan desde otros frentes no mejoran el panorama. La recaudación acumula ocho meses consecutivos de caída. La inflación se mantiene al alza de manera sostenida desde hace diez meses.
La actividad económica cayó un 2,1% interanual en febrero y un 2,6% respecto de enero, lo que representó la quinta peor contracción desde 2004 fuera del período pandémico. El Indicador de Consumo de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios registró en marzo una caída del 1,3% interanual y un descenso desestacionalizado del 0,5% frente a febrero.
Incluso dentro del propio gobierno, los problemas se hacen sentir en una interna cada vez más indiscreta. Trascendieron reproches del ministro de Economía, Luis Caputo, por tensiones entre Karina Milei y Santiago Caputo.
En ese escenario, el presidente optó por elevar los salarios de sus ministros, una decisión que amplificó la percepción pública de insensibilidad frente al ajuste que enfrenta la mayoría de la población.
El mapa que se dibuja es el de un gobierno que perdió respaldo incluso entre los sectores que lo apoyaron y lo financiaron, y cuya base simbólica original (la promesa de terminar con la casta y la inflación) aparece hoy invertida en la percepción ciudadana.
El círculo rojo, que se benefició de las reformas impulsadas por la administración libertaria, empieza a calcular si ese beneficio puede sostenerse bajo el mismo liderazgo o si conviene explorar otras alternativas antes de que el malestar social defina la elección presidencial.