Nada bueno que esperar

“Yo veo el futuro repetir el pasado / Veo un museo de grandes novedades”.

Cazuza en su versión original. Famoso por Bersuit en nuestro país.

“Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz / Juegan con cosas que no tienen repuesto”

Joan Manuel Serrat

Llegó el día. Tras 4 años de un gobierno que por momentos dio la sensación de empeñarse en no avanzar particularmente con la distribución del ingreso, que dejó hacer a los especuladores, que desmovilizó a la militancia, el ultraderechista auto-percibido como “libertario” Javier Milei asume la presidencia de la Nación.


4 décadas ininterrumpidas de democracia se cumplen hoy y justo en este día, se hace cargo de la primera magistratura un presidente que dijo muy suelto de cuerpo que en este país no hubo terrorismo de Estado, sino que hubo una guerra en la que las fuerzas militares y policiales cometieron “excesos”, copiando los argumentos de Videla y Massera para justificar las atrocidades cometidas. No contento con eso, el a partir de hoy presidente en ejercicio negó a los 30 mil desaparecidos.

Quienes han votado por Javier Milei argumentando que van por ese lado no porque esté de acuerdo con sus dichos o propuestas, sino “porque así no se podía seguir”, debieran entender que un presupuesto básico del acuerdo social establecido tácita y formalmente a través de diversos mecanismos desde 1983 es la condena al Terrorismo de Estado y el Nunca Mas como freno a cualquier intentona que pretenda suprimir la democracia, como lo fueron por caso los episodios sucedidos durante la presidencia de Alfonsín.

Entender esto es imprescindible, así como lo es entender que ese terrorismo de Estado tuvo por objetivo demoler una estructura social y terror mediante, establecer una narrativa que a su vez justificara la imposición de un modelo económico de carácter especulativo, de concentración de la riqueza y extranjerización de la economía que solo arrojó como resultado un aumento de la pobreza, el desempleo, destrucción de la industria nacional y un altísimo grado de dependencia del capital financiero internacional representado por el FMI.

La fiebre por el dólar, sintetizada en la promesa de aparente imposible cumplimiento de Milei de dolarizar formalmente la economía se instaló en aquellos años. Fue el diario La Nación el que publicó los primeros avisos inmobiliarios con los precios de las viviendas en moneda extranjera. Años de la famosa plata dulce. A partir de allí… la historia que conocemos: el endeudamiento furioso para sostener el giro de esa rueda, la convertibilidad menemista, las crisis de deuda con el estallido del 2001 como punto cúlmine, la famosa cuestión de la restricción externa en un país que como ningún otro requiere de dólares, las corridas cambiarias, la formación de activos en el exterior y la inflación. Todos fenómenos que nos parte de lo que llamamos “economía bi-monetaria”, analizado hasta el hartazgo, entre otras, por Cristina Fernández de Kirchner.

El descontento, enojo, bronca o como queramos llamarle que llevó a millones de argentinos a votar por un señor ex administrador de una AFJP que a los gritos prometió “motosierra” es legítimo. No obstante, es menester señalar con, junto a eso, un formidable desconocimiento de aspectos fundamentales de nuestra historia reciente es una condición necesaria para que Milei hoy asuma la presidencia, además de aquellos que siempre se dejan seducir con los discursos de la represión.

En este sentido, y tratando de ser breve, la tarea de los medios masivos de comunicación ha sido, es y será incansable. El periodismo, desde hace tiempo en crisis por razones que merecen un tratamiento particular, mayoritariamente no contribuye a la creación y circulación-difusión del conocimiento. Antes bien, es una fenomenal maquinaria de manipulación y des-información. Una campaña de acción psicológica permanente en perjuicio de la población que constantemente instala un sentido común que, lleno de prejuicios contra los desfavorecidos por el sistema, ensalza los intereses de los sectores dominantes disfrazados de “valores republicanos”.

Si. La batalla es cultural, y la estamos perdiendo por goleada.

Por este lado, la cadena nacional del pasado viernes en la que Alberto Fernández comunicó su balance de gestión fue, por lo menos, extemporánea. La ciudadanía necesitó por parte del ahora expresidente de su presencia y comunicación durante su gestión, especialmente tras las elecciones de medio término que, con derrota para el Frente de Todos fue un llamado de atención nunca atendido.

El acuerdo de refinanciación de la deuda asumida por Macri con el FMI encabezado por Martín Guzmán generó un sisma en la alianza gobernante que nunca cesó. El acuerdo, inflacionario en sus términos por exigir ajuste, flotación libre del dólar (que aun así se fue administrando) y restricciones varias fue (y es) el problema fundamental de la economía argentina, con su terrible impacto social a cuestas.

Si. La pandemia, la guerra, la sequía. Todo eso paso y, para ser justos, el gobierno saliente actuó con premura en la contención de todas esas calamidades cuidando la salud de la población, tratando que el impacto económico de la aventura bélica de la OTAN contra Rusia no impactara (tan) de lleno en el precio de nuestra energía y alimentos, y asistiendo a productores. El perjuicio económico causado por esas tres plagas ha sido enorme, pero así como se avanzó con decisión y para gusto de quien escribe con buena cintura para abordar esas contingencias, no se lo hizo de la misma forma para atender el problema que a la larga garantizó la derrota electoral: la caída del ingreso de las familias, aún en un escenario de creación de empleo.

Ahora, con la derrota concretada y con la asunción de Milei al poder (el pedacito que le toca por ser presidente), condiciones concretas que podrían permitirle a Argentina empezar a caminar de otra forma los años por venir están en severo peligro de ser desatendidas, en el mejor delos casos. La chance del autoabastecimiento energético gracias al gasoducto Néstor Kirchner hoy es apenas una expresión de deseo y el ingreso al BRICS, bloque contra hegemónico que pudiera permitir al país acceder a mecanismos de financiamiento, a mercados y a apoyos políticos que habilitaría a pensar en escapar de los condicionamientos del FMI es simplemente una quimera. Milei, cuyo reloj atrasa décadas, decidió declinar el ingreso al bloque para alinear a la Nación detrás de los intereses de Estados Unidos.

Asume Milei. No están en el país ni Lula Da Silva, presidente del principal socio político y comercial ni Xi Xinping, presidente del segundo socio político y comercial de Argentina. Pero si están los ex presidentes de Brasil, de Estados Unidos (Bolsonaro y Trump), el de Ucrania que llevó a su país a la muerte, el de Polonia, el de Hungría, el Rey de España y representantes del ultraderechista partido Vox de ese mismo país. Todo el espectáculo es seguido con militante entusiasmo por las tilingas coberturas de los medios de in-comunicación.

Para mañana, en un país vertiginoso como el nuestro habrá empezado a bajar la espuma. De ahí en más, se conocerán las primeras medidas. Se anticipó como una de ellas la liberalización de los precios de los combustibles y se espera una devaluación fuerte en los primeros compases de la gestión de la “fuerza del cielo”. El resultado de esas dos medidas es predecible, tanto que da pereza explicitarlo.

De ahí en más, para arriba y para abajo, difícil esperar que un gobierno reivindicador de la dictadura y el menemismo que por toda definición concreta promete un fuerte ajuste vaya a beneficiar al pueblo en aquello que hoy lo preocupa y angustia, que es el de sentirse incluido en un sistema que solo expulsa.

 

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