En el marco de la infatigable persecución mediático-judicial que sufre, Cristina Fernández de Kirchner publicó una carta abierta en respuesta a una nota de La Nación, en la que abiertamente sugieren encarcelar a su hija Florencia. La centralidad política de CFK a pesar del renunciamiento electoral.
El diario La Nación publicó este sábado una nota titulada “Certezas y dudas de la contraofensiva cristinista” (sic) que , con la firma de Claudio Jacquelin intenta analizar la decisión de la vicepresidenta de no ser candidata en las próximas elecciones, tras el fallo de la causa Vialidad que plantea su proscripción.
Pero el matutino fundado por Bartolomé Mitre no se limita al análisis político, en verdad se trata de una abierta amenaza, al sugerir que Florencia Kirchner podría ir presa tras ser “la única de la familia que no tiene fueros“.
El texto citado por la vice dice:
“Esa hipótesis se refuerza cuando se incorpora la variable Florencia, su hija, la única integrante de la familia que no tiene fueros y que después de esta condena pasa a ser considerada más vulnerable judicialmente y susceptible de una condena que no la liberaría de la cárcel. Ese, cuentan en el entorno de la vicepresidenta, ha sido siempre y es el mayor desvelo de la madre”.
De hijos, hijas y mafias
En una carta titulada “De Hijos, Hijas y Mafias“, Cristina planteó que:
“El fragmento reseñado de la nota se refiere a las causas Hotesur y Los Sauces armadas por Claudio Bonadío, el juez sicario, y concluidas por Julian Ercolini, el juez mutante que devino en juez viajero”.
“En esas causas, que el tribunal oral que intervino unificó, se dictó el sobreseimiento por inexistencia de delito“, agregó.
La vicepresidenta comparó el accionar de La Nación con el que lleva a cabo la mafia y el narcotráfico porque propician un “sicariato” que se ejerce “sobre los hijos y familiares de las personas que ellos decretan como enemigos“.
“La Nación una vez más vuelve a amenazar con meter presa a Florencia, mi hija. Parece que no les bastó a los medios hegemónicos con enfermarla“, afirmó.
Cristina aprovechó para volver a poner el foco el escándalo de los chats entre funcionarios del PRO, ex espías, publicistas, magistrados y directivos de Clarín:
“Ya nada ni nadie sorprende a la ciudadanía: nos acabamos de enterar de puño y letra (literalmente) a través de un chat del juez Pablo Cayssials, que la causa que dicho magistrado llevó adelante contra la procuradora fiscal Gils Carbó (ultima procuradora designada constitucionalmente) le fue solicitada por el director del diario (léase Julio César Saguier) conforme se desprende del propio texto del chat publicado en la web el pasado fin de semana”.
A la hora de analizar el riesgo que implican para la democracia, Cristina no habla sólo de “medios hegemónicos”, sino que redobla la apuesta al ponerles nombre y apellido:
“Héctor Magnetto ordenó publicar en el diario Clarín el número de teléfono de una de sus dos hijas, a quienes también les habían armado una causa. Y ya que hablamos de mafias e hijos e hijas, viene al caso recordar que Gils Carbó fue la Fiscal que se opuso a la fusión de Cablevisión y Multicanal del grupo Clarín“, recordó.
Agregó además que:
“El fiscal de Cámara Gabriel de Vedia declaró que Pepín Rodríguez Simón (asesor presidencial de Mauricio Macri que permanece prófugo hace dos años en Uruguay) fue el encargado de hacerle saber personalmente que debía renunciar, si no quería ir presa ella y sus dos hijas. Finalmente, como es de público y notorio, la procuradora constitucional renunció”.
CFK insistió en el texto publicado en su web oficial que “el fragmento de la nota en cuestión no nos trae ninguna originalidad, sino la simple repetición de prácticas mafiosas que, a fuerza de mantenerse impunes, siguen llevando adelante”.
“Hoy 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos y a 39 años de haber derrotado a la dictadura, no permitamos que a la democracia se la lleven puesta las mafias“, finalizó.
El renunciamiento electoral
La carta de CFK concluye con un llamado a defender la democracia. Un reclamo que no es menor a la luz de los recientes hechos.
El cónclave del macrismo judicial en Lago Escondido -que desnudó los vínculos carnales del Poder Judicial con los medios hegemónicos-, el intento de magnicidio y la condena en un juicio plagado de irregularidades degradaron la democracia a un piso histórico.
No es para menos: cualquier ciudadano podría legítimamente preguntarse para qué elegir representantes temporales, si un puñado de privilegiados enquistados en sus puestos de poder de forma vitalicia pueden borrar de un plumazo esa elección.
¿Para qué elegir legisladores, si la Corte Suprema puede inmiscuirse en las potestades del Congreso y ordenarles cómo se deben organizar en bloques para definir quién entra o no al Consejo de la Magistratura? En otras palabras: Menospreciar el voto popular que definió a las mayorías y minorías, para ellos imponer un esquema a gusto.
¿Qué tanto vale la representación política, si la líder indiscutida de -al menos- un tercio de la sociedad que aclama por un nuevo gobierno de ella puede ser proscripta por apenas 10 personas -tres del Tribunal Oral Nº2, más otros tres de la Cámara Federal de Casación y otros cuatro de la Corte Suprema-?
Es decir: la representación de millones puede ser borrada por apenas 10 personas.
La centralidad política
Es en ese marco que Cristina volvió a patear el tablero político, cuando la semana pasada declinó públicamente cualquier candidatura electoral de cara al 2023.
Luego de la sentencia y el renunciamiento electoral, CFK compartió una cena en Ensenada con la dirigencia kirchnerista, y allí lanzó un mensaje claro y contundente: “Háganse cargo“.
El gobernador narbonense, Axel Kicillof, que participó del encuentro, reveló que:
“Cristina hizo un llamado a la organización y a que tengamos una cuota relevante de coraje ante este verdadero ataque a la democracia. El mensaje a la militancia y a la dirigencia es ´Llevan el bastón de mariscal en la mochila, empúñenlo´”, contó Kicillof en declaraciones radiales.
De esta forma, CFK volvió a recalcar la idea de que sólo con su figura no alcanza, hace falta una movilización militante y el “coraje” de la dirigencia para enfrentar los embates contra la democracia.
En Radio Provincia, el intendente anfitrión del cónclave, Mario Secco, explicitó el reclamo de la líder peronista:
“Ella está enojada con un sector del peronismo que se benefició mucho con su presidencia y la de Néstor (Kirchner)”, comenzó revelando el intendente de Ensenada, antes de reprocharles a quienes integran ese sector que ahora “se hacen los boludos”.
“(Se trata de) un grupo de especuladores que no la nombran y, cuando ven que nadie llena el vaso, cantan ‘Cristina presidenta’”.
Resta aún saber si el peronismo decide si dar pelea o si acepta competir con Cristina proscripta y amenazada constantemente. Como fuere, sería un error considerar que el renunciamiento implica una Cristina en la “banca de suplentes“.
La centralidad política de CFK es incuestionable: decenas de miles de personas la acompañaron en el acto por el Día de la Militancia en La Plata, y sin ella subida a la contienda electoral, bastaría tan sólo con anunciar su alfil favorito para inclinar la balanza de 2023.
Con el renunciamiento y el mensaje en Ensenada, está claro que quiere que gane alguien que intente acabar con la mafia político-mediático-judicial y no alguien que se siente a negociar con ella.
Con los tiempos electorales trastocados, marzo asoma como el mes para empezar a vislumbrar las futuras definiciones electorales.
En noviembre de este año, en un plenario de la UOM, Cristina prometió que hará:
“Lo que tenga que hacer para lograr que nuestro pueblo pueda organizarse en un proyecto de país que vuelva a recuperar la ilusión y la alegría”.
Resulta ridículo creer en la incompatibilidad entre el renunciamiento electoral y la promesa de “hacer lo que tenga que hacer”. Aunque sí es legítimo preguntarse por qué hará:
¿Impulsará un nombre propio? ¿Pedirá baños de humildad como en 2015? ¿Intervendrá en una fórmula, o se mantendrá prescindente, como hasta ahora nunca hizo?
De nuevo, a menos de un año, si bien no aparecerá en ninguna boelta, el peronismo volverá a mirar a Cristina Kirchner, quien en última instancia es quien tiene la lapicera.