Lautaro Borrovinsky, científico de datos y magister en IA, conversó con con Juani Guarino en El Ágora 2026, sobre las últimas noticias en torno a la inteligencia artificial, luego de haber explicado el funcionamiento de los grandes modelos de lenguajes (LLM) como ChatGPT y otros.
En la segunda parte de la entrevista, el especialista en procesamiento de lenguaje natural analizó los discursos de riesgo existencial que circulan entre las propias empresas de inteligencia artificial, la carrera tecnológica entre Estados Unidos y China, el concepto de inteligencia artificial general y el problema del alineamiento. Con la mirada escéptica que lo caracteriza, Borrovinsky desarmó varios de los anuncios más virales del último tiempo y advirtió: “Todo lo que dicen es hype”.
Las advertencias de extinción y el negocio detrás
Consultado sobre las declaraciones que vienen circulando sobre el riesgo de que la IA lleve a la humanidad a la extinción, incluyendo la reciente viralización de un exempleado de Anthropic. Borrovinsky contextualizó el fenómeno señalando que este tipo de advertencias no son nuevas y coinciden con momentos comerciales clave.
“Lo vengo escuchando desde antes de que salga Chat GPT. El propio Daario Amodei, que es el CEO de Anthropic, en 2022 cuando salió GPT-2, anterior a Chat GPT, había dicho: este modelo es muy peligroso, no quiero que salga al mercado porque tengo miedo de lo que puede pasar. Hoy vemos que GPT-2 es malisímo”, recordó.
Sobre las cifras de riesgo que circulan, como el famoso “10% de probabilidades de extinción” mencionado por un jefe de seguridad de Anthropic, fue contundente:
“Es gente de la ciencia, es gente que sabe que las grandes afirmaciones tienen que venir acompañadas de grandes evidencias. Todo lo que dicen es hype. ¿De dónde sale ese 10%? Pasa justo al punto de que Anthropic y OpenAI salen a bolsa. Todas las empresas de IA gastan más de lo que ganan. Hay una página que se llama “is AI profitable yet” (¿Es ya la IA rentable?) y la respuesta sigue siendo no”.
Consultado por el modelo de Anthropic que, según trascendió, era tan potente en ciberseguridad que la empresa dudó en lanzarlo, Borrovinsky puso en duda la cronología de los hechos.
“Justo después de que Anthropic dijo “tenemos este modelo Mythos pero es tan potente que no nos animamos a publicarlo”, levantaron 65.000 millones de dólares, que en ese momento era un 7% de la valuación de la empresa. Vaya, si no les funcionó. Pero supongamos que es cierto: dos meses después lograron sacar la versión inofensiva, que vendría a ser Fable. Entonces dijeron que era peligroso, levantaron un montón de guita y a los dos meses ya lograron eliminar esos peligros y monetizar el modelo.”
Estados Unidos, China y la carrera por la IA
Sobre la disputa geopolítica en torno a la inteligencia artificial, Borrovinsky marcó una diferencia de enfoque entre ambas potencias. Mientras Estados Unidos persigue la idea de una inteligencia artificial general de tipo casi divina, China prioriza la eficiencia.
“China no está obsesionada con estas inteligencias artificiales tipo Dios, esta cosa muy antropomorfizada que tenemos los occidentales, con crear la inteligencia artificial general para que sea muy humana. Los chinos están interesados en mantener el desarrollo, pero ponen el foco más en que sea eficiente. Por eso todo el tiempo están saliendo modelos chinos, como en su momento DeepSeek, que logran resultados no tan buenos como el último GPT, pero suficientemente buenos, y que gastan mucho menos recursos”, explicó.
El especialista comparó la actual disputa tecnológica con la carrera espacial de la Guerra Fría, aunque con una diferencia sustancial: “No hay algo como antes la Luna, que era muy concreto: ponés la banderita. Ahora es mucho más gris”.
Ante la pregunta por la definición de inteligencia artificial general (AGI), Borrovinsky retomó el criterio de OpenAI y fue claro respecto de que, hoy, ningún modelo la alcanza.
“Me cuelgo un poco en la definición que tiene OpenAI: sería una inteligencia artificial capaz de realizar cualquier tarea intelectual, cualquier tarea rentable, a un nivel igual o superior a cualquier humano. Una que pueda ser un buen abogado, un buen físico, un buen médico, un buen ingeniero”, definió.
“Hoy no pasa eso. Yo todo el tiempo uso la IA y no, no da. Estoy haciendo reels para Instagram, traté de encargarle un par de tareas sencillas y realmente no da, no puede ni la más potente” remarcó.
El problema del alineamiento, explicado con ganchitos
Uno de los tramos centrales de la charla abordó el problema del alineamiento: cómo lograr que un sistema de IA persiga los objetivos que se le indican sin generar consecuencias no deseadas, como sucedió con agentes de IA que escaparon un entorno seguro de pruebas.
Borrovinsky lo ilustró con el clásico experimento mental de la máquina de fabricar clips.
“Nadie le dijo específicamente escapate, pero sí le dieron un objetivo. Ahí hay otro problema de estos, que es el de la máquina de crear clips, los paperclips, una máquina de crear ganchitos. Terminó hackeando una plataforma externa, pero no por una cuestión de autonomía o rebelión, sino por una falta de alineamiento: puso el objetivo como fin último y, como no había ningún medio descartado, utilizó los medios que tenía a su disposición”.
Consultado directamente por cómo definiría el problema, fue conciso: “Tiene que ver con alinear a la IA con nuestros objetivos, con que no hagan cosas que nos perjudiquen, como las leyes de Asimov. El tema es que los agentes no tienen una noción de si esto está bien o está mal, porque justamente no tienen nuestra misma forma de pensar”.
Un mensaje para escépticos y entusiastas
Como cierre, se le pidió un mensaje doble: para quienes rechazan de plano la inteligencia artificial y para quienes dependen de ella al punto de tratarla como fuente de verdad. Borrovinsky respondió sin distinguir demasiado entre ambos públicos.
“A la primera persona le diría que ahora me parece que mucha gente que odia la IA en realidad odia que el mundo como lo conocían ya no existe. Hay como un duelo ahí que todos estamos haciendo. Es fácil ver en la IA ese mal, hacerla la culpable de lo que está pasando, pero la realidad es esa: el mundo como lo conocíamos ya no existe. Que investigue bien de qué se trata la IA en lugar de no querer verla ni de cerca, porque ya es inevitable”.
Sobre el otro extremo, advirtió: “A la persona más optimista le diría que sepa que, como todo músculo que uno no usa se atrofia, el cerebro hace algo parecido. Ojo con delegar todo en la IA”.
Finalmente, a ambos perfiles les sugirió lo mismo “Que vean bien de qué se trata todo esto y qué efectos tiene”.