Endeudamiento, caída del consumo, aumentos de tarifas y apertura de las importaciones explican el cierre de casi 30 mil empresas durante la gestión de Javier Milei, un desplome que no encuentra piso y que tampoco tiene antecedentes en los últimos 20 años.
Desde que Javier Milei asumió la Presidencia, la Argentina perdió más de 341.396 puestos de trabajo registrados y 28.262 empresas con al menos un empleado formal. Solo en los primeros cuatro meses de 2026 cerraron 5.654 empresas, según los datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).
El fenómeno se explica por una combinación de factores: el endeudamiento de las pymes, la caída del consumo interno, el aumento de tarifas de servicios y la apertura a las importaciones, que golpea a la producción nacional.
La caída de las PyMEs no encuentra piso
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) procesó la información oficial de la SRT y concluyó que, entre noviembre de 2023 y abril de 2026, el país perdió 28.262 empresas empleadoras y 341.396 empleos registrados.
Según ese trabajo, se trata de la peor caída en los primeros dos años y cinco meses de un Gobierno en la historia argentina, un retroceso que solo encuentra antecedentes comparables en la salida de la crisis de 2002, tras el fin de la Convertibilidad.
Solo en abril, el último mes con datos disponibles, desaparecieron 1.814 empresas y se perdieron 1.555 puestos de trabajo. En el primer cuatrimestre de 2026 el total de cierres llegó a 5.654 empresas, con la desvinculación de 43.680 trabajadores registrados, tomando en cuenta también las aperturas y contrataciones del período.
Los sectores más afectados en términos de empleo fueron la industria manufacturera, con la pérdida de 81.795 puestos de trabajo; la construcción, con 74.840 empleos menos; y transporte y almacenamiento, que eliminó 65.605 puestos.
En cuanto a la cantidad de empresas, el comercio fue el rubro más golpeado en términos absolutos, con 7.285 firmas menos, mientras que transporte y almacenamiento registró la mayor caída porcentual, del 16,3%.
En sentido inverso, cinco actividades lograron aumentar su número de empleadores. El mayor crecimiento se dio en servicios de asociaciones y personales, con 2.023 empresas adicionales, seguido por las actividades administrativas, que sumaron 1.026 nuevos empleadores.
También crecieron, en menor medida, la explotación de minas y canteras, electricidad y gas y la administración pública, aunque esta última, pese a sumar ahora 67 empleadores, redujo su plantilla en 63.535 trabajadores.
El informe del CEPA señala además que la caída en la cantidad de empresas alcanzó a todas las provincias, con La Rioja, Catamarca y Chaco a la cabeza del retroceso. La única excepción fue Neuquén, donde la actividad vinculada a Vaca Muerta permitió un incremento cercano al 1,5% en la cantidad de empleadores.
Según el mismo relevamiento, en la actualidad hay 484.086 empresas empleadoras en el país, una cifra que queda lejos del pico histórico de 540.282, registrado en febrero de 2012.
“Durante el actual gobierno se profundizó la precarización”
Un segundo estudio, elaborado por el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), coincide en el diagnóstico general aunque con cifras propias, calculadas sobre un período parcialmente distinto.
Según ese trabajo, entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 el empleo registrado en unidades productivas cayó de casi 9,9 millones de trabajadores a poco más de 9,5 millones, mientras que la cantidad de establecimientos empleadores pasó de 513.650 a 485.909.
El resultado, de acuerdo con la UNDAV, fue la pérdida de 369.463 puestos de trabajo registrados y el cierre de 29.741 unidades productivas.
El informe universitario sostiene que el deterioro del empleo registrado durante 2024 “afectó principalmente a los sectores más sensibles a la caída de la actividad y del gasto público, destacándose la construcción, la industria manufacturera y diversos servicios”.
En el caso de la construcción, el estudio lo vincula a la decisión oficial de interrumpir la mayor parte de la obra pública nacional, con impacto sobre empresas constructoras, contratistas y proveedores de insumos.
La UNDAV también advierte sobre una recuperación parcial e insuficiente durante 2025 y 2026: “si bien durante 2025 y 2026 se observó una recuperación parcial en algunas actividades, esta resultó insuficiente para revertir las pérdidas acumuladas”.
Según el informe, ese repunte se concentró sobre todo en la explotación de minas y canteras, “reflejando una recuperación heterogénea y una estructura ocupacional cada vez menos intensiva en la generación de empleo formal”, en relación con los proyectos de Vaca Muerta y la minería de litio y cobre, actividades con alta inversión pero baja generación de empleo.
Otro punto que remarca el estudio es el avance del trabajo independiente, en particular bajo la modalidad de monotributo, en simultáneo con la caída del empleo asalariado registrado. Al respecto, la UNDAV concluye que:
“Durante el actual gobierno se profundizó la precarización laboral, no solo a través de la informalidad, sino también mediante la sustitución de empleo asalariado protegido por formas más precarias de inserción laboral”.
En paralelo, el sector pyme reclama al Gobierno incentivos al consumo y financiamiento accesible. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) pidió asistencia fiscal, mientras que la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) habilitó un plan de pagos en 18 cuotas para deudas fiscales, aunque algunos analistas lo consideraron insuficiente.
En ese contexto, el CEO de Banco Galicia, Diego Rivas, señaló que si bien las empresas en general muestran bajos niveles de endeudamiento, las pymes presentan mayor morosidad: “Las compañías de menor tamaño son las que presentan una mayor incidencia en los indicadores de mora”.
Rivas agregó, en declaraciones a Ahora Play, que “las pymes tienen menos educación financiera, por lo que les cuesta un poco más” y que, a diferencia de lo que ocurre con los individuos, “el nivel de mora en las pymes sigue subiendo”.

Preocupación en las pymes: Las ventas minoristas ya arrastran un año de caídas
Las panaderías, síntoma de la crisis del consumo
La crisis del entramado productivo tiene una expresión concreta en el sector panadero. Desde la asunción de Milei cerraron cerca de 2.850 panaderías en todo el país, según cálculos de las cámaras del sector.
Pese al Mundial, que suele generar un repunte estacional en el consumo, las ventas no mostraron mejoras significativas y las cámaras panaderas decidieron mantener el precio del pan pese al aumento de costos, para evitar profundizar la caída de las ventas.
Martín Pinto, presidente del Centro de Panaderos de Merlo y secretario general de la Cámara de Industriales Panaderos de la Provincia de Buenos Aires (CIPAN), explicó que la decisión fue tomada en conjunto por la cámara bonaerense y las regionales: “La comisión directiva tomó la decisión de no sacar aumento por ahora. Es razonable y avalamos la decisión”. Y agregó:
“Vamos a bancar 30 días más, la mayoría tomó esa decisión así que vamos a esperar. La gente no tiene un mango, compra lo que puede no lo que quiere”.
Según datos del sector, la venta de pan tradicional cayó entre un 50% y 60%, mientras que las facturas y productos de pastelería se desplomaron un 80%. Pinto describió el cambio en los hábitos de consumo: “La gente ya no compra por kilo, sino por lo que le alcanza en el bolsillo. Hace compras fraccionadas, lo que necesita para el día o por unidad”.
El Mundial, sostuvo, no generó una recuperación de las ventas sino apenas una estabilización: “No repuntó con la copa se estabilizó. Dejó de caer pero sabemos que es por el frío pero los días que hace calor cae la venta de nuevo. Ahora estamos sosteniendo el laburo”.
Las cámaras del sector también remarcaron el peso de los costos fijos: las boletas de luz y gas de las panaderías oscilan entre 200.000 y 350.000 pesos, con tarifas comerciales e industriales. A esto se suma el aumento mensual de la harina, de entre un 3% y 4%, muy por encima de la inflación medida por el INDEC. Pinto lo resumió así:
“Desaparecieron los jubilados de las panaderías y hay más gente pidiendo el remanente de la tarde que comprando”.

