La escalada bélica en Medio Oriente provocó una nueva suba del petróleo que amenaza con complicar las metas inflacionarias de Luis Caputo, y que se suma a los aumentos de la carne causados por un sector que ya descarta que bajen los precios.
La reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán volvió a empujar al alza el precio internacional del petróleo y encendió una nueva alarma para la meta de desaceleración de precios que persigue el ministro de Economía, Luis Caputo.
El combustible no es el único frente de presión inflacionaria: el valor de la carne vacuna también retomó una tendencia ascendente y, según advierten en el sector, el fenómeno climático de El Niño podría agravar el escenario a partir de la segunda mitad del año.
Otra vez se dispara el precio del petróleo
El crudo llegó a su valor más alto luego de la decisión del presidente Donald Trump de restablecer el bloqueo a la navegación iraní y de proponer el cobro de un peaje del 20% para garantizar la custodia del estrecho de Ormuz, un paso estratégico clave para el comercio mundial de energía.
El Brent, la referencia utilizada en gran parte del mundo (incluida la Argentina), tocó su nivel más elevado desde el 12 de junio, mientras que el WTI estadounidense alcanzó su techo desde el 16 de junio, previo a la firma de un memorando entre Washington y Teherán para poner fin al conflicto.
El impacto se sintió con fuerza en una sola rueda: el barril de Brent saltó 9,59% y cerró en 83,80 dólares, mientras que el WTI avanzó 9,42% hasta los 78,14 dólares, uno de los mayores incrementos diarios desde que comenzaron las tensiones. En jornadas posteriores, la suba continuó: el Brent llegó a cotizar en 86,43 dólares (+3,7%) y el WTI en 80 dólares (+2,4%).
Este cuadro también repercutió en los mercados argentinos. En su primera rueda tras el fin de semana largo, el S&P Merval retrocedió 0,6% y se ubicó en 3.259.695 unidades, con caídas lideradas por el sector financiero: BBVA cedió 3,3% en la plaza local y 3,9% en su ADR, mientras Banco Macro perdió 2,6% en Buenos Aires y 3,7% en Nueva York.
En cambio, las acciones ligadas a la energía se beneficiaron con la suba del crudo: YPF avanzó 3,4% y Pampa Energía sumó 1,3%, en tanto Globant se destacó con un alza del 7,3%. El riesgo país también sintió el clima de mayor volatilidad y subió a 404 puntos básicos, con una baja del 0,5% en los bonos soberanos en dólares.
La Cepal ya advirtió sobre las consecuencias regionales del conflicto: según el organismo, la guerra está trasladando sus efectos a las economías latinoamericanas a través de mayores precios de la energía, los fertilizantes y la logística, lo que podría presionar tanto la inflación como el nivel de actividad en los próximos meses.

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La carne, otro factor de presión
En paralelo al frente petrolero, el mercado de la carne vacuna empezó a mostrar señales que preocupan a quienes siguen de cerca la meta de precios del Gobierno.
El Rosgan proyecta que la faena de este año podría caer entre 500 mil y 1,2 millones de cabezas respecto de 2025, mientras que el valor del ternero para invernada llegó a un récord histórico de 4 dólares por kilo vivo. Fuentes del sector consultadas explicaron que se produjo un cambio de tendencia.
La oferta de animales comenzó a achicarse porque los productores optan por retener hacienda para lograr un mayor engorde, en un contexto en el que la exportación exige mayores volúmenes. Desde la Agencia String Agro sostuvieron que “la carne barata en Argentina llegó a su fin” y anticiparon una transformación en el consumo interno de proteínas.
Un comprador que abastece a frigoríficos del país graficó la dificultad para adquirir animales: “Hoy el problema es conseguir hacienda”, señaló, y agregó que la retención de los productores, que esperan precios aún más altos, achica la oferta disponible. “Hoy no hay forma de que el precio baje”, resumió.
El fenómeno no es exclusivamente local. Estados Unidos atraviesa un proceso de recomposición de sus vientres tras registrar el stock más bajo de las últimas décadas, y se espera que continúe reduciendo su producción al menos hasta 2027.
Brasil, por su parte, también comenzó a retener vientres después de varios años de fuerte liquidación. A esto se suma una demanda internacional sostenida, con un crecimiento relevante del consumo en Asia, particularmente en China.
El economista Salvador Di Stefano, uno de los analistas del agro más consultados por el mercado, planteó en la red social X que la retención de vientres podría derivar en “una fuerte suba de la carne para el segundo semestre”, con foco en el mes de septiembre. Además, remarcó que el precio del ternero cotiza en niveles “nunca vistos”.
No todo el panorama es lineal: según el informe de Rosgan, los feedlots mantienen los niveles de ocupación más altos de su historia, con más de 2,1 millones de animales en engorde, y el peso promedio de faena alcanzó un récord gracias a la mayor recría. Esa mayor productividad podría moderar, en parte, el efecto de una menor cantidad de animales enviados a faena.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) confirmó que la faena bovina del primer semestre cayó a su nivel más bajo en diez años y proyectó un cierre anual de entre 12,4 y 13,1 millones de animales.
Pese a esa baja, la industria compensó con mayor productividad: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, 7,5 kilos más que un año atrás.
Según la entidad, “la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados”.
Los feedlots ganaron protagonismo en ese esquema: aportan más del 37% de los animales enviados a faena, contra el 30% de hace cinco años, y su stock al 1 de julio superaba los 2,17 millones de cabezas, uno de los registros más altos de la serie histórica.
Aun así, la BCR advirtió que el potencial de crecimiento del rodeo está limitado, ya que hoy hay 500.000 vacas menos en servicio, lo que obliga a sostener una faena moderada para evitar una caída mayor del stock bovino, que el año pasado ya se redujo en 700.000 cabezas por mortandad natural.

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El Niño, una amenaza adicional
A la tensión petrolera y a la dinámica de la hacienda se suma un tercer factor de riesgo: el fenómeno climático de El Niño, que podría generar inundaciones en distintas regiones productivas del país durante la segunda mitad del año.
El titular de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes, Miguel Schiaretti, advirtió que este fenómeno podría afectar a entre “tres y siete millones de hectáreas” con inundaciones, lo que tiene capacidad de “desestabilizar” los precios que paga el consumidor final “a partir de septiembre”.
Según explicó, la estabilidad observada en el último trimestre se debió a la sobreoferta generada tras la sequía de 2023 y las inundaciones de 2024 y 2025.
Entre las zonas que podrían verse afectadas si se confirma el pronóstico figuran el sur del Litoral, el este de Salta, el centro-oeste de Formosa y Chaco, Santiago del Estero, el oeste de Santa Fe, Córdoba y el este de San Luis y Buenos Aires.
Ya en el arranque de julio, el relevamiento de la consultora Eco Go mostró una aceleración del 0,5% en el rubro carnes a nivel minorista, impulsada por el pollo (+2,1%) y el pescado (+0,5%), mientras la carne vacuna se mantuvo estable.
El informe señaló que “esta presión alcista en los comercios minoristas contrastó abiertamente con lo ocurrido en el mercado mayorista, donde los valores mostraron un respiro al contraerse un 1,9% revirtiendo la suba de la primera semana y descomprimiendo parcialmente los costos de origen en la cadena cárnica”.
El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, sobre la base de más de 30.000 relevamientos en el AMBA, Rosario y Córdoba, registró una variación mensual del 0,3% en junio, aunque en la comparación interanual el incremento llegó al 55,6%, por encima de la inflación acumulada del período.
