Milei firmó un acuerdo para que la armada estadounidense patrulle el Mar Argentino Sur

El gobierno de Javier Milei habilitó a la armada estadounidense a vigilar el Mar Argentino Sur por 5 años, un acuerdo que se conoció por un anuncio del Comando Sur estadounidense, que calificó la zona como un “bien común global”.

El gobierno de Javier Milei firmó una alianza militar con Estados Unidos para vigilar las actividades marítimas en el Atlántico Sur durante los próximos cinco años, en el que habilita al ejército de la potencia norteamericana a vigilar las actividades de la zona.

Lo llamativo es que el acuerdo fue anunciado por el Comando Sur estadounidense, organismo dependiente del Departamento de Defensa que supervisa las operaciones militares de Washington en América Latina y el Caribe.

El Ministerio de Defensa, a cargo de Carlos Presti, no realizó ninguna comunicación oficial al respecto y tampoco aclaró por qué el programa habla del Atlantico Sur como un “bien común global”. Es que su denominación oficial es: “Programa para la Protección de los Bienes Comunes Globales”.

La Carta de Intención fue suscrita por el contraalmirante Carlos Sardiello, en nombre de las Fuerzas Navales del Comando Sur y la Cuarta Flota de Estados Unidos, y por el almirante Juan Carlos Romay, representando a la Armada Argentina. Según el comunicado del Comando Sur, el objetivo es defender los bienes comunes globales y fortalecer la seguridad regional.

La primera fase del programa consiste en la entrega de una cámara especializada para ser instalada en una aeronave de patrullaje de la Armada Argentina. Con el correr de los cinco años, el plan prevé incorporar equipamiento tecnológico avanzado, capacitación militar y asistencia operativa orientada a la detección e interceptación de amenazas marítimas.

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“El Mar Argentino no es un bien común global”

El acuerdo generó rechazo en la oposición, que cuestionó la cesión de soberanía sobre un espacio estratégico. El ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco, fue uno de los primeros en pronunciarse públicamente.

“El Mar Argentino no es un bien común global. Es un espacio donde la Argentina tiene la OBLIGACIÓN de ejercer jurisdicción propia y custodiar sus recursos. En vez de ofrecer nuestro Atlántico Sur como área de entrenamiento y mapeo naval para otras potencias, el gobierno nacional debe cumplir allí sus funciones soberanas”, escribió en sus redes sociales.

Bianco también señaló que la firma del acuerdo coincidió con un nuevo avance en el negocio petrolero en torno a las Islas Malvinas. Según el funcionario bonaerense, la petrolera canadiense Eco Atlantic anunció ese mismo día su incorporación al consorcio multinacional.

El grupo ya está integrado por la israelí Navitas y la británica Rockhopper, grupo que proyecta iniciar explotación petrolera en la Cuenca Malvinas Norte en 2028. En este contexto, Bianco resaltó que entre las funciones soberanas que debería ejercer el gobierno nacional están:

“Comenzar imperiosamente las gestiones y las acciones de presión diplomática para impedir la explotación ilegal de petróleo en la Cuenca Malvinas Norte, que se sigue consolidando frente a la parálisis del gobierno de Milei”.

Entre los cuestionamientos también se destacó que el anuncio no provino del gobierno argentino sino exclusivamente de la Embajada de Estados Unidos y del Comando Sur, lo que hablaría del carácter asimétrico del vínculo.

El último eslabón de una cadena de acercamientos

El acuerdo firmado esta semana no es un hecho aislado, sino la continuación de una serie de gestos y decisiones que desde el inicio de la gestión de Milei han ido estrechando los lazos entre Buenos Aires y Washington en materia militar y diplomática.

Uno de los episodios más recientes tuvo lugar el 30 de abril, cuando Milei abordó el portaaviones USS Nimitz, una de las embarcaciones de guerra más grandes de la flota estadounidense, fondeada a 27 kilómetros de la costa de Mar del Plata.

El presidente recorrió la nave de 330 metros en el marco de ejercicios militares conjuntos organizados por el Comando Sur, la Embajada y la Armada Argentina.

El vínculo con la conducción del Comando Sur viene de antes. Ya en los inicios de su mandato, Milei viajó a Tierra del Fuego para reunirse con la entonces jefa del organismo, Laura Richardson, a quien también recibió en la Casa Rosada.

En agosto de 2025, fue anfitrión del nuevo titular del Comando Sur, Alvin Holsey, con quien coordinó en la Casa Rosada y el Ministerio de Defensa los detalles para el despliegue de 4.000 infantes de marina en costas sudamericanas.

En octubre de 2025, el presidente autorizó mediante decreto el desembarco de tropas estadounidenses en Ushuaia para ejercicios conjuntos. La medida eludió el tratamiento en el Congreso, que según la legislación vigente debe aprobar el plan anual de ejercicios militares.

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¿Mar Argentino o Atlántico Sur? La geopolítica de las palabras

El cruce de declaraciones revela un detalle que trasciende lo puramente semántico para adentrarse en el terreno de la soberanía. No es un dato menor que el comunicado de Washington se refiera al área como “Atlántico Sur”, mientras que las críticas de funcionarios como Bianco hacen hincapié en el término “Mar Argentino”.

Aunque en la práctica ambas partes están hablando de la misma zona geográfica, los nombres sugieren dos visiones políticas y jurídicas diametralmente opuestas. El “Atlántico Sur” es un concepto territorialmente vago y difuso; abarca una inmensidad oceánica que incluye aguas internacionales y llega, por ejemplo, hasta las costas de África. Esta denominación resulta funcional a la retórica estadounidense que clasifica a la región como un “bien común global”, un espacio libre sujeto a la vigilancia internacional compartida.

Por el contrario, el uso del término “Mar Argentino” delimita la discusión. Técnicamente y de acuerdo al derecho internacional, la zona en cuestión no es un espacio libre, sino territorio soberano argentino. Se trata de una jurisdicción que forma parte integral de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (lo que incluye ineludiblemente a las Islas Malvinas).

Al cambiar el foco del “Atlántico Sur” al “Mar Argentino”, se desarticula la idea de un área de libre acceso para otras potencias y se remarca que es un espacio donde el Estado tiene el deber de administrar y custodiar sus propios recursos.

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