El cuentapropismo en la administración Milei: un actor social de la época

rappi milei

El segmento de trabajadores independientes y cuentapropistas, vectores determinantes del triunfo electoral de Javier Milei en 2023, comienza a manifestar signos de tensión. Se observa una disociación creciente entre la narrativa oficial, que exalta la iniciativa individual, y una dinámica macroeconómica, caracterizada por la contracción del ingreso real y la degradación del poder adquisitivo, que la limita.

La construcción de la identidad del trabajador por cuenta propia

Existe un estrato sociolaboral que resultó fundamental para la arquitectura del consenso libertario: los trabajadores por cuenta propia. Este universo heterogéneo (integrado por prestadores de servicios digitales, repartidores de plataformas y pequeños emprendedores) ha estructurado su cotidianidad en torno a la autonomía laboral.

Esta adscripción no fue accidental. El ethos del emprendedurismo y la capacidad de autogestión sintonizaron de manera orgánica con la narrativa del esfuerzo meritocrático que el Ejecutivo posicionó como eje moral de su gestión. Para este sector, el concepto de flexibilidad laboral no fue decodificado como una pérdida de derechos, sino como una herramienta de emancipación individual frente a la regulación estatal.

La brecha de 2020

Para desentrañar el respaldo de este sector a la propuesta libertaria, es imperativo analizar el impacto de la crisis sanitaria de 2020. La gestión de la pandemia profundizó una fractura estructural entre los asalariados formales (que en muchos casos mantuvieron la estabilidad de sus ingresos con ayuda del Estado) y los cuentapropistas, cuya actividad se vio fuertemente limitada por las restricciones de movilidad.

Mientras los trabajadores en relación de dependencia tenían garantizado su sueldo a través del ATP y muchos empleados públicos no debían asistir a su trabajo , las transferencias de ingresos para la informalidad (como el IFE) resultaron discontinuas e insuficientes para vivir. Este escenario fermentó un resentimiento sociopolítico contra lo que el discurso de Milei categorizó bajo el significante de “la casta”, canalizando la percepción de injusticia y desigualdad de condiciones frente al aparato estatal.

La expansión del monotributo como indicador de fragilidad laboral

La dinámica del mercado de trabajo desde el inicio del ciclo actual muestra un patrón de precarización por desplazamiento. Mientras que el empleo bajo relación de dependencia registró una pérdida de 200.000 puestos, el régimen de monotributo captó a 160.000 nuevos inscriptos. Esta simetría estadística no representa un auge de la vocación emprendedora, sino una estrategia de supervivencia ante la destrucción del empleo en relación de dependencia formal.

Aunque el oficialismo interprete este crecimiento como un indicador de vitalidad económica, el fenómeno subyacente es la individualización del fracaso. En un contexto de ajuste severo, el relato que deposita el éxito exclusivamente en el mérito personal transforma la crisis social en una carga psicológica individual, con consecuencias directas en la salud mental y la cohesión del tejido social.

Tensiones entre el relato y la microeconomía

La erosión del vínculo político se manifiesta hoy en la esfera de la economía doméstica. La retracción del consumo ha impactado directamente en la facturación de los microemprendimientos.

Simultáneamente, el sector de transporte de pasajeros por plataformas experimenta una saturación de oferta debido al ingreso de personas que ya tienen un empleo y que buscan complementar sus ingresos reales, lo que ha deprimido las tarifas y marginalizado la rentabilidad de quienes dependen exclusivamente de esta actividad.

Las primeras fisuras con la actual gestión

El sector del trabajo autónomo prioriza la libertad de acción, pero su legitimación política hacia el gobierno está ligada al poder de compra. Cuando la intensidad del esfuerzo no correlaciona con la estabilidad económica, el contrato simbólico con esta gestión empieza a ser revisado más detenidamente.

La percepción de asimetría ética, alimentada por escándalos relacionados con el manejo de recursos y beneficios por parte de funcionarios (como el caso de Manuel Adorni), termina por consolidar la fractura. El deterioro de esta base electoral es un proceso en curso que se valida en la imposibilidad de sostener los niveles de consumo y en la creciente dificultad para garantizar el sostén financiero de los hogares.

 

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