La imagen negativa de Javier Milei trepó al 51,8% y alcanzó su peor registro en medio de escándalos de corrupción que se acumulan y una situación económica que no da señales de repuntar, al punto que la mitad de los argentinos consideran que el libertario “hace sufrir a la gente sin sentido”.
La imagen del presidente Javier Milei atraviesa su peor momento desde que asumió el cargo, en un contexto de creciente deterioro económico que no muestra señales de recuperación y escándalos de corrupción que se acumulan (el más reciente, el caso de ANDIS).
Una encuesta nacional realizada por Giacobbe Consultores entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre revela que la valoración negativa del mandatario alcanzó el 51,8%, superando por primera vez la barrera del 50% y dejando atrás a la imagen positiva, que se ubicó en 42,4%.
El relevamiento, que consultó a 2.500 personas en todo el país con un margen de error de +/- 2%, marca un punto de inflexión en la evolución de la percepción pública hacia el gobierno libertario. La diferencia neta entre imagen positiva y negativa llegó a -9,4 puntos, el peor registro desde diciembre de 2023, según los datos históricos de la consultora.
El estudio también midió la imagen de otros referentes políticos del escenario nacional. Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, registró un 39,1% de imagen positiva frente a un 47,5% de negativa, mientras que un 7,7% tiene una visión regular del mandatario bonaerense y el 5,7% restante no lo conoce o no respondió.
La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner obtuvo un 31% de imagen positiva contra un 52,1% de negativa, con un 11,8% que la considera regular y un 5,1% que no la conoce o prefirió no contestar. En tanto, el expresidente Mauricio Macri cosechó apenas un 27,7% de valoración positiva y un 49,4% de negativa, con un 15,4% de imagen regular.
La vicepresidenta Victoria Villarruel mostró los números más bajos del lote: solo un 15,1% de imagen positiva frente a un 45,6% de negativa, con un llamativo 26,5% que la considera regular y un 12,8% que no sabe o no contestó. El dato de Villarruel refleja el alto nivel de personas que aún no tienen una opinión definida sobre la número dos del gobierno.
El resultado del ajuste le pasa factura a Javier Milei
Respecto a las principales reformas que impulsa el gobierno de La Libertad Avanza tras el triunfo electoral del 26 de octubre, la encuesta muestra una sociedad dividida y con altos niveles de desconocimiento o falta de opinión formada.
La reforma laboral por la que presiona el sector empresarial, que retoma artículos del DNU 70 frenados por la Justicia, obtuvo un 40% de acuerdo contra un 41,5% en desacuerdo. Un 4,8% declaró no tener una opinión formada, mientras que el 9,5% manifestó no contar con información suficiente sobre la iniciativa, y un 4,2% no supo o no quiso contestar.
En cuanto a la reforma tributaria, el apoyo alcanzó el 37,7% frente a un 25,5% de rechazo. Sin embargo, destaca el elevado porcentaje de personas sin posición clara: un 8,7% sin opinión formada y un 19,6% que admitió carecer de información suficiente, a lo que se suma un 8,6% que no respondió.
La reforma previsional registró un 32,8% de respaldo contra un 39,8% de oposición, con un 5,2% sin opinión formada, un 11,7% sin información suficiente y un 10,6% que no supo o no contestó. Los datos muestran que en los tres casos los niveles de acuerdo y desacuerdo se mantienen relativamente parejos.
El estudio incluyó una pregunta abierta en la que se solicitó a los entrevistados que definieran con una sola palabra al presidente Milei. Los términos más mencionados fueron “Genio” y “Esperanza”, seguidos por otros como “Cipayo”, “Loco”, “Corrupto”, “Honesto”, “Desquiciado”, “Libertad”, “Coraje”, “Malo”, “Psicópata” y “Cruel”.
Del mismo modo, al pedir que definieran con una palabra la emoción que les produce Argentina, los resultados mostraron un empate entre “Tristeza” y “Esperanza” en el primer lugar, mientras que más abajo aparecieron términos como “Amor”, “Orgullo”, “Patriotismo”, “Angustia” y “Alegría”.
Los resultados de ambos apartados dan cuenta de una sociedad dividida en sus opiniones y en la que parece que el principal movilizador de la imagen de Milei es la esperanza por una mejora que hasta ahora llegó y no da muestras de consolidarse en el futuro.
Uno de los datos más contundentes de la encuesta es el que aborda la percepción sobre el esfuerzo económico que está realizando la población. Cuando se preguntó cuál frase se acercaba más a la opinión de cada entrevistado, un 48% respondió que “el Gobierno está haciendo sufrir a la gente sin sentido”.
En contraste, el 38,5% manifestó que “el esfuerzo vale la pena, hay que seguir para adelante”, mientras que un 10,6% admitió que “el esfuerzo vale la pena, pero la gente no da más”.
En otras palabras, casi la mitad de la población considera que el costo del programa económico no tiene justificación, mientras que entre quienes lo defienden existe una porción significativa que reconoce haber llegado a un límite.
Los números de la crisis económica
El malestar social se explica, según el análisis de la consultora, por un deterioro económico persistente que afecta múltiples dimensiones de la vida cotidiana de los argentinos. Eso es acompañado por una catastrófica situación entre las empresas.
Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la producción industrial cayó alrededor del 10% en promedio interanual durante 2024, con una leve recuperación en lo que va de 2025.
El saldo del gobierno de Milei hasta el momento es un retroceso de casi el 7% en la actividad manufacturera. La utilización de la capacidad instalada en la industria se ubicó en 61,1% en septiembre de este año, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), por debajo del 62,2% registrado en el mismo mes del año anterior.
La destrucción del tejido empresarial también alcanza cifras alarmantes. Entre noviembre de 2023 y julio de 2025 cerraron 18.032 empresas, lo que equivale a un promedio de casi 30 cierres por día.
El informe de CEPA, elaborado a partir de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, indica que se trata principalmente de pequeñas y medianas firmas, aunque con un fuerte impacto en el empleo de las empresas más grandes.
Dentro de ese universo, la industria sufrió un daño particular: los gremios industriales nucleados en la Confederación Sindical de la Industria de la República Argentina (CSIRA) informaron el cierre de casi 1.500 empresas manufactureras desde noviembre de 2023, además de más de 1.600 del sector de la construcción.
El impacto en el empleo es igualmente grave. En el período analizado se perdieron más de 253.728 puestos de trabajo registrados en el conjunto de la economía, de los cuales unos 170.000 corresponden al sector privado.
En la industria manufacturera se destruyeron más de 43.000 empleos formales, y sumando construcción y minería, la cifra alcanza los 130.000 puestos de trabajo menos vinculados directamente a sectores productivos.
El deterioro económico se manifiesta también en la creciente dependencia del endeudamiento para sostener el consumo básico. Al menos el 47% de los hogares argentinos no llega a fin de mes y debe financiar gastos corrientes por fuera de sus ingresos regulares.
Un tercio de la población mantiene deudas con bancos y financieras por un promedio de $3,7 millones, un monto incompatible con los niveles actuales de ingreso formal, dado que la mitad de los trabajadores registrados cobra menos de $1,3 millones, apenas por encima de la canasta básica.
Frente a esta brecha, las familias apelan a múltiples estrategias de supervivencia: cuatro de cada diez hogares utilizaron ahorros o vendieron pertenencias durante el primer semestre del año, mientras se profundiza la migración hacia créditos personales, tarjetas y financieras. Los préstamos de bancos y financieras se incrementaron 10,8 puntos desde el segundo semestre de 2023.
El deterioro también se refleja en otros indicadores del sistema financiero: los cheques rechazados alcanzaron un récord de cinco años, y la mora comenzó a crecer incluso entre los sectores de mayores ingresos, una señal que quiebra patrones históricos y revela un nivel de estrés financiero más extendido en la estructura social.