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lunes, marzo 4, 2024

Malvinas: entre el reclamo de soberanía y el entreguismo

La Constitución Nacional, en su reforma vigente desde el año 1994, expresa en su Disposición Transitoria Primera que “la Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.”

A 41 años del inicio de la guerra de Malvinas es del todo pertinente recordar lo que establece esa Disposición Transitoria Primera dado que ha sido y es habitual la existencia de discursos y prácticas reñidas con lo que dice la Constitución Nacional y con esa obligación que es para el Estado nacional y, por ende, para la fuerza política que ejerza el gobierno, el reclamo irrenunciable por la soberanía de Malvinas es islas del Atlántico Sur.

La cuestión Malvinas, no obstante tratarse de un tema de soberanía, contiene implicancias que dan cuerpo justamente a esa idea de soberanía. La integridad territorial, la explotación de recursos naturales (ictícolas fundamentalmente) e hidrocarburíferos, y la constitución del Atlántico Sur como zona de paz y cooperación mediante resolución de la Organización de Naciones Unidas son aspectos centrales para abordar el tema. Pero debemos considerar un aspecto fundamental: Malvinas es territorio usurpado por Gran Bretaña y allí hay un enclave colonial que responde no solo a los intereses ingleses, sino a los de toda la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

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El 3 de enero de 1833 las islas Malvinas fueron usurpadas por la corbeta británica Clio, y las autoridades argentinas fueron expulsadas. Desde ese entones, con mayor o menor (a veces ninguna) intensidad el Estado reclama ante Gran Bretaña que exista un proceso de negociación que a la larga culmine que la devolución de las Islas a nuestro país.

Salto en el tiempo

Vamos directamente del 3 de enero 1833 al 16 de diciembre de 1965. Ese día se aprueba en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas la Resolución 2065 que dice, textualmente, lo siguiente:

La Asamblea General,

"Habiendo examinado la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) Teniendo en cuenta los capítulos de los informes del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales concernientes a las Islas Malvinas (Falkland Islands) y en particular las conclusiones y recomendaciones aprobadas por el mismo relativas a dicho Territorio.

Considerando que su resolución 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960, se inspiró en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas, en una de las cuales se encuadra el caso de las Islas Malvinas (Falkland Islands), Tomando nota de la existencia de una disputa entre los Gobiernos de la Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre dichas islas.

  1. Invita a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la resolución 1514 (XV), así como los intereses de la población de las Islas Malvinas (Falklands Islands);
  2. Pide a ambos Gobiernos que informe al Comité Especial y a la Asamblea General, en el vigésimo primer período de sesiones, sobre el resultado de las negociaciones".

Es necesaria la completa cita textual y para quien aún lo dude, la resolución es taxativa al establecer que el caso de las Islas Malvinas encuadra en lo que se entiende por colonialismo y que, si bien menciona la necesidad de considerar los interés de los habitantes de las islas, en ningún momento habla de aplicar a ellos el concepto de “libre determinación”.

Sin embargo, en nuestro propio país hay quienes defienden los intereses británicos y desconocen el histórico reclamo argentino por la restitución de la soberanía usurpada.

Cipayismo explícito

Recuperada la democracia, el gobierno de Raúl Alfonsín rechazó de manera categórica el accionar británico y promovió estrategias para la recuperación pacífica de las islas a través de la vía diplomática y el derecho internacional. Para ello, llevó a cabo una intensa actividad diplomática a nivel internacional buscando el apoyo de otros países y organismos internacionales para la causa argentina.

Además, Alfonsín impulsó la creación de la Comisión Nacional de los Veteranos de Guerra de Malvinas, que tenía como objetivo el reconocimiento y la reivindicación de los derechos de los excombatientes argentinos que habían participado en la Guerra de Malvinas de 1982.

Caído el primer gobierno post dictadura genocida cercado por la virulencia del accionar de los sectores concentrados de siempre, la Embajada que ya sabemos y las intentonas golpistas, asumió su primer mandato Carlos Saúl Menem.

Las dos veces que Gran Bretaña quiso devolver las Islas y por qué Argentina se negó - Diario Registrado A diferencia del líder radical, el autopercibido como peronista de vistosas patillas llevó a cabo una política entreguista. No solo no desarrolló estrategias ni formuló de manera insistente del reclamo por la soberanía, sino que en 1989, a poco de asumir, firmó junto con la Primer Ministra británica Magareth Tatcher el denominado Acuerdo de Madrid.

Dicho acuerdo estableció un marco de cooperación entre Argentina y el Reino Unido en áreas como la pesca y la exploración petrolera pero también incluyó un compromiso de ambas partes de no tomar ninguna medida unilateral en relación a la cuestión de las Malvinas.

Esto significó que Argentina se comprometió a no utilizar la fuerza o cualquier otro medio para recuperar las islas, y que cualquier cambio en la situación de las Malvinas debería ser resultado de un acuerdo mutuo entre Argentina y el Reino Unido.

Puesto en esos términos, en definitiva lo que estableció el acuerdo fue la renuncia argentina del reclamo por soberanía ya que implicaba renunciar a la vía diplomática y al derecho internacional como mecanismos para alcanzar ese objetivo. Al mismo tiempo, otorgaba facilidades a los británicos para la explotación pesquera e hidrocarburífera.

Además, el Acuerdo de Madrid no establecía plazos o mecanismos claros para la resolución de la disputa, lo que dejaba abierta la posibilidad de que el Reino Unido continuara manteniendo su postura de control sobre las Malvinas indefinidamente.

Las gestiones kirchneristas desarrollaron una política de firme reivindicación de la soberanía nacional en las islas, pero a eso llegaremos más adelante porque, si de Cipayismo explícito hablamos, tenemos que dar un salto en el tiempo hasta llegar a la presidencia de Mauricio Macri.

El gobierno de la alianza “Cambiemos” llevó a cabo una política de no reclamo y de entrega de espacios para el ejercicio del poder económico y militar de Gran Bretaña.

A este respecto, el Pacto Foradori-Duncan, recientemente cancelado por el gobierno de Alberto Fernández, implicó una serie de concesiones a los ingleses sin que el reclamo argentino figurara en parte alguna.

Qué decía el "Pacto Foradori - Duncan" firmado en 2016 - elDiarioAR.com Tras el anuncio por parte del Canciller Santiago Cafiero de la cancelación del pacto Foradori-Duncan, el diario Ámbito Financiero publicó una nota titulada “Pacto y soberanía: qué implica el acuerdo Foradori-Duncan para el reclamo de Malvinas”.

En la nota, el diario económico repasó aspectos de una negociación escandalosa, hoy investigada en la justicia, que incluyó a un Foradori borracho en el sótano de la embajada británica y un documento que no menciona ni siquiera lateralmente el reclamo de soberanía por parte de nuestro país.

En cambio, las concesiones a los ingleses fueron totales. Mediante un comunicado conjunto entre los gobiernos argentino y británico, se supo que las partes “acordaron que serían establecidas conexiones aéreas adicionales entre las Islas y terceros países”, a la vez que se establecía el compromiso argentino de “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas”.

El mecanismo de “comunicado conjunto” supuso además una vil maniobra por parte del gobierno macrista que, de esa manera, evitó la formalización de un acuerdo que como tal debía ser analizado por el Congreso de la Nación.

Del reclamo argento y de la presencia militar desmedida de los ingleses en una base de la OTAN que se encuentra en una zona de paz, ni una palabra.

Antes, los “intelectuales”

En febrero del 2012 un grupo de 17 periodistas, académicos y políticos publicaron un documento que llegó hasta donde la ONU en su resolución 2065 no lo había hecho, que es el reconocimiento a la libre determinación de los pobladores de las Islas Malvinas.

El diario Página 12 da cuenta de ello en una nota titulada “Los kelpers ya tienen quien los defienda” del 23 de febrero de ese año. La nota cita los argumentos de los firmantes, entre elles Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli, Daniel Sabsay y Jorge Lanata.

Entre otras ocurrencias, el grupo afirmaba que “el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos (...) abre una caja de Pandora que no conduce a la paz” y que “la Argentina ha sido fundada sobre el principio de autodeterminación de los pueblos”.

Esta posición es, palabras más palabras menos, la que en términos políticos y de gestión de gobierno llevaron adelante el menemismo y el macrismo en sus respectivos períodos en la Casa Rosada con una serie de agregados que, en el caso de Macri hicieron que la situación fuera aún más delicada.

El otorgamiento de zonas de explotación petrolera a empresas británicas frente a la costa continental argentina frente a la Patagonia, las desinversión de la política antártica y la destrucción del aparato productivo con la consiguiente pérdida de miles de empleos y por ende de porciones de poder político y económico por de la provincia de Tierra del Fuego a cuya jurisdicción pertenecen las Malvinas, agravaron la situación poniendo explosivos a la idea de integridad territorial del Estado Argentino.

Néstor y Cristina

La política sobre Malvinas desplegada entre 2003 y 2015 se caracterizó por una reivindicación firme de la soberanía argentina sobre el archipiélago así como por la búsqueda de una solución pacífica y dialogada a la disputa con el Reino Unido.

Néstor Kirchner, apenas asumida la presidencia, se comprometió a hacer de la cuestión de las Malvinas una de las principales prioridades de su gobierno. Impulsó la creación del Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur que tenía como objetivo coordinar las políticas públicas y acciones relacionadas con el reclamo argentino.

Además, buscó fortalecer la posición de nuestro país en foros internacionales como la ONU y la OEA, y promovió la cooperación regional en torno al tema en particular a través del Grupo de Río y del Mercosur. A la vez manifestó de manera insistente su firme rechazo a las actividades unilaterales del Reino Unido en las Malvinas como la exploración petrolera y las maniobras militares, y promovió una postura de diálogo y cooperación con el Reino Unido para resolver la disputa.

En 2005, Kirchner y el primer ministro británico Tony Blair firmaron una declaración conjunta en la que se comprometían a trabajar juntos para encontrar una solución pacífica y duradera a la cuestión de las Malvinas, respetando los derechos e intereses de ambas partes y de los habitantes de las islas.

La política del gobierno de Cristina Kirchner continuó la línea establecida por Néstor. Durante su gobierno siguió promoviendo la posición argentina en foros internacionales, fortaleciendo la presencia del tema ante la comunidad internacional. En 2008, por ejemplo, la Asamblea General de la OEA aprobó por unanimidad una resolución en la que se reafirmaba el derecho de Argentina a recuperar la soberanía sobre las Malvinas.

Cristina vendió humo en Malvinas – Leviathan En 2012, Cristina Kirchner y el primer ministro británico David Cameron mantuvieron un encuentro en el que discutieron la cuestión y acordaron trabajar para mejorar las relaciones bilaterales. Sin embargo, las diferencias persistieron y en 2013 la presidenta impulsó una serie de medidas para restringir las operaciones de empresas británicas en Argentina como respuesta a la exploración petrolera británica en las Malvinas. Esas medidas fueron:

  • La aprobación de la ley de Hidrocarburos que establecía que la exploración y explotación de recursos naturales en la plataforma continental argentina debería ser realizada por empresas argentinas o en asociación con empresas argentinas.
  • La creación de una comisión especial para investigar la actividad económica de las empresas británicas en Argentina con el objetivo de analizar su impacto en la economía argentina y en la disputa de soberanía en las Islas Malvinas.
  • La prohibición de la entrada a puertos argentinos de buques que hayan realizado actividades de exploración o explotación de recursos naturales en las Islas Malvinas o en la plataforma continental argentina sin la autorización de las autoridades de nuestro país.
  • La suspensión de las operaciones de la empresa aérea LAN Argentina (propiedad de la chilena LAN Airlines) en territorio nacional, dado que el grupo había sido adquirido por la empresa británica International Airlines Group (IAG).

La herida por Malvinas sigue abierta. A los muchachos caídos en combate hay que sumarle los cientos que en el continente se quitaron la vida como consecuencia de la guerra y a la sangre derramada hay que sumarle, aún, el accionar de quienes, desde el propio país, actúan en función de los intereses de la corona.

El concepto de “desmalvinización” aplica, y no de manera casual, a la política llevada adelante por los gobiernos de Menem y de Macri, ambos embajadores indisimulables del neoliberalismo colonial en nuestro país. Durante los años de Menem y los de Macri se intentó por todos los medios, cuando no borrar el tema de la discusión pública, estigmatizar la posición histórica del Estado Nacional y, fundamental y dolorosamente, de la muchachada sobreviviente y la caída en la guerra del 82.

La derecha argentina no tuvo ni tiene el menor interés en avanzar con el reclamo por la soberanía de las Islas. Piensan en un país agroexportador abierto a la especulación financiera en el que dos tercios de la población sobran y la conciencia y el sentir nacional no son, desde su perspectiva, otra cosa que un obstáculo (imperecedero, claro) en la consecución de sus objetivos.

La dictadura en ese momento a manos de Galtieri decidió la aventura bélica ante el agravamiento de la situación social y el crecimiento del disconformismo manifestado, entre otros episodios, en la histórica movilización multisectorial llevada a cabo un par de días del inicio de la operación militar.

No obstante, la historia también nos muestra que el Estado también es capaz de hacerse cargo con buenas herramientas del inclaudicable reclamo por la soberanía, una causa que es nacional, y es latinoamericana.

Por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré | MDZ Online

Siempre, pero fundamentalmente en años electorales cuando todo está en discusión, es necesario ver más allá de la/las coyuntura/s e identificar donde están quienes, en el medio de una historia de lucha contra el colonialismo y el avasallamiento, defienden la soberanía y quienes juegan para la corona.

Como dice la canción, siempre la canción, “…de los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”.

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