La izquierda de Mélenchon pone en jaque al gobierno de Macron en Francia

Francia celebró este domingo la primera vuelta de sus elecciones legislativas, las cuales fueron un duro revés al gobierno reelecto de Emmanuel Macron. El oficialismo empató con la amplia alianza de fuerzas de izquierdas que lidera el excandidato presidencial Jean Luc Mélenchon. El gobierno podría perder su mayoría absoluta y las fuerzas de ultra-derecha quedaron rezagadas.

La alianza Juntos de Macron lograría entre un 25% y un 25,8% de votos, mientras que la Nueva Unión Popular Ecológica y Social (Nupes) cosecharía de 25% a 26,2%, según los institutos de opinión tras el cierre de las urnas. A estas horas, nadie sabe con exactitud quien salió primero.

“Es una advertencia muy seria para Macron, son 7 puntos menos que en 2017 y la mayoría (absoluta) no se da por hecho”, dijo el politólogo Brice Teinturier en la cadena France 2, para quien los franceses buscaron “reequilibrar” la presidencial.

Los comicios son claves para el mandatario reelecto el 24 de abril y que necesita una mayoría absoluta para poder aplicar sin problemas su programa de corte liberal, como el retraso de la edad de jubilación de 62 a 65 años.

En tercer lugar, llegan los candidatos de la extrema derecha que responden a Marine Le Pen, 19%, en cuarto el antiguo partido conservador rebautizado Los Republicanos, 13,7%. Detrás aparecen listas de izquierda que no entraron en la alianza mélenchonista, 4,3%, y el partido de ultraderecha Reconquista, 3,9.

Por primera vez en 25 años, los principales partidos de izquierdas -ecologistas, comunistas, socialistas y Francia Insumisa (izquierda radical)- decidieron concurrir en un frente unido, liderado por Mélenchon.

Para la izquierda, el presidente fue reelegido en abril no por su programa, sino porque los franceses le votaron para evitar la llegada al poder de su rival de extrema derecha Marine Le Pen.

“Tercera vuelta”

Mélenchon presentó estos comicios como una “tercera vuelta” y busca convertirse en “primer ministro”, algo difícil sin mayoría. El sistema electoral francés vuelve complicado hacer proyecciones claras de los resultados. Los electores deben escoger al diputado de su circunscripción -577 en total-, mediante una sistema mayoritario uninominal a dos vueltas.

Sin embargo, según los institutos de opinión, tras el ballotage del 19 de junio, las fuerzas que apoyan al presidente lograrían entre 260 y 310 escaños, seguidas de la Nupes (150 a 220). La mayoría absoluta se sitúa en 289 diputados.

Francia ya ha conocido mandatos con un gobierno y un presidente de diferente signo político. La última cohabitación fue de 1997 a 2002, cuando el presidente conservador Jacques Chirac nombró primer ministro al socialista Lionel Jospin.

A diferencia de la presidencial, la ultraderecha dividida no llega en posición de fuerza, más allá de sus feudos en el norte y el sureste, y el tradicional partido de derecha Los Republicanos (LR) se juega su porvenir tras la debacle de abril.

La disyuntiva histórica de Francia

La unión de las izquierdas forjada en torno a Jean-Luc Mélenchon y el movimiento presidencial que respalda a Emmanuel Macron empataban en una elección que, una vez más, estuvo signada por uno de los porcentajes de abstención más altos que se hayan conocido: 53% del electorado.

Sin embargo, el recuento de los votos le da la razón a Mélenchon y a su táctica de la tortuga y, también, a quienes, en la izquierda, terminaron por aceptar que la unión entre radicales, comunistas, socialistas y ecologistas era el único camino posible para verdaderamente disputar poder.

El resultado es una paradoja sorprendente en un país que eligió dos veces a un presidente de centro liberal (Emmanuel Macron en 2017 y 2022), que dos veces consagró a una candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, para disputar una segunda vuelta con Macron y que, dos meses después, cambia las articulaciones en la Asamblea al elegir como principal fuerza opositora a una alianza de izquierda euroescéptica y anticapitalista.

El punto a resaltar de estos comicios, es que, independientemente de quién se alce victorioso en el ballotage, el debate público político francés logró correrse a la izquierda, saliendo del terreno favorito de la ultra-derecha neonazi. Tras la derrota presidencial, y la desunión legislativa, el “lepenismo” no estará ahora en los focos de la política francesa.

Ahora el debate se jugará entre la centro-derecha liberal y la izquierda radical: entre mantener el status quo francés, o realizar reformas estructurales que logren dar una salida a la larga crisis social que atraviesa el país galo.

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