Omar Artan fue aclamado por una multitud en su regreso a Somalia, luego de que el gobierno de los Estados Unidos lo deportara pese a contar con visa y pasaporte válidos. Artan iba a convertirse en el primer árbitro de ese país en participar de un mundial.
Omar Artan, el árbitro somalí designado por la FIFA para dirigir partidos del Mundial 2026, regresó a su país tras ser deportado por las autoridades estadounidenses, que le impidieron el ingreso pese a contar con los documentos en regla.
A su llegada al Aeropuerto Internacional Aden Adde de Mogadiscio, cientos de personas lo recibieron con ovaciones, banderas somalíes y flores, en una bienvenida que incluyó funcionarios de gobierno y representantes de la federación local de fútbol.
El episodio se inscribe en una serie de incidentes protagonizados por el gobierno de Estados Unidos en la previa del torneo: el registro con perros a la selección de Uzbekistán, la retención por horas del delantero iraquí Aymen Hussein en Chicago, y la denegación de visas a periodistas de Irán y países africanos, entre otros casos.
La deportación del árbitro somalí se sumó así a un clima de tensión que rodea la organización del torneo. Somalia forma parte de la lista de 39 países cuyos ciudadanos tienen restringida la entrada a Estados Unidos desde mediados de 2025, junto a naciones como Afganistán, Libia, Irán y Yemen.
Esa restricción, impulsada por la administración de Donald Trump, terminó alcanzando a un deportista cuya participación en el Mundial había sido calificada por la Federación de Fútbol de Somalia como “un hito histórico para el país“.
Rechazado pese a tener visa y pasaporte
Artan, de 34 años, había sido nombrado en 2025 el mejor árbitro de África por la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y estaba designado para convertirse en el primer juez de campo somalí en arbitrar un Mundial masculino.
El sábado 5 de junio aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Miami con visa válida y pasaporte diplomático. Tras once horas de interrogatorio, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) lo declaró “inadmisible” por razones que las autoridades describieron como “problemas de verificación” y lo expulsó hacia Estambul, Turquía.
El propio árbitro relató el episodio a su llegada a Mogadiscio. “Tenía todos los papeles en regla y el visado correcto”, declaró Artan. Las gestiones diplomáticas impulsadas por Somalia para revertir la situación no prosperaron, y la FIFA confirmó poco después que el árbitro quedaba fuera de la lista oficial de colegiados del torneo.
El organismo aclaró que “la FIFA no participa en los procesos de inmigración del país anfitrión, incluidas las adjudicaciones de visados”. Es decir que la decisión estuvo completamente a cargo del gobierno estadounidense, conocido por su actual cruzada contra los extranjeros.
La Federación de Fútbol de Somalia (SFF) manifestó su “profunda decepción” y señaló que hasta el momento del comunicado no había recibido información oficial sobre los motivos exactos que llevaron a la deportación. Al mismo tiempo, agradeció a la FIFA por haber trabajado “incansablemente” para intentar facilitar el ingreso del árbitro.
En Mogadiscio, Artan fue trasladado en andas entre la multitud con una bandera somalí. Entre los presentes estaban el ministro de Defensa, Ahmed Moalim Fiqi, y otros funcionarios del gobierno.
En su discurso ante el estadio, con capacidad para 65.000 personas, el árbitro convocó a los jóvenes del país a no perder la fe. “Somalia pertenece a todos nosotros. Vayan bien o mal las cosas, quiero pedir a los jóvenes que no pierdan la esperanza en nuestro país. Esa bandera es nuestra”, dijo.
Sobre su futuro en el arbitraje, fue categórico: “Les prometo que estaré arbitrando para ustedes en la próxima Copa del Mundo. Somalia, a todas partes del mundo, les estoy dando aviso”.
Otros incidentes en la previa del Mundial
El caso de Artan no fue el único. Días antes del partido inaugural, fijado para el 12 de junio en el Estadio Azteca de Ciudad de México entre México y Sudáfrica, se acumularon una serie de episodios vinculados a los controles migratorios y de seguridad estadounidenses.
El lunes 8 de junio, imágenes difundidas por ESPN mostraron a jugadores y cuerpo técnico de la selección de Uzbekistán siendo sometidos a un registro con detectores de metales y perros amaestrados al llegar al Icahn Stadium de Nueva York, donde disputarían un amistoso contra Países Bajos.
Entre los revisados se encontraba el seleccionador Fabio Cannavaro, campeón del mundo con Italia en 2006, quien actualmente es el director técnico de la selección de ese país.
El 5 de junio, el delantero iraquí Aymen Hussein fue retenido durante varias horas por agentes de inmigración en el aeropuerto O’Hare de Chicago, según informaron Reuters y The New York Times.
En el mismo episodio, el fotógrafo del equipo iraquí recibió una denegación definitiva de ingreso al país. La federación de fútbol de Irán también denunció públicamente que 14 miembros de su personal técnico y dirigencial no pudieron obtener visa, permitiéndose el ingreso únicamente a los futbolistas.
Decenas de hinchas de Marruecos también habrían visto rechazadas sus solicitudes de permiso de viaje.
A esto se sumó la queja formal de la Asociación Internacional de Prensa Deportiva (AIPS), que remitió una carta a la FIFA denunciando la denegación de visas de trabajo a periodistas de Irán y de varios países africanos acreditados para cubrir el torneo.
“Nos encontramos afrontando un problema inaceptable y de larga data para nosotros los periodistas: el rechazo de los visados de entrada para periodistas regularmente acreditados”, escribió el presidente de la AIPS, Gianni Merlo. La FIFA confirmó haber recibido la misiva y recordó que el acceso a los países anfitriones es “fundamentalmente un tema de inmigración”.
