Milei, TikTok e IA: ¿libertad digital o ignorancia geopolítica?

Los medios instalaron que Javier Milei logró lo imposible y llegó a Casa Rosada sin poseer estructura política ni territorio, gracias a TikTok en particular y a un “buen manejo de redes sociales” en general.

Fue en esa red social que se viralizaron los dichos del entonces candidato de La Libertad Avanza, manifestando -entre otras cosas- la supuesta superioridad intelectual, moral y estética de lo “occidental” y de las ideas de la libertad sobre la ideología “comunista”, con la que el hoy presidente dice no querer relacionarse.

Curiosamente, en el mundillo libertario nadie parece recordar que TikTok es un desarrollo proveniente de la República Popular China, país que en teoría representa precisamente aquello que Milei denosta, en línea con la narrativa estadounidense contra la naciente potencia mundial.

TikTok, prohibido en el “país de la libertad”

Los ataques a esta red son centrales en la retórica sinofóbica de los Estados Unidos. Un claro ejemplo es la aprobación de una ley por parte del Congreso estadounidense que amenaza con expropiar o prohibir la plataforma propiedad de la empresa ByteDance, utilizada aproximadamente por unos 170 millones de estadounidenses.

La normativa aprobada a finales de abril de este año, otorga un plazo de 9 meses a la firma para vender TikTok, con una posible prórroga de otros 3 meses. Caso contrario, la aplicación será prohibida por el gobierno estadounidense.

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El argumento de que el gobierno de China podría utilizar TikTok para obtener datos sensibles de ciudadanos norteamericanos fue el vaso comunicante que unió ambos lados de la grieta política yanqui.

“Esperamos que TikTok continúe bajo una nueva propiedad, sea estadounidense o de Reino Unido, Canadá, Brasil o Francia” expresó Mark Warner, presidente de la Comisión de Inteligencia del Senado. “Sólo es necesario que deje de estar controlada por un adversario” expresó, sintetizando la postura antichina de los congresistas.

La pretensión del establishment estadounidense desnuda el imperialismo de datos que Estados Unidos ha ejercido en las últimas décadas, apropiándose justamente de “información sensible” de usuarios en todo el mundo.

Imperialismo, datos de usuario y el caso Cambridge Analytica

Un caso testigo fue el de Cambridge Analytica, la consultora británica que utilizó los datos personales que millones de personas vertieron en Facebook con fines de propaganda política, como en las elecciones presidenciales Argentina 2015 en las que trabajaron para Mauricio Macri.

La situación constituye un problema geopolítico ya que la red social de Mark Zuckerberg es la más utilizada en virtualmente todo el mundo, con la excepción de China, Rusia y un puñado de países.

A contramano del mundo, Javier Milei parece estar deslumbrado e idolatrar a los gigantes tecnológicos de Silicon Valley, por lo que la cuestión de los datos… no la ve.

Recientemente, el mandatario reveló que Google le ofreció su inteligencia artificial para realizar una “reforma del estado”, que consideró clave para evitar el colapso del “modo de vida occidental” y de las “ideas de la libertad” ante el avance del “comunismo” y el “colectivismo”.

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Para graficar esta cuestión hizo referencia a la saga cinematográfica Terminator, en la que un hombre del futuro viaja a finales del Siglo XX para intentar frenar la creación de una IA que luego se rebelará e intentará exterminar a la humanidad.

¿Terminator o Roboam? He ahí la cuestión

A Terminator le podemos contraponer Westworld, una serie que también presenta un paisaje futurista poblado de IA’s y cyborgs humanoides que desdibujan los límites entres las redes neuronales de carbono y las de silicio.

Allí se presenta un futuro distópico cercano, en el que una superinteligencia artificial creada en 2039 conduce los destinos de las miles de millones de almas humanas.

Se trata de Roboam, una computadora cuántica que posee la capacidad de calcular y predecir la subjetividad y el comportamiento humano a partir de datos personales suministrados por Incite, la tecnológica que la desarrolló.

Por primera vez en la historia de la humanidad, ésta es plenamente racional y no sujeta a los “caprichos” del ser humano… o al menos así lo celebra su supuesto dueño.

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La “racionalidad” de esta IA permite desplegar las mejores potencialidades de cada persona… o de casi todas, ya que existen “divergentes”, aquellos con un resto de voluntad que no puede ser cuantificado y calculado por algoritmos.

En la actualidad llamamos “libre albedrío” a ese resto incalculable, pero en la distopía de Westworld las neurociencias han refutado la existencia de libertad tal como la entendemos.

Efectivamente, la subjetividad de cada individuo puede ser codificada en exactamente 10.247 líneas de lenguaje informático… 10.247 líneas de código que estructuran nuestra mente, haciéndonos únicos y -virtualmente- irrepetibles.

Esta afirmación nos resulta inverosímil, pero la manipulación de datos personales realizada por Cambridge Analytica debería permitirnos dudar sobre este punto.

Privacidad y datos: ¿por qué importan?

Como usuarios de redes sociales pasamos el dedito en un casi infinito scroll de “posts” con los que interactuamos de diversas formas, dejando una huella digital que permite al algoritmo seguir mostrándonos publicaciones relevantes para nuestros intereses y clasificarnos.

Esto fue lo que permitió a Cambridge Analytica ofrecer la posibilidad de diseñar mensajes políticos “microsegmentados” para distintos grupos de usuarios, potenciando la efectividad de la comunicación política, potencialmente en desmedro de la libre elección individual y de la democracia representativa.

Entre la realidad efectiva de Cambridge Analytica y la (no tan) distante ficción de Roboam, se encuentra el sistema de crédito social chino, por medio del cual se ha dicho que el gobierno del país asiático clasifica, premia y castiga a los ciudadanos por su comportamiento en redes sociales y fuera de ellas, a través del procesamiento de los datos personales mediante de la IA.

En mundo globalizado donde tecnología y política se entrelazan, la actitud de Milei recuerda la proverbial imagen del “indio deslumbrado por espejitos de colores”, recordándonos la importancia de pensar en clave decolonial aún hoy en el Siglo XXI.

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